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Full text of "México poético: Colección de poesias escogidas de autores mexicanos"

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LIBRARY 

OF 

THE UNIVERSITY OF TEXAS 



ARCÍa 



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^.V^o^^^^S 



MÉXICO POÉTICO 



COI^ECCION DE 



poesías escogidas de autores mexicanos 



FORMADA 



Por Adalberto A. Esteva 



•:••;:•..*;% : 



MÉXICO 

tipografía de la oficina impresora deltimbre 

palacio r^iacional 



1900 

1970 1 ;> 



<M^ M^* ÜTemáenh de h ^efiúblicH 



e)enor: 

El 12 de Octubre de 1853 se dio en la sala de espectáculos 
del castillo de Compiegne la representación de Filiberia, co- 
media de Emilio Augier, desempeñada por los actores del 
Gimnasio con muy buen éxito. Un monarca, omnipotente en 
Europa en aquella época, bastante satisfecho de la comedia, 
preguntó á su autor lo que se debía hacer por las letras: «Se- 
ñor, contestó Augier, es muy sencillo: es preciso amarlas.» 

Augier tenía razón: es menester amar las letras. Como di- 
cen Edmundo y Julio de Goncourt, todo se pierde y acaba 
sin el arte. El es el embalsamador de la vida muerta, y nada 
tiene algo de inmortalidad sin que él lo haya tocado, descrito, 
pintado ó esculpido. ¿No fueron los poetas de 1830 los que, 
más felices que Grouchy, nulificaron el triunfo de Waterloo? 



Todo lo grande y bello tiene que ser consagrado por el arte. 
Cuando Ud. haya desaparecido del mundo de los vivos te- 
niendo por sudario las banderas de sus victorias, la sombra de 
Ud. , por el recuerdo de sus gloriosos hechos, volverá á la vida 
activa, su memoria crecerá con la ausencia y con la muerte; 
pero será la poesía mexicana la que hallará entonces en la 
historia de Ud. un asunto digno de ella; la que lo presentará, 
ante las futuras generaciones, no como el ídolo de un partido 
ante quien debe inmolarse el criterio, sino sencillamente como 
el héroe nacional que hizo salir de la miseria la abundancia, 
de la guerra la paz, del caos el orden y de la muerte la vida; 
la que pedirá para Ud. el respeto f el reconocimiento de la 
posteridad, pagando así la deuda que con Ud. ha contraído por 
sus importantes servicios á la patria. 



€ída&czto €1, Sohva. 



POETAS MUERTOS 



,-•'• • ••• 

Hijo de uno de los conquistadores que vinieron con Cortés. 
Falleció en México antes de 1604. 



SONETO. 

Dejad las hebras de oro ensortijado 
Que el ánima me tienen enlazada, 

Y volved á la nieve no pisada, 
Lo blanco de esas rosas matizado. 

Dejad las perlas y el coral preciado 
De que esa boca está tan adornada; 

Y al cielo, de quien sois tan envidiada, 
Volved los soles que le habéis robado. 

La gracia y discreción que muestra ha sido 
Del gran saber del celestial maestro. 
Volvédselo á la angélica natura; 

Y todo aquesto, así restituido, 
Veréis que ló que os queda es propio vuestro: 
Ser áspera, cruel, ingrata y dura. 



POETAS MUERTOS. 



Sor Juana Inés de la Cruz. 

Nació en San Miguel Nepántla^p'r* ^^.'jií Religiosa á los diez 
y siete años de edad, su virtud fué un ejemplo, su erudición 
una maravilTkj&í/tarctifcfíitogloija.». Veintisiete aflos. perma- 
neció en el c¡ínvefttí3^e«tl:cuarti^i¿ó á\<js ¿¿aíejitá y cua- 
tro años, víctima de una fiebre contraída por está áñíante de 
la pobreza y del dolor, en el ejercicio de la caridad. 



SONETO. 

Muestra sentir que la baldonen 
por los aplausos de su habilidad. 

Tan grande (¡ay hado!) mi delito ha sido, 
Que por castigo de él, ó por tormento, 
No basta el que adelante el pensamiento, 
Sino el que le previenes al oído? 

Tan severo en mi contra has procedido, 
Que me persuado de tu duro intento, 
A que sólo me diste entendimiento 
Por que fuese mi daño más crecido. 

Dísteme aplausos para más baldones; 
Subirme hiciste, para penas tales, 
Y aun pienso que me dieron tus traiciones 

Penas á mi desdicha desiguales; 
Porque viéndome rica de tus dones, 
Nadie tuviese lástima á mis males. 



POETAS MUERTOS. 



Fray Manuel Navarrete. 

Nació en la entonces Villa de Zamora (Michoacán), el i8 
de Junio de 1768. Siendo guardián del convento de Tlalpu- 
jahua, falleció á los cuarenta y un años de edad, el 17 de Ju- 
lio de 1809. La casta musa de este religioso franciscano, como 
el pincel de Fray Angélico, parecía inspirada por un ángel. 



LA ALMA PRIVADA DE LA GLORIA. 

Poema lúgubre dedicado á Mopso. 
CANTO ÚNICO. 

Para triste desahogo de la pena 
Que en lo interior me agita, 
Lloro la triste y espantosa escena 
Del alma, en el instante 
Que escucha la sentencia de precita. 

Vuelve á mis manos, vuelve, . 

Mi cítara sonante, 3 

Que en más alegre día j 

Acompañabas mis festivos versos: 
Hoy el numen resuelve 
Que lleves el compás de la elegía, 
Y por tonos diversos 
La acompañen tus cuerdas, entretanto 
Que desata los diques de mi llanto. 

Luego que la memoria me presenta 
Como en vasto proceso mis delitos. 
De que se turba la horrorosa cuenta. 



POETAS MUERTOS. 



Entonces la tormenta 

Crece de mis temores y conflictos; 

Y entonces, cual si fuese arrebatado 
Al tribunal temible 

Del juez contra mis culpas irritado, 
Miro su rostro de furor bañado, 
Escucho de su boca la terrible 
Sentencia de dolor y llanto eterno; 
Siento el brazo de un Dios irresistible 
Que me arroja á las llamas del infierno. 

Desde que este cuidado me rodea. 
Melancólico vago por el mundo. 
Como hurtando el semblante á la alegría. 
Conformes sólo con mi triste idea 
Son tus lúgubres sombras, tu profundo 
Silencio, noche obscura. El claro día 
En vano para mí su luz enciende: 
La ciudad, su rumor, todo me ofende. 
El espanto se sigue á la tristeza, 

Y el más leve ruido 

Me parece el horrísono estallido 

De un rayo que me hiende la cabeza. 

La imagen de la muerte á cada instante 

Se me pone á los ojos; 

Pero aun más me horroriza tu semblante, 

¡Eterno Dios! de donde se desprende 

Contra mi alma el raudal de tus enojos 

Que en tu furor la enciende. 

¿Fallezco? en el instante me parece 

Que el hermoso espectáculo del mundo 

Con sempiterna noche se obscurece. 

Sale del hondo pecho, el más profundo, 

El último suspiro, en que lanzada 

Va mi alma á tu presencia 

De crímenes horrendos acusada: 



POETAS MUERTOS. 



Y herida de tu voz, como de un trueno, 
De tu justicia escucha la sentencia 

De tu eterno castigo irrevocable: 
Atérranla tus ojos, y el sereno 
Resplandor de tu rostro le parece 
Nube que anuncia rayo formidable 
Cuando truena el Olimpo y se enardece. 

Id ahora, delicias de la vida, 
A dar algún consuelo 
A mi alma por vosotras afligida. 
Halagüeñas delicias. . . .no queda una 
De tantas que en el suelo 
Ciñeron el laurel á mi fortuna. 
Todas desparecieron 

Como un sueño, de mi alma, y de repente 
Al caos de la nada se volvieron. 

Vosotros, mis amigos, id ahora 
A socorrer á mi alma; ¿mas qué digo? 
¿Qué favor podrá ser ¡ay! suficiente 
A salvarla de la* ira vengadora 
Del Todopoderoso su enemigo? 
¿ Del Dios cuya invencible fortaleza 
Suscita las violentas convulsiones 
De la naturaleza? 

¿Que agitando los bravos aquilones 
Impele las soberbias tempestades, 
Inflama los obscuros horizontes. 
Estremece los montes, 

Y hasta el nombre les borra á las ciudades? 
¿Del Dios? .... pero el palacio refulgente 
Está viendo con pasmo el elevado 

Solio de aquel Monarca omnipotente: 
La Emperatriz augusta que á su lado 
Goza de sus ternuras y caricias; 



POETAS MUERTOS. 



Angeles infinitos que agrupados 
Al derredor del trono están postrados; 
Las candidas doncellas 
Que en sus puras delicias 
Enguirnaldan las frentes con estrellas; 
Santos todos; los justos bienhadados; 
La corte de los cielos. . . . ¡oh dichosa 
Morada! clama entonces la alma mía. 

Allí estás, ¡oh mi madre venturosa! 
Allí asomas con plácida alegría 

Y deliciosa calma: 
Gózate, pues ya tienes 
Recompensado el mérito de tu alma: 
Gózate, ¡oh madre! en infinitos bienes. 
Pero qué ¿la blandura de tus ojos 
Con miradas crueles me retiras? 
¿Objeto es de tus iras 

El que sufre del cielo los enojos? 

¡Ay! vuélveme mi abrazo; abrazo estrecho 

Que en el mundo te di cuando expiraste 

Y triste me dejaste 

En abundantes lágrimas deshecho. 

¿No me oyes? ¿no me ves? ¿no me conoces? 

¡Ay! mírame por último agradable: 

No seas inexorable 

Al blando ruego de mis tiernas voces. 

¿Huyes de mi presencia? 

¿ Ni una vista me pagas, ni un abrazo, 

Al hacer una ausencia 

De que es la misma eternidad el plazo? 

¿Con tu hijo tan cruel? ¿con un pedazo 

De tu vida? ¡ay de mí! con raudo vuelo 

Te apartas de mis ojos. ... ya te fuiste 

Para otras partes del alegre cielo. 



POETAS MUERTOS. 



Pero ¿qué estoy mirando? ¡caso triste 
Para mí, y de dolor el m^s profundo! 
Allí el cómplice está de mi pecado. 

Y ¿cuántos que en el mundo 
Conocí pecadores? ¡oh! ¡dichosos, 
Dichosos todos con envidia mía 

Los que gozáis de Dios el dulce agrado, 

Y os recrean sus ojos cariñosos! 
¡Dichosos! sí, mil veces, que ocupando 
Las mansiones de luz, con armonía 
De voces apacibles estáis dando 
Gracias sin término á su autor; al mismo 
Que fabricó con manos eternales 

Las cárceles horrendas del abismo, 

Y encendió las hogueras infernales. 

Allá me arroja con furor horrible 
A gemir oprimido de cadenas 
Que su mano terrible 
Forjó para instrumento de mis penas. 
Allá me precipita. ¡Qué caverna! 
¡Qué fuego abrasador! ¡Qué pestilente 
Humo bosteza la tartárea boca! 
He aquí el hórrido espectro de la eterna 
Noche, el dolor, la cólera impaciente 
Que sin cesar provoca 
El llanto de los mí.seros precitos. 
Hierve el lago infernal; la gruta brama 
Con son horrendo de inflamada llama. 
Los calabozos lóbregos á gritos 
Ya parece que se hunden. ¡Qué molesto 
Desorden ! . . . ¡ qué funesto, 
Qué terrible lugar donde severo 
Descarga Dios su brazo justiciero! 
¡Oh cuántos condenados 
Como en ardientes hornos encendidos 



POETAS MUERTOS. 



Se ven amontonados! 

Hetumban con sus grandes alaridos 

las subterráneas bóvedas, y cuando 

I4OS demonios. . . . ¿qué es esto? delirando 

Atónito el discurso titubea. 

Y cuando los demonios con horrible 

Presencia. ... yo deliro 

Con la fuerte impresión de la terrible 

Imagen de esta idea. 

Me agita el susto, y asombrado miro. . . . 

Todo el infierno junto 

Se le presenta á mi alma en este punto. 

No me llames ioh Dios! aun todavía; 
Mas cuando sea llevada el alma mía 
A tu presencia augusta, oh Juez eterno. 
No la arrojes. Señor, en el infierno. 
Muévate mi congoja y mi gemido; 
Mi corazón doliente 
Que sale por los ojos derretido. 

Quédate á Dios, en lágrimas bañada 
De este álamo pendiente. 
Cítara triste, y á tu voz cansada 
Prosiga de mis ojos la corriente. 



José Joaquín Fernández de Lizardi. 

El afamado escritor conocido con el nombre de «El Pensa- 
dor Mexicano,» nació en la Capital en 1771. Murió en Junio 
de 1 817. Heraldo de la Independencia Nacional, adelantán- 
dose á su época con clarividencia de genio, pidió la abolición 
de la esclavitud y la enseñanza gratuita y obligatoria. Escri- 



POETAS MUBRTOS. 



bió «El Periquillo Sarmiento,» <«La Quijotita,» «Ratos entre- 
tenidos,» «Noches tristes y día alegre» y una colección de fá- 
bulas. Altamirano, en sus Revistas literarias, dice, refirién- 
dose al Pensador, que se anticipo á Sué en el estudio de los 
misterios sociales, y que, profundo y sagaz observador, aunque 
no dotado de una instrucción adelantada, penetró con su hé- 
roe — El Periquillo— Qti todas partes, para examinar las vir- 
tudes y los vicios de la sociedad mexicana, y para pintarla co- 
mo era ella á principios de este siglo (XIX) , en un cuadro pal- 
pitantCt lleno de verdad, y completo, al grado de tener pocos 
que le igualen. 

Los escritos del Pensador siempre dejaron transpirar á Mé- 
xico la aspiración á la libertad y el odio á la tiranía. 

Ninguno diga quién es, que sus obras lo dirán. 

Pues en Carnestolendas 
Se venden tantas 
Máscaras en las calles, 
Lonjas y plazas: 

Quiere mi musa 
Vender las mascaritas 
Que muchos usan. 

MÁSCARA I. 

Con máscara de español 
Un mulato se presenta, 

Y parece en lo que ostenta 
Que no lo merece el sol; 

Si por su dicha ó su maña 
Ha adquirido algún dinero, 
Piensa que es tan caballero 
Como el monarca de España. 

Mientras más le favorece 
La suerte y le dá caudales. 
Él desdeña á sus iguales 

Y á los nobles aborrece. 



POETAS MUERTOS. 



Pero por más que él en sí 
Piense creer que es bien nacido, 
Ya todos tienen sabido 
Que es negro carabadí. 



MÁSCARA II. 

Con un vestido brillante 
Y un hablar desenfadado, 
Se presenta enmascarado 
Por sabio algún ignorante. 

Y aun en la conversación 
Que no entiende, palotea, 
Habla mucho y dice nada 
Por sostener su opinión ; 

Pero por más que se esponje 
Por pasar por entendido, 
Todos tienen bien sabido 
Que el hábito no hace al monge. 

Y masque le dé coraje, 
Yo le diré que es más necio 
Si cree se le debe aprecio 
Por la apariencia del traje. 



Máscara III. 

Quizá un señor currutaco 
Esta máscara se pone, 
Pues por más que se compone 
No trae en la bolsa tlaco. 



POETAS MUERTOS. 11 



Con casaca y sin camisa 

Y brillo de señoría, 
Suele andar al medio día 
Oliendo donde se guisa. 

Sin convite y de sorpresa 
Se encaja en una visita 
Esta pobre mascarita 
Para comer de gorrón. 

El ser pobre no es pecado 
Ni hay quien lo pueda decir; 
Pero es simpleza fingir 
De rico un pobre pelado. 

MiSCARA IV. 

Con la máscara de amigo 
Suele esconderse el traidor: 
La experiencia esto mejor 
Lo dice que yo lo digo. 

¡Cuántos pobres son despojos 
De esta máscara maldita, 
Por creer en la cascarita 
De las voces y los ojos! 

Al pobre de Don Fulano 
Hace el traidor mil lisonjas 
En su casa, y en las lonjas 
No le deja hueso sano. 

Áspides disimulados 
Son estos entre las flores; 

Y sin duda son los peores 
Entre los enmascarados. 



12 POETAS MUERTOS. 



MiSCARA V. 

Máscaras, si lo reparas, 
Tienen también las mujeres, 
Pues en varios pareceres 
Saben hacer á dos caras. 

Máscaras á cada rato 
Suelen mudar con primor; 
Máscara tienen de amor 

Y máscara de recato. 

Máscara de compasión, 
Máscara de celos tienen, 

Y si acaso les convienen, 
Máscara de devoción. 

Máscara tienen de honradas; 
Máscara de coquetillas; 
Máscara de muy sencillas 

Y máscara de ilustradas. 

Máscara de bachilleras, 
Máscara de humilde llanto. 
De ira, de dolor, de espanto, 
De vengativas y fieras: 

En fin, de las señoritas 
(No de todas) de las más, 
Si cuentas bien, no podrás 
Contarles sus mascaritas. 



POETAS MUERTOS. 1$ 



MÁSCARA VI. 

Con máscara de devoto 
Se esconde el vil usurero: 
También al ladrón casero 
Su mascarita le noto. 

Numerar no solicito, 
En fin, tanta hipocresía; 
Que quererlo hacer sería 
Proceder en infinito. 

Pues por tan distintos modos 
Veo disfraces importunos. 
Pocos serán 6 ningunos 
Si no se enmascaran todos. 

El gato esconde en la mano 
La uña hasta que vé al ratón; 
Pero cuando hay ocasión, 
¿No las saca el escribano? 

El sastre y el zapatero. 
Procurador, relator, 
El boticario, el doctor. 
Demandante, vinatero, 

Y otros. . . . que no quiero hablar 
Ni quitar créditos, pues 
Viene la cuaresma, y es 
Preciso irse á confesar. 



1970J:2 



14 POETAS MUERTOS. 



Manuel Carpió. 



Nació en Cosamaloapam (provincia de Veracruz) el i? de 
Mayo de 1791. Murió en México el 1 1 de Febrero de 1860. So- 
bresalió en los géneros de la poesía descriptiva y religiosa. Te- 
nía en la imaginación el colorido, la melancolía y el lamento 
de un poeta de los tiempos bíblicos. Su laúd era el harpa de 
David. 

CASTIGO DE FARAÓN. 

Sentado el monarca glorioso de Egipto 
En trono de nácar y de oro luciente, 
Augusta diadema le ciñe la frente 

Y adórnale el pecho radiante joyel. 

Y lleva una zona bordada de estrellas, 
Su túnica es blanca de seda sonante, 

Y el manto soberbio de grana brillante, 
En ondas le baja cubriéndole el pie. 

El trono rodean soldados adustos, 
De barba poblada, de rostro salvaje, 
De yelmo terrible, con negro plumaje. 
Coturnos vellosos de piel de león. 

Su cota de acero bruñida relumbra; 
La espada en la cinta, la pica en la mano, 
Esperan la seña del duro tirano, 

Y reina el silencio por todo el salón. 

Moisés el profeta, varón venerable, 
De serio semblante, de undoso cabello. 
Terribles los ojos, indómito el cuello. 
La túnica parda, de trueno la voz. 



POETAS MUERTOS. 1 5 



Preséntase y pide que al pueblo judío 
Se deje el camino seguro y abierto, 

Y hacer sacrificios allá en el desierto 
En rústicas aras al grande Creador. 

«Seis plagas has visto que toda la gente 
Sufrió por tu culpa, le dijo el anciano; 
Al Dios de mis padres resistes en vano, 
Él quiere librarnos, y es fuerza partir. 

^ «Humíllate, débil, al fuerte Adonai, 
Él hizo los montes, los campos y mares, 

Y allá en esos cielos Él puso á millares 
Las altas estrellas que miras lucir.» 

El rey, entretanto, cambiando colores, 
Se inunda su pecho de cólera amarga; 
Ya coge la espada, ya coge la adarga. 
Ya baja del solio, ya vuelve á subir. 

Temblaban las guardias al ver el enojo 
Que agita al monarca; cual tigre en la reja, 
Revuelve los ojos, enarca la ceja, 

Y en tono tremendo comienza á decir: 

« i Cómo es que un Hebreo, cómo es que un esclavo 
Armado tan sólo de mágica vara 
Me pida insolente, así cara á cara, 
Librar á sus tribus? Así no será. 

« Primero los mares abriendo su seno 
A mí y á mis tropas y carros cubrieran, 
Que gentes tan viles de Egipto salieran; 
Serán aquí siervos, aquí morirán.» 



l6 POETAS MUERTOS. 



Oyendo el profeta palabras tan duras, 
«Mañana, le dijo, verás tempestades, 
Habrá granizadas, habrá mortandades, 
Verás maravillas que Egipto no vio.» 

Y dando la vuelta salió del palacio, 

Y cuando cercano mostrábase el día, 
Al cielo terrible la mano tendía 

Y negro nublado los aires cubrió. 

De Oriente al Ocaso, del Sur al mar Grande,. 
Errantes las sombras cubrieron el cielo. 
Relámpagos rojos cruzaban el suelo. 
Los truenos hacían la tierra temblar: 

El Nilo bramaba, bramaban los mares, 
Bramaban sus costas, silbaban los vientos; 
De Tebas y Tamis los hondos cimientos 
Del rayo temblaban al rudo estallar. 

Rasgadas las nubes, la lluvia ruidosa 
Inunda los campos, rebosan las fuentes 

Y bajan las aguas en turbios torrentes 

Y arrastran las aguas ganado y pastor. 

Mezclados andaban granizos y rayos. 
La yerba del campo y el árbol hirieron; 
El toro robusto y el hombre murieron, 

Y el reino cubrióse de luto y horror. 

El bárbaro río sus márgenes cubre. 
Arranca los cedros de Ménfis altiva, 

Y en gran remolino sus palmas derriba, 

Y arroja los troncos al férvido mar. 



POETAS MUERTOS. I7 



En tanto el ganado del pueblo judío 
En campos floridos pastaba contento, 

Y allí no sintieron granizo ni viento, 

Y sólo de lejos oyeron tronar. 

Pasada la negra ruidosa borrasca, 
Que salgan las tribus el rey no consiente; 
Mas alza el caudillo la vara potente, 

Y hambrientas langostas obliga á venir. 

Y luego tinieblas espesas derrama 

Y á Egipto sus luces el cielo le niega; 
Tan sólo el Hebreo contento se entrega 
A juegos campestres y alegre festín. 

Las sombras cubrían la tierra otra noche, 
, El pueblo en su sueño posaba tranquilo, 

Y manso corría magnífico el Nilo; 
Callaba la tierra, callaba la mar. 

Pacíficas duermen las candidas garzas 
Allá entre las cañas, orillas del río, 
Las bestias feroces en campo sombrío 

Y en húmedas cuevas dormidas están. 

Los áulicos altos; los nobles magnates 
Descansan en lechos de púrpura rica; 
Más ¡ay! sobre sedas el rey se abanica, 
É inquieto en su cama no puede dormir. 

Repasa en la mente las plagas horribles 
Que al reino trajeron inmensa amargura. 
Le eriza el cabello su suerte futura, 
Sudando y convulso se siente morir. 



l8 POETAS MUERTOS. 



Un ángel, en tanto, voló como un rayo 
De Siene hasta el Delta, temblando de enojo: 
Con la ala derecha tocaba el mar Rojo 
La izquierda tocaba al Libio arenal. 

Volaba cubierto de espesa tiniebla. 
Llevaba en la mano su acero sangriento, 
Sus negros cabellos vagaban al viento, 
Sus ojos brillaban con luz funeral. 

Cual suele en los campos un gran torbellino 
Quebrar las cañuelas de verdes espigas, 
Dejando burladas así las fatigas 

Y dulce esperanza de algún labrador; 

Así pasó el ángel airado matando 
A cuantos varones nacieron primero: 
Murió desde el hijo del pobre leñero, 
Hasta el del monarca de Egipto señor. 

Un grito de muerte se oyó á media noche 
En todo el imperio, llevaba la gente 
Pavor en el alma, sudor en la frente; 
De todos los ojos el llanto corrió. 

El rey se levanta del lecho de grana, 
Los vastos salones recorre aturdido. 
Sus lágrimas ruedan, y dá un alarido, 
Que en todo el alcázar, en todo se oyó. 

Lloraba la reina, sus manos torcía. 
Con ayes dolientes á su hijo llamando; 

Y suelto el cabello y el velo arrastrando, 
Toda ella temblaba de espanto y dolor. 



POETAS MUERTOS. I9 



Gritaban las madres por calles y plazas, 
Alzando los ojos llorosos al cielo, 
O bien de rodillas besaban el suelo, 
Haciendo plegarias á Osiris y Amón. 

Tremendo castigo de un pueblo orgulloso, 
Idólatra ciego, que á un pueblo su hermano 
Oprime sin tregua con bárbara mano, 

Y apenas le deja del sueño gozar. 

Empero esa noche, soñando en un viaje, 
Las tribus dormían en rústicos lechos; 
Terror no agitaba los candidos pechos 
De aquellos mortales, amor de Jehová. 

El ángel en tanto, se para en la cumbre 
De la alta pirámide, y dá una mirada 
A todo el Egipto, y envaina la espada, 

Y quédase un rato pensando entre sí. 

De nuevo desplega sus rápidas alas, 

Y parte y resuena su espada en el vuelo. 
Divide las nubes y encúmbrase al cielo, 

Y dice postrado: «Señor, ya cumplí.» 

Así en ese tiempo y en esas regiones, 
Quebranta Adonai la fuerte cadena 
Del pueblo escogido, y humilla y enfrena 
Al bárbaro Egipcio y al gran Faraón. 

Libró á los judíos con brazo robusto, 

Y á tantos prodigios tembló el Filisteo, 
El fuerte Moabita, y el fuerte Idumeo, 

Y el rico Fenicio temblaba en Sidón. 



POETAS MUERTOS. 



Aun hay obeliscos y templos y tumbas 
De Tébas y Ménfis allá entre las ruinas, 
Que vieron al ángel en densas neblinas 
Cual águila negra volando cruzar. 

Allí Bonaparte, á orillas del Nilo, 
Al dar á los turcos batalla tremenda, 
Es fama que dijo: « Aquí va la senda 
Que ha visto de un ángel la sombra pasar.» 



José Joaquín Pesado. 

Nació en San Agustín del Palmar (Provincia de Puebla) 
el 9 de Febrero de 1801, y murió en México el 3 de Marzo de 
1861. Fué un buen poeta clásico, puesto que expresó de la 
manera más sencilla los pensamientos más sublimes, y así al- 
canzó el consorcio del fondo con la forma, del pensamiento 
con la expresión, de la imaginación con la razón y de la gran- 
deza con la verosimilitud y la sensatez. Lo más saliente y no- 
torio en él, fué su facilidad para dominar la poesía descriptiva. 
Miembro correspondiente de la Real Academia Española. 



U LID DE GALLOS. 

Del pueblo en la opuesta parte 
Tosco palenque aparece. 
Cercado en torno con arte, 
Que lid de gallos ofrece 
Al vulgo, que á verle parte. 



POETAS MUERTOS. 



Y al punto que con presura 
La circunferencia llena, 
Saltan, llenos de bravura, 
Iguales en apostura 
Dos gallos sobre la arena. 

Los cuellos tornasolados 
Con erizado plumero, 
Los penachos inflamados, 
Los ojos de fuego hinchados, 
Los pies armados de acero. 

En torno primero giran 
Bizarros, luego delante 
El uno al otro, se miran, 
Y con ojo centellante 
Se acercan 6 se retiran. 

Hasta que en un punto, luego, 
Arrebatados de ciego 
Enojo, parten furiosos, 
Como centellas de fuego 
En nublados tempestuosos. 

Se acometen denodados, 
Se atacan enfurecidos, 
Cada vez más alentados. 
Los pechos todos heridos, 
Los flancos despedazados. 

Cuando en el choque se allegan 
Violentos, con iras sumas. 
Cuando á la muerte se entregan, 
El suelo de sangre riegan. 
El aire llenan de plumas. 



■22 POETAS MURETOS. 



Vence á su rival odiado 
El que fortuna prefiere; 
En el polvo derribado, 
Queda aquél; éste á su lado 
Canta la victoria y muere. 



Wenceslao Alpuche. 

Nació en Tihosuco (Provincia de Yucatán) el 28 de Sep- 
tiembre de 1804; falleció en Tekax el 2 de Septiembre de 1841. 
Poeta que siguió en sus versos la huella del poeta español Ma- 
nuel José Quintana. 

AL SUPLICIO DE MORELOS. 

¿ Qué es el cadalso, cuyo solo nombre 
Terror infunde al corazón más fuerte? 
Es del perverso ignominiosa muerte; 
Seguro dique á la maldad del hombre. 

Paz y quietud la sociedad desea, 

Y sus inmensos bienes asegura 
Cuando del criminal la sangre impura 
Sobre el cadalso fúnebre gotea. 

Mas si á los héroes de inmortal memoria 
Sobre él furioso el déspota presenta, 
No es el cadalso, no, del héroe afrenta; 
Es el templo y el trono de su gloria. 

De verdugos cercado así fallece 
Tu vengador ¡oh patria! el gran Morelos; 
Mas voló del cadalso hasta los cielos, 

Y en el orbe su gloria resplandece. 



POETAS MUERTOS. 23 



TÚ eras, Morelos, la terrible espada 
Que Anáhuac levantó contra el tirano; 
Gozóse al verte el suelo mexicano, 
Y tembló la opresión amedrentada. 

Tú eras de libertad el soplo ardiente 
Que disipar la servidumbre pudo, 
Pero obstinado el español sañudo 
Alzar te vio la aterradora frente. 

Y un patíbulo atroz te preparaba 
Su mano con mortal desasosiego, 
Creyendo así extinguir el sacro fuego 
Que la naciente libertad brotaba. 

Tú, ajeno de temor, le combatiste: 
Coronó tus esfuerzos la victoria; 
I Pero con tanto afán, con tanta gloria 
La infamia de tres siglos sacudiste? 

Raídas fueron tus sagradas manos 
Que por la patria amada combatían, 
Raídas sin piedad, sangre vertían. 
Que no sació el rencor de los tiranos. 

Tu sangre en el cadalso derramada 
El premio fué de tus gloriosos hechos; 
Mas no el suplicio abate heroicos pechos; 
Tu sangre con furor será vengada. 

No en vano resonó doliente grito 
Que lanzaste al morir, grito terrible, 
Que del fiero español aborrecible 
Hasta el nombre feroz dejó proscrito. 



24 POETAS MUERTOS. 



Aquel grito postrero de agonía 
Mirad, nos dice, de mi sangre el lago; 
Y despertó la patria, y á su amago 
Se desplomó su horrenda tiranía. 



Fernando Calderón. 

Nació en Guadalajara el 20 de Julio de 1809, y murió en la Vi- 
lla de Ojo Caliente el 18 de Enero de 1845. Precoz como Sor 
Juana Inés de la Cruz, comenzó á escribir sus versos cuando 
solo tenía quince años, y su primer ensayo dramático, Reynal- 
doy Elena, se representó en Guadalajara el año de 1827. Des- 
pués dio al teatro : Zadie^ ó la esclava indiana, Ramiro, conde 
de Lucena, Artnandina, Los políticos del día, Efigenia, Her^ 
siliay Virginia, El torneo, Ana Bolena. Hermán ó la vuelta 
del cruzado y A ninguna de las tres. Fué algo más que un ins- 
truido abogado, un valiente militar y un notable poeta : fué 
un filántropo magnánimo y virtuoso que ha dejado una im- 
perecedera memoria. 

LA FELICIDAD. 

l En dónde está la verdadera calma 
Decidme, amigos, que jamás la vi? 
Tras ella corre sin cesar el alma, 
Y ella ¡oh dolor! huyendo va de mí. 

Busco en vano en los salones 
Del alcázar poderoso 
El dulcísimo reposo 
Que llaman felicidad ; 



POETAS MUERTOS. 25 



Una ilusión agradable 
A mis ojos se presenta, 
Quiero abrazarla, se ahuyenta, 

Y aparece la verdad. 

Oigo las alabanzas que al guerrero 
Prodiga aduladora poesía: 
« Al fin, exclamo, un corazón de acero 
A la felicidad será mi guía.» 

Vuestros deslumbrados ojos 
Buscan poder y riqueza, 

Y en medio de la grandeza 
Queréis la dicha encontrar. 

Dejad vuestro error funesto; 
Bajad á ese valle umbroso; 
Veréis un hombre dichoso 
Junto del humilde hogar. 

De su amada familia acariciado 
Pasa él allí su vida deliciosa; 
Su placer es amar y ser amado, 
Su riqueza, sus hijos y su esposa. 

En su habitación sencilla 
No brilla el mármol ni el oro; 
Mas ¿qué importa? otro tesoro 
Tiene allí su corazón. 

El cariño de su esposa. 
De sus hijos la terneza. 
He aquí toda su riqueza. 
He aquí toda su ambición. 



26 POETAS MÜBRTOS. 



No eres un nombre vano, una quimera; 
Te hallaré al fin, felicidad amada: 
La mano de una tierna compañera 
Me ofrecerá tu copa embalsamada. 

¡Felicidad, felicidad querida, 
Te encuentra al fin mi corazón ardiente! 
¡Ven, y consuela mi alma dolorida! 
¡Ven, y refresca mi abrasada frente! 



Ignacio Rodríguez Galván. 

Poeta dramático. Nació en Tizayuca el 12 de Marzo de 1816; 
murió en la Habana el 25 de Julio de 1842. Escribió los si- 
guientes dramas: Muñoz, visitador de México y El privado 
del Virrey, Es uno de los antiguos poetas de México que es- 
cribieron con ingenio más sutil y con frase más pura y cas- 
tiza, y esto es tanto más notable, cuanto que murió á los vein- 
tiséis años de edad. Su musa tiene la magia y la elegancia de 
la melancolía. 



EL ANCIANO Y EL MANCEBO. 



ROMANCE PRIMKRO. 

Era una mañana hermosa, 
Una mañana de Abril; 
Estaba sereno el cielo, 
El sol subía al zenit, 



POETAS MUERTOS. 2^ 



Tendida la cabellera 
De plata y oro carmín, 
Bajo pórtico esplendente 
De rosicler y rubí, 

Paseaba pensativo 
En el prado de Madrid 
Un viejo de rostro noble 

Y de cuerpo varonil. 

Era espaciosa su frente. 
Era erguida su cerviz, 

Y su bigote entrecano 
Aire le daba gentil. 

Dejaba en sus grandes ojos 

Y en su rostro descubrir 
La dulzura de un amante, 
La altivez de un paladín. 

Su izquierda estropeada mano 
Reposaba con viril 
Apostura en una espada 
Algo manchada de orín. 

Pobre era su ferreruelo, 
Pobre su valona; en fin, 
Todo el vestido mostraba 
Que su dueño era infeliz. 

Hondos suspiros del pecho 
Parecía despedir, 
Cual si en él duros pesares 
Trabaran horrenda lid. 



28 POETAS MUERTOS. 



Bajaba al suelo los ojos 
Como si buscara allí 
El sepulcro do su cuerpo 
Halle reposo feliz. 

Un mozo vivo y alegre 
Hacia él mira venir. 
Andando á paso ligero 
Con arrogancia gentil. 

Cabello negro y rizado, 
Mórbida faz de marfil; 
Sombreaba naciente bozo 
Los sus labios de carmín, 

Do con gracia peregrina 
Jugaba risa infantil. 
Como quien de hórridas penas 
Aun no se ha sentido herir. 

Airoso ostentaba el joven 
Jubón de rico matiz, 
Sombrero con blancas plumas 

Y ropilla carmesí. 

Paróse á mirar al viejo, 
Paróse el viejo infeliz, 
Desarrugóse su frente 

Y aun pretendió sonreir; 

No se hablaron con los labios, 
Pero con ias almas sí, 
Cual se saludan dos ángeles 
En el celestial pensil. 



POKTAS MUERTOS. 29 



Hay consonancia en las almas; 

Y yo de mí sé decir 

Que amo ó aborrezco á un hombre 
Tan luego como le vi. 

Mujeres hay tan hermosas 
Como la aurora de Abril, 
A quienes ni amo, ni puedo 
Mi repugnancia encubrir. 

Que con el son de la flauta 
Mal se puedieron unir 
El relincho del trotero 

Y las voces del clarín. 

ROMANCK SEGUNDO. 

Con afición se miraron 
Cual si dos amigos fueran, 

Y al fin el anciano al mozo 
Saludó de esta manera: 

~ Guárdeos Dios el mozo tierno, 
El de cabellera negra. 
— Guárdeos el noble anciano. 
El joven le respondiera. 

— Noble soy, replica el viejo, 
Si no por rica ascendencia, 
Por mi corazón, que nunca 
Se manchó con vil afrenta. 

— Os llamé por eso noble. 
Que es la más clara nobleza. 
Pues hay duques y aun monarcas 
Que tienen alma plebeya. 



30 POETAS MUERTOS. 



Muchas más veces se abriga 
Corazón de heroicas prendas 
Bajo de un jubón de lana 
Que bajo púrpura y sedas. 

Mas de vuesarced el traje, 
Si no me engaño, demuestra, 
Junto con su izquierda mano. 
Que ha visto el ceño á la guerra. 

— Soldado soy, y he seguido 
Las victoriosas banderas 
Del Señor Don Juan de Austria 
Que Dios en su reino tenga. 

Mil veces hirió mi cuerpo 
La cimitarra agarena, 

Y en las aguas del Lepanto 
Corrió sangre de mis venas. 

Argel me miró en sus baños 
Arrastrar duras cadenas, 

Y oyó sonar. mis gemidos 
En sus mazmorras horrendas. 

Cautivo como me hallaba, 
Quise domar la soberbia 
Del turco, y en Argel mismo 
Alzar la española enseña. 

Mas de infieles renegados 
Me vendió la infame lengua, 

Y cuatro veces el moro 
Quiso cortar mi cabeza. 



fobtas mubrtos. 31 



Candor fué. ... no, necedad. . . . 
Fué mi confianza necia. . . . 
¿ Cómo pensaba hallar fe 
En quien de Cristo reniega? 

Conseguí ser rescatado 
A pesar de mi pobreza; 
Que mi madre y Fray Juan Gil 
Hicieron más que pudieran. 

Volví á mi país. . . . ¡Oh España! 
Cuando pisé tus' arenas 
Tú viste correr mi llanto 

Y estampar mi labio en ellas. 

Dejé la sangrienta espada, 
No la vida aventurera, 
Que á vagar hambriento y triste 
Me arrastraba la miseria. 

Tomé en mis dedos la pluma 
(Fué el consuelo de mis penas): 
Mis obras han recorrido 
Las naciones extranjeras 

Véisme aquí, mozo gallardo, 
Ya con la planta en la huesa, 
Alimentando mi mente 
Con tristes memorias muertas. — 

El anciano así diciendo, 
Ciñe al joven con la diestra, 

Y una lágrima del mozo 
Siente que su mano quema. 



32 POETAS MUERTOS. 



Éste exclamó suspirando: 

— ¿Y España á tanta proeza, 
A tanta virtud heroica 

No supo dar recompensa? 

Al saludar las sus torres, 
Al pisar sus ricas tierras, 
¿Que os dio España, noble anciano? 
¿Que os dio? decidme. — Cadenas. 

Escandecióse el mancebo, 
Su faz demudóse bella. 
Temblaron sus labios rojos. 
Enarcó sus negras cejas. 

— ¡Oh suerte, clamó iracundo, 
Oh suerte, suerte funesta, 
Que á los malvados ensalzas 

Y al virtuoso desdeñas! 

Al perverso las naciones 
En silla dorada asientan, 

Y al justo varón olvidan 

Y allá en el cieno le dejan. — 

El anciano replicóle: 

— Mas del justo un nombre queda, 
Que escarnio será de ingratos, 

De almas generosas muestra. 

Vuestras palabras, mancebo, 
Hasta el corazón me llegan: 
Si á bien lo tenéis, decidme 
Vuestros placeres ó penas. 



POETAS MUERTOS. 33 



Recuerdos de lo pasado 
Mi corazón alimentan; 
Generosas esperanzas 
Quizá vuestro pecho alberga. 

Seréis ornato de España, 
Si mi pensamiento acierta: 
Saludarán vuestro nombre 
Las edades venideras. 

El Dios que lo puede todo 
Verdad ponga en vuestra lengua. 
— Escuchad, el buen anciano, 
La historia de mis ideas. 



ROMANCE TERCERO. 

Cuando á pensar comenzaba 
A mi mente apareció 
Una idea que el reposo 
Quitaba á mi corazón. 

De gloria fué, fué de gloria 
El pensamiento roedor 
Que me agitaba de noche, 
Me seguía con el sol. 

Y tal se me figuraba 
Que me decía una voz: 
« Eterno será tu nombre. 
Serás de tu patria honor.» 

El sueño no me adormía, 

Y mi opreso corazón 
Un alimento buscaba, 

Y este alimento era amor. 



34 POETAS MUERTOS. 

Infeliz del que en su pecho 
No abriga ardiente pasión; 
Es su vida luz de luna 
Que alumbra y no da calor. 

Si alguien no alberga en su seno 
Amor puro y religión, 
O es un desdichado idiota, 
O es un malvado feroz. 

Al débil tiendo la mano 
Sin hacer indagación 
De si es turco ó si es judío, 
De si es idólatra ó no. 

Y solamente el menguado 
Enciende mi indignación, 
Que de Cristo con la túnica 
Su alma disfraza traidor. 

Hijo soy de Jesucristo, 
El Evangelio es mi sol, 

Y adoro una joven bella 
Como hechura de mi Dios. 

Ilustro mi obscura mente 
Con Lope y con Calderón: 
El Fénix de los ingenios, 

Y el Ángel de luz y amor. 

Es mi delicia el teatro. . . . 
^Mi delicia he dicho yo? 
Edén de flores cubierto, 
Coronado de arrebol. 



POETAS y UERTOS. 35 



Una fuerza irresistible 
A él me arrastra veloz: 
En él quiero una corona 
Que dé á mis sienes frescor. 

Y veng^an penas y duelos, 
Aquí está mi corazón. 
^Qué puede temer quien tiene 
Religión, poesía, amor? 

Bien sé que al poeta sigue 
Estrella de maldición, 
Y que en su alma vierte el mundo 
La ponzoña del dolor. 

¿Qué importa si sube al cielo, 
Si ve la faz á su Dios, 
Si alumbra su yerta losa 
Lámpara de bendición ? 

Mas un libro prodigioso 
Mi corazón halagó; 
Deslumbró mi fantasía 
Con su vivo resplandor. 

Libro del cielo inspirado, 
Único libro que halló 
Lugar, después de Isaías, 
Los Evangelios y Job. 

Es consuelo de mis penas, 
Astro de mi corazón: 
Conmigo siempre le llevo 
Cual serafín velador. 



36 POETAS MüEKTOS. 

Si alguna cosa en el mundo 
Ardiente mi alma anheló, 
Fué el escribir otro igual 
O ser su divino autor. 

— Cuál es su nombre, mancebo? 
El soldado preguntó; 
— Vedle aquí, replica el joven. 
Ved el libro encantador. 

Diciendo así, de su pecho 
Un sucio libro sacó. 
En pergamino aforrado 

Y de pésima impresión. 

Tomólo temblando el viejo, 

Y la portada leyó, 

Y gritó en voz balbuciente: 

— Es el Quijote, ¡Gran Dios! ... . 



Cayó el libro de sus manos. 
Llanto por su faz rodó. 
Iluminóse su frente 
De gloria con el claror: 

Alzó los ojos á lo alto. 
Luego al suelo los bajó, 

Y entre sollozos de fuego 
Decía : « Gracias , Señor. » 

Con pena y con extrañeza 
El mancebo le miró, 

Y en su mente revolvía 
La causa de su emoción, 



POETAS MUERTOS. 37 

Cuando el soldado infelice 
En sus brazos le estrechó, 
Y sentía que en su pecho 
Le saltaba el corazón. 

— No adivino, buen anciano, 
La causa de esa pasión; 
Decid siquier vuestro nombre; 
También os diré quien soy. 

— ¿Cómo os llamáis? sin soltarle 
El anciano preguntó. 

— Me llamo Agustín Moreto. 

— Miguel de Cervantes yo. 



Miguel Gerónimo Martínez. 

Canónigo de la Catedral de Puebla, nacido en Huejotzingo, 
de la Provincia de Puebla, en 1817. y muerto en la ciudad del 
mismo nombre el 5 de Agosto de 1870 En el género de la poe- 
sía mística hizo obras bellas y santas. Apuró el néctar de su 
inspiración en las inagotables fuentes del cristianismo. En sus 
versos se aspira el incienso y se escucha el toque de la cam- 
pana del Santuario: tienen el acento, el misterio y la gran- 
deza de la religión que los inspira. 

LA PODA. 

Tempus putationis advenit. 

Podando estoy mi solitario huerto 
Hora que, del invierno á los rigores. 
Marchitos aun los árboles mayores, 
Tornóse el campo un árido desierto. 



38 POETAS MUERTOS. 

Cuando de galas y esplendor cubierto, 
El Abril pase derramando flores, 
Del sol á los vivíficos ardores 
Mis árboles darán un fruto cierto. 

Si otra poda interior hacer pudiera 
Allá en mi corazón y el alma mía, 
¡Con qué dulce placer, con cuánto anhelo 

En el místico huerto recogiera 
Flores de amor filial para María, 
Frutos de vida eterna para el cielo! 



José Sebastián Segura. 

Nació en Córdoba en 1817; falleció en México en 1889. 
Miembro correspondiente de la Real Academia Española. 
Abrazó en sus últimos años el estado eclesiástico. Ingeniero 
notable, ensayador de plata y oro en Pachuca hasta el año de 
1866 que vino á México. Ocupó altos puestos en la política del 
país; pero su memoria es imperecedera por sus obras litera- 
rias: tradujo las Respuestas breves y familiares, por Segur, 
escribió muchos versos y colaboró en los periódicos La Au- 
rora y Año nuevo; pero lo mejor con que enriqueció las le- 
tras patrias, fué con sus traducciones de la Divina comediay 
del Dante; El Paraíso perdido y de Milton; La Campana, de 
Schiller; los Himnos, de Tirteo, y las Odas, de Horacio. 

A ISRAEL EN EL DESIERTO. 

¡Qué bellos son, Jacob, tus pabellones! 
¡Como selvosos valles son tus tiendas! 
¡ Y qué fuego en las bélicas contiendas 
Anima á tus intrépidas legiones! 



POETAS MUKRTOS. 39 

¡Qué dulces son tus Diísticas canciones! 
¡Qué ricas y cuan puras tus ofrendas! 
¡ Maldito quien se aparte de tus sendas í 
¡Bendito quien te dé sus bendiciones! 

Observa de Jehovah las santas leyes, 
Adórale, Israel, con toda el alma, 

Y al fin verás tu libertad cumplida. 

Hollarás las coronas de los reyes, 
De la victoria cogerás la palma 

Y entrarás en la tierra prometida. 



Guillermo Prieto. 

Nació en México el lo de Febrero de i8r8; murió el 3 de 
Marzo de 1897. Fué Ministro de Hacienda y Crédito Público, 
Constituyente y Diputado al Congreso de la Unión. Descri- 
biendo las costumbres y cantando las glorias del país, logró 
el hermoso título de poeta nacional. Salvó la vida del Bene- 
mérito de las Américas, Benito Juárez, en ocavsión solemne. 
No era, como se ha querido sostener, un gran orador, una pa- 
labra arrebatadora; pero poseía la elocuencia del sentimiento 
y de la convicción, y como por su boca hablaban la libertad y 
la reforma, como su personalidad era la historia viva de una 
época gloriosa, se le aplaudía siempre. Como poeta dejó mu- 
cho que desear en punto á corrección , si bien fué inspirado 
en demasía. Fué un hombre de bien á carta cabal, un político 
honrado. íntegro, inquebrantable, incorruptible; en los altos 
puestos que ocupó pudo hacer una gran fortuna, especialmente 
en los tiempos de la desamortización, y ha nmerto dejando á 
sus herederos un corto capital, producto de sus economías y 



40 POETAS MUERTOS. 

privaciones. Puede considerársele como uno de los hombres 
públicos de México que debe señalarse á la juventud como 
modelo de rectitud de conciencia. 

A . . . .'•' 

Hecinto de azucenas, pensil de amores, 
La de excelsos volcanes y limpios lagos; 
México, á la que brinda la tierra flores 
Y el aura halagos. 

Bella eres si coronas á tus guerreros, 
Eres bella premiando los que te adoran; 
Pero son tus encantos más hechiceros 
Con los que lloran. 

Tienen tus dignos hijos noble bravura; 
El honor en las lides sigue sus huellas, 

Y dejas los tesoros de su ternura 

Para sus bellas. 

Hay una hermosa tierra que sus entrañas 
Sintió las devoraba fuego tremendo; 

Y miró vacilante, de sus montañas 

L,a frente ardiendo 

Hay una hermosa tierra que se arrullaba 
Al rumor de las ondas de sus trigales, 
Donde el límpido arroyo sus pies bañaba 
Con sus cristales. 

Bajo las frescas sombras, los labradores 
Animaban el juego de tiernos niños; 
Los pájaros cruzaban cantando amores 
A sus cariños. 

(*) Poesía leída por una distinguida actriz en la función á beneficio 
de las víctimas de los terremotos de Jalisco. 



POETAS MUERTOS. 4I 



¡ Ay ! que la tierra cruje como los mares, 

Y ruedan en el suelo como deshechos, 
Las torres del santuario, los dulces techos 

De los hogares. 

Hoy eres, ciudad bella, yermo desierto, 
Hoy son lúgubre tumba tus tristes ruinas. 
Hoy sol de San Cristóbal. . . . cadáver yerto, 
Triste iluminas. 

¿Dónde está la morada del gozo abrigo? 
¿En dónde sus claveles y enredaderas? . . . 
¡No vuelvas tus miradas, pobre mendigo, 
Para tus eras! 

Y llevaron los aires tristes lamentos. 
Que en ecos dolorosos, ¡piedad! decían; 

Y al llevarlos, las almas se estremecían 

De hondos tormentos. 

Y la piedad sublime, sintió sus ojos 
Divinos, inundados de tierno llanto. . . . 
¡Piedad! ¡piedad! reclaman tantos despojos. 

Tanto quebranto! 

¿Quién en su hogar no tiene madre adorada? 
¿Quién un hijo no mima con su ternura? . . . 
Ellos piden que ampare la desventura, 
Piedad sagrada! 

Porque esta noble patria de limpio cielo 
Tiene hechizos que encantan y que enamoran, 
Pero es grande y sublime. . . . como consuelo 
De los que lloran ! 



42 POETAS MUERTOS. 



Ignacio Ramírez. 



Nació en San Miguel el Grande (Guanajuato) el 23 de Ju- 
lio de 1818. Murió en México el 15 de Junio de 1879. En sus 
versos se encuentra corrección admirable, giros y finales armo- 
niosos y redondos. Hombre de gran saber, entusiasta por la li- 
bertad y por el progreso, se hizo respetar por sus convicciones 
y por su inteligencia. Fué un campeón vivo, intencionado, 
enérgico, mordaz, elocuente y brillantísimo del partido libe- 
ral, en sus luchas con el bando conservador. Fué conocido 
generalmente con el pseudónimo de «El Nigromante» 

A EZEQUIEL MONTES. 

(Enviándole un libro de Fr. Luis de León.) 

Dulce amigo, recibe con agrado 
La obra de un fraile que pasó su vida 
De lo noble y lo bello apasionado. 

La fama le siguió por la escondida 
Senda del huerto donde su alma pura 
Los palacios de jaspe y de oro olvida. 

Delicias melancólicas apura 
A la sombra del árbol rumoroso, 
En el prado vestido de verdura, 

Al lado del arroyo tortuoso, 
De cuyas ondas y guirnalda el viento- 
Sale jugando fresco y oloroso. 

Allí le place modular su acento 
Pulsando diestro la amorosa lira, 
Confidente de penas y contento; 



POETAS MUERTOS. 45 

Allí la majestad del cielo admira; 

Y á descubrir la misteriosa huella 
De la clara legión osado aspira. 

Olvida luego amor, huerto y estrella; 
A la patria dirige una mirada 
Donde pesar, indignación destella. 

Róbale al godo forzador su espada 
La traición; y al dejar el torpe lecho. 
Descubre á su nación encadenada. 

Esto León cantaba. Pero estrecho 
Era el Parnaso para tanta idea 
Que amamantaba en su robusto pecho. 

La docta antigüedad griega y hebrea 
Le enseña los secretos de su idioma, 

Y en pro de su país, él los emplea 

Vuelo de águila, arrullo de paloma, 
Un crimen son en quien el mundo pisa 
Despedazando entre Madrid y Roma. 

Tu inocencia en prisión sólo divisa 
Del Santo Oficio con la luz humosa 
De Felipe segundo la sonrisa. 

Y, no te amedrentaste! Y tu gloriosa 
Misión supiste como vate y sabio. 
Añadir á tu frente esplendorosa. 

La corona de mártir no fué agravio: 
De Sócrates la copa envenenada 
Una gota guardó para tu labio. 



44 POBTAS MUERTOS. 



Las almas fuertes celebrar me agrada 
Hoy que mi excelsa patria se derrumba 
Al peso de una turba degradada. 

Escápese su elogio de mi tumba, 
Dando á los viles incesante susto. 
Como un baldón en sus oídos zumba 
El nombre de un varón constante y justo. 



Casimiro del Collado. 

Nació en Santander (España en Marzo 3e 1821; murió en 
la Capital de la República el 28 de Marzo de 1898 Por haber 
vivido y escrito en México donde fijó su domicilio y formó 
su hogar, incluimos su nombre en esta colección de versos. Se 
hizo notable por su gusto depurado y clásico. Fué miembro 
correspondiente de la Real Academia Española. 

Don Marcelino Menéndez Pelayo ha escrito lo siguiente 
acerca del poeta español á que nos referimos: «En el manejo 
de la lengua y en el arte de la versificación, el Sr. Collado es 
maestro: si de algo se le puede tachar, es de exceso de artifi- 
cio y de buscar dificultades por el gusto de superarlas. Nu- 
merosas, rotundas y llenas son sus estancias: felices sus inver- 
siones y latinismos: variadas y nunca vulgares sus rimas, y apli- 
cados con horaciana novedad sus epítetos » 

ODA 

En la inauguración del Ferrocarril entre Puebla y México. 

A D. Manuel Pérez Salazar. 

¡Te admiro al fin, benéfico portento 
de la humana invención! Tú, de natura 



POETAS MUERTOS. 45 



dominando á placer el vasto aliento, 
que en breve tubo encierras, 
con la celeridad del pensamiento 
transpasas mares y transpones sierras! 

La eterna catarata 
que, en curso irrevocable, 
por la escala del tiempo se arrebata, 
con alba de victoria 
del error las quimeras desbarata; 
y despunta con gloria 
época en que la fábula se cumple 
que sirvió de crepúsculo á la historia: 
Sísifo empuja la pesante mole 
y en el vértice agudo la sujeta; 
corona Prometeo sus afanes, 
raptor feliz de la celeste lumbre, 
y orgullo de Titanes 
de Olimpo huella la sagrada cumbre. 

Ved burlada la cólera del rayo; 
su esencia, sometida á mensajera 
de la palabra, en admirable ensayo. 
Ved al vapor, cometa de esta esfera, 
surcar los asombrados continentes, 
allá tendidos golfos, 
acá supera cumbres eminentes. 
Ved como de las rocas al abismo 
desciende, con las máquinas que turban 
del oro ansiado el secular quietismo. 

Ni de los aires la región se libra 
de la industriosa intrepidez del hombre: 
arrebatado por flotante globo, 
siente en sí conmoverse toda fibra, 
siente el alma elevarse en dulce arrobo! 



46 POETAS MUERTOS. 

¡ Oh ! del genio al poder, á la constancia, 
no hay obstáculo, término, distancia. 

Contemplaban los ojos há un instante, 
la metrópoli augusta de los lagos, 
coronada de limpios horizontes; 
como odalisca en flores y entre lagos, 
guardada en cerco de celosos montes. 
De los yertos volcanes á la diestra, 
el sol por el sereno azul subía: 
un Niágara de luz, de amor en muestra, 
por el risueño valle repartía; 
y su amante mirada, cual la nuestra, 
en maravilla tanta detenía, 
cual repugnando proseguir el vuelo 
que le derrumba de Occidente al cielo. 

Atrás fueron quedando 
del Tepeyac el risco milagroso, 
tanto al devoto pecho venerando; 
las que erigió el Tolteca, 
pirámides egipcias — tumba ó ara;— 
el hondo valle, do el mayor caudillo 
la rota de fatal noche repara 
con victoria y laurel de eterno brillo; 
Tlaxcala que, entre cerros, el encono 
y el probado ardimiento disimula; 
al pie de informe, verdinegro cono, 
la sagrada Cholula; 
granjas, aldeas, lomas y planicies 
en agave inebriante y mies opimas; 
y en sucesión de extensos panoramas, 
campos que el Cáncer agotara en llamas 
sin el frescor de las nevadas cimas. 



POETAS MUERTOS. 47 

Henos donde la ascética hermosura, 
los encantos felices 
de que ufana blasona, 
á pesar de sus hondas cicatrices, 
del Atoyac la mártir amazona 
con imponente majestad despliega: 
henos entre espectante muchedumbre 
que inusitado júbilo congrega, 
sonriendo con íntimo alborozo 
de un porvenir sereno á la vislumbre, 
de una esperanza renaciente al gozo. 

¡Salud! turbio Atoyac, índico Alfeo! 
Tu valle antaño fué risueña Arcadia; 
y en lo mejor de tu gentil rodeo. 
Campo del arte de Murillo irradia. 
Mas como el mundo ya fortuna ó lauros 
al pincel no discierne ó dorio metro, 
tú la paleta y el rabel sonoro 
depon: anhela el provechoso cetro 
de la ruda materia; 
y ensanchando tus cauces, 
industria mande tu fecunda arteria 
del Pacífico mar hasta las fauces. 

Apenas la campiña que recorres 
alegra nuestra vista, la gloriosa 
<:iudad prorrumpe en atronante salva; 
y el sacro bronce, en las antiguas torres, 
del nuevo porvenir saluda el alba. 

Henos aquí por fin — momento fausto 
que enlaza de dos pueblos los hogares! — 
ofreciendo purísimo holocausto 
del trabajo y la paz en los altares. 



48 POETAS MUBRTOS. 



Dos ciudades gemelas, 
prez de la indiana zona, 
con vínculo mayor unirse miran, 
y en noble emulación, de hoy más aspiran 
del progreso á la sólida corona. 
¡Himnos al grato evento! 
De un pueblo los afanes galardona 
que, de quietud y bienestar sediento, 
sólo de la esperanza, á los auspicios, 
de oro y sudor previene sacrificios. 

Porque de libertad blasona en vano, 
si enerva. civil guerra su grandeza; 
si esqueleto de mísera pobreza 
le ase tenaz con descarnada mano; 
si laborioso enjambre 
en la vasta colmena de naciones, 
miel sabrosa no lleva, fruto propio 
de sus nativos dones, 
de los comunes bienes al acopio. 

Cada conquista en la empezada empresa 
del trabajo los triunfos asegura; 
del fuego de la guerra una pavesa 
mata, y el reino de la paz augura. 
Raíz de la ventura, 
pan del pobre, solaz del opulento, 
bendición de la patria y la familia, 
la paz divina con fecundo aliento 
el derecho, el deber fácil concilia, 
dura labor y plácido contento. 

El suspirado instante se apresure 
y de la paz en el feliz regazo, 
al orbe unido en fraternal abrazo, 
la copa del placer México apure. 
Sentado en el certamen de los pueblos. 



POETAS MUERTOS. 49 



de amor y admiración objeto sea; 
y en bienestar profundo 
su misión especial cumplida vea, 
cooperando á la misión del mundo. 

¡Grande, santa misión ! Ante ella se hunden, 
por el trabajo y el saber vencidos, 
obstáculos, distancias: ya los hombres 
se mejoran, se estrechan, se confunden 
hacia el destino primordial traídos: 
de libertad el reino y de justicia 
del porvenir avanza en los arcanos; 
y en vez de opuestas razas y nacioijes, 
en sangre prontas á empapar las manos, 
del tranquilo Universo las regiones 
sólo verán y admirarán hermanos! 



Alejandro Arango y Escandón. 

Correspondiente de la Real Academia Española. Nacido 
en Puebla el 10 de Julio de 1821; muerto eu México el 28 de 
Febrero de 1883. Acicalado hablista y terso y clásico poeta. 
Escribió un «Ensayo histórico sobre Fray Luis de León,» un lil 
bro de versos y algunas traducciones del italiano y del griego. 

A ANÍBAL m CAPÜA. 

(Traducido de Fmgoni.) 

Dejas que el ocio, asida de la mano 
Con faz risueña la indolencia amiga, 
Del yelmo te desnude y de loriga 
Sienes y pecho, bárbaro africano? 



50 POETAS Ml'KRTOS. 



Torva te muestra por tu Logar liviano 
Oprobio vil la militar fatiga, 
El triunfo en la tardanza tu enemiga 
Pierdes, á triunfos escogido en vano. 

Burlada invoca al mal jurado cielo 
La alta promesa. Fabio en la montaña 
Su patria aspira á redimir valiente. 

Ah! ve cual tuerce la victoria el vuelo; 
Y cual, ardiendo también ella, en saña, 
Te arranca el lauro en que ciñó tu frente. 



Manuel Díaz Mirón. 

Nació en Veracruz el 12 de Agosto de 1821; murió en la 
misma ciudad el 4 de Enero de 1894. Gobernador y Coman- 
dante militar de su Estado natal. Tenía el hondo sentimiento 
elegiaco de Espronceda y Byron. Nacido en las orillas del 
Golfo, oreada su frente por las brisas marítimas, dejó oír en 
sus cantos el murmullo misterioso, el lamento indefinible del 
Océano. 

LA CRUZ RUSTICA. 

I 

Solitaria, cual yo. . . . cual yo, olvidada! 
Signo de fe que dejan en la nada, 
6 signo de expiación ! . . . 

donde quiera á tus pies llevas la muerte: 
yo la llevo también — es nuestra suerte! — 
aquí, en el corazón! 



POETAS MUERTOS. 5 1 

Ambos en esta senda nos hallamos! 
i Ay de los tristes que al pasar buscamos 
la paz, la eterna luz! 

Diciendo estás al hombre su destino: 
llevar la cruz del mal en su camino; 
caer bajo una cruz! 

Triste es la flor que entre tus piedras crece: 
fruto de muerte que al brotar perece, 
sin comprender por qué! 

Creación que el viento sobre el polvo arroja, 
^ lleva, también, la muerte en cada hoja? 
La muerte está á su pié. 

Cuan triste y cuan sublime es tu lenguaje, 
término misterioso de este viaje 
hasta una eternidad! 

Tú, que al confín estás de esta existencia, 
di, qué hay mas allá? Sueño 6 demencia? 
mentira 6 realidad? 



¿ Qué te dicen las sombras pavorosas 
y las notas del aura misteriosas, 
y el pájaro, al pasar? 

^Qué los suspiros del dormido lago 
y de las brisas el murmullo vago, 
y el ancho y ronco mar? 

Tal vez te dicen que la humana vida 
es un eco, una sombra, ola perdida, 
perfume de una flor: 



52 POETAS MUERTOS. 



que al hombre sin ventura, cada hora 
una esperanza, una ilusión devora, 
dejándole un dolor. 

El sol que hoy te alumbró, la aurora ufana 
que ayer te saludó, vendrán mañana. . . . 
vendrán, sí, como ayer. 

Él hombre, empero, herido de tristeza, 
doblará sobre el polvo su cabeza 
para jamás volver! 

Las piedras que á tus pies arroja el hombre 
viven más que su fama y su renombre 
en tu rústico altar. 

Ellas descansan á tu sombra escasa: 
el hombre llega, se arrodilla y pasa. . . . 
se abisma en este mar! 



II 

Es el otoño: de su pompa ahora 
el árbol se desnuda y atesora 

las hojas á su pie. . . . 

Así también, del árbol de la vida 
una ilusión tras otra desprendida 
rodar el hombre ve. 

Entre las grietas de las piedras crecen 
pálidas yerbas que jamás florecen, 
sin jugo, sin olor. . . . 



POETAS MUERTOS. 53 



Así del corazón en las heridas 
crecen, con llanto y sangre humedecidas 
las plantas del dolor. 

Ay! en los labios de natura espira 
el cántico de amor: todo respira 
tristeza sin igual. . . . 

Así la vida de sus sueños vuelve 
y en un sudario fúnebre se envuelve 
con ansia ya mortal. . . . 



El río va hacia el mar: la nube al cielo, 
y la onda azul, en amoroso anhelo, 
las playas á subir: 

el viento á suspirar en la cañada: 
el pájaro á cantar en la enramada. . . . 
el hombre va á morir! 

El hombre solo en la creación perdido, 
corre, ó vaga, á la orilla del olvido, 
sin saber dónde va. 

Hoja de un árbol que al caer suspira, 
flor que, al abrirse, sobre el polvo espira, 
qué busca? adonde irá? 

Mísera humanidad ! Sigues doquiera 
un fantasma, una sombra, una quimera 
que nunca alcanzarás. 

Detrás de tí no habrá más que vacío. . . . 
delante, duda, tedio, desvarío. . . . 
reposo y bien, jamás! 



54 POETAS MUERTOS. 



General Vicente Riva Palacio. 

Nacido en México el i6 de Octubre de 1832; muerto en Ma- 
drid el 22 de Noviembre »le 1896. Miembro correspondiente de 
la Real Academia Española, diputíido y senador de la Unión, 
Gobernador de los Estados de México y Michoacán, Magis- 
trado de la Suprema Corte de Justicia, Ministro de Fomento 
en México y Ministro de México en España, puesto que des- 
empeñaba al morir. Escribió las siguientes obras: Calvario y 
Tabor^ Monja y casada, Martin Garatnza. Los piratas del 
Golfo, Las dos emparedadas Don Guillen de Lampart, Los 
Ceros, y Páginas en verso. En colaboración con D. Juan A. 
Mateos, escribió Las liras humanas; con D. Manuel Payno, 
El libro rojo; con D. Juan de Dios Peza, Leyendas mexica- 
nas, y con varios literatos, México á través de los siglos. La 
pureza de su conciencia y la firmeza de sus convicciones libe- 
rales, revelaron en él á un político de gran talla; sus inspira- 
dos versos, á un poeta de vuelo; sus atildados escritos, á un 
prosista inimitable y á un historiador de envidiable erudición; 
sus campañas en la prensa, á un terrible y mordaz periodista 
de combate. 

EN EL ESCORIAL. 

Resuena en el marmóreo pavimento 
Del medroso viajero la pisada, 

Y repite la bóveda elevada 

El gemido tristísimo del viento. 

En la historia se lanza el pensamiento, 
Vive la vida de la edad pasada, 

Y se agita en el alma conturbada 
Supersticioso y vago sentimiento. 



POETAS MUERTOS 55 



Palpita allí el recuerdo, que allí en vano 
Contra su propia hiél buscó un abrigo, 
Esclavo de sí mismo, un soberano 

Que la vida cruzó sin un amigo; 
Águila que vivió como un gusano. 
Monarca que murió como un mendigo. 



Isabel Prieto de Landázuri. 

Nació en la villa de Alcázar de San Juan, en la provincia 
de P^stremadura. España, el i° de Marzo de 1833. Vino muy 
niña á México, en 1837, y se educó en Guadalajara. Murió en 
Hamburgo el 28 de Septiembre de 1876. Don Marcelino Me- 
néndez y Pelayo advirtió que no figura en su Antología de 
Poetas mexicanos nmertos la poetisa de quien hablamos, por 
haber nacido en España Nosotros creemos que Isabel Prieto 
de Landázuri y Casimiro Collado nos pertenecen, por la mis- 
ma razón que Colón pertenece á España. Sus obras dramá- 
ticas son : Las dos flores. Las dos son peores. Oro y oropel, Ab- 
negación, La escuela de las cuñadas Un lirio entre zarzas^ 
El ángel del hagar. En el pecado la penitencia. Una noche de 
carnaval^ ¿Duende ó serafina Un corazón de mujer. Espinas 
de un error. Un tipo del día, y Soñar despierto ó la maga de 
Ayodoric, Dejó además otras dos originales y sin título, la 
traducción de Marión Delorme, de VíctorHugo, y alguna otra. 

A MI ESPOSO. 

Triste es medir el paso de las horas, 
Cuando cada una de ellas, que adelanta, 
Deja impresa la huella de su planta 
En lágrimas de angustia abrasadoras. 



56 POETAS MUERTOS. 



Cuando al pasar nos roban destructoras, 
De nuestra edad primera la fe santa, 
La risueña ilusión que nos encanta, 
Las bellas esperanzas seductoras. 

Pero es dulce contarlas cuando llenas 
De recuerdos radiosos y queridos 
Se deslizan tranquilas y serenas; 



Y de los corazones, bien unidos 
Por un amor, alivio de sus penas. 
Señalan los unísonos latidos. 



Ignacio M. Altamirano. 

Nació el 13 de Noviembre de 1834 en Tixtla (Guerrero); 
murió en San Remo ( Italia) el 13 de Febrero de 1893. Benito 
Juárez, Ignacio Ramírez, y Altamirano. han reivindicado, en 
favor de la raza indígena, el prestigio que legítimamente le 
pertenece; ellos han demostrado, con su talento y con su va- 
ler, que la causa de su atraso radica en el abatimiento en que 
se le ha querido tener. Sus obras son: Rimas, Movimiento 
literario en México. Dramaturgia mexicana, Baltasar, Me- 
dea^ Clemencia, Antonia y Beatriz, Luisa, La Navidad en 
la^ montañas, y la colección de sus discursos publicada poco 
antes de su muerte. Fué diputado al Congreso de la Unión, 
Magistrado de la Suprema Corte de Justicia y Cónsul de Mé- 
xico en París, cargo que desempeñaba cuando le sorprendió 
la muerte. Como orador, su palabra llena de tonos y colores, 
era fácil, correcta, elocuente; hablaba con gran fogosidad y ' 
entusiasmo, y empleaba apostrofes tribunicios. En la época 
de las luchas de partidos, cuando Altamirano subía á la tri- 



POETAS MUERTOS. 57 



l>una, la tempestad era segura. Como poeta, era un modelo 
•de corrección y de buen gusto. Su estilo tenía la belleza de una 
selva americana, pero no de una selva virgen, de vegetación 
inculta, sino de un campo cultivado por la experta mano de 
la civilización . 

U SALIDA DEL SOL. 

Ya brotan del sol naciente 
Los primeros resplandores, 
Dorando las altas cimas 
De los encumbrados montes. 
Las neblinas de los valles 
Hacia las alturas corren , 

Y de las rocas se cuelgan 

O en las cañadas se esconden. 
En ascuas de oro convierten 
Del astro rey los fulgores, 
Del mar que duenne tranquilo 
Las mansas ondas salobres. 
Sus hilos tiende el rocío 
De diamantes tembladores, 
En la alfombra de los prados 

Y en el manto de los bosques. 
Sobre la verde ladera 

Que esmaltan gallardas flores, 
Elevan su frente altiva 
Los enhiestos girasoles, 

Y las caléndulas rojas 
Vierten al pie sus olores. 
Las amarillas retamas 
Visten las colinas, donde 
Se ocultan pardas y alegres 
Las chozas de los pastores. 
Purpúrea el agua del río 
Lame de esmeralda el borde. 



58 POETAS MUERTOS. 

Que con sus hojas encubren 
Los plátanos cinibradores; 
Mientras que allá en la montaña 
Flotando en la peña enorme, 
La cascada se reviste 
Del iris con los colores. 
El ganado en ¡as llanuras 
Trisca alegre, salta y corre; 
Cantan las aves, y zumban 
Mil insectos bullidores 
Que el rayo del sol anima, 
Que pronto mata la noche. 
En tanto el sol se levanta 
Sobre el lejano horizonte, 
Bajo la bóveda limpia 
De un cielo sereno . . . entonces 
Sus fatigosas tareas 
Emprenden los labradores, 

Y un vSanto respeto embarga 
Sus sencillos corazones. 

En el valle, en la floresta, 
En el mar, en todo el orbe 
Se escuchan himnos sagrados, 
Misteriosas oraciones; 
Porque el mundo en esta hora 
Es altar inmenso, en donde 
La gratitud de los seres 
Su tierno holocausto pone, 

Y Dios, que todos los días 
Ofrenda tan santa acoge, 

La enciende del sol que nace 
Con los puros resplandores. 



POETAS MUERTOS. 59 



Luis G. Ortiz. 



Nació en México el 14 de Abril de 1835; murió en la misma 
ciudad el 28 de Mayo de 1S94. Poeta que cultivó con éxito el 
género erótico. 

CRISTO. 

Entre el furor de la caterva impía. 
Desfallecido y con la cruz á cuestas, 
Llega el Hijo de Dios sobre las crestas 
Del monte que de horror se estremecía. 

Ya elevada la cruz le sostenía; 

Y en las regiones de la tierra opuestas, 
Cielos y mar y llanos y florestas, 
Todo es tiniebla en tan tremendo día! 

Del sacro monte .se desgarra el velo, 

Y la Madre de Dios un ¡ay! profundo 
Lanza, cayendo sobre el duro suelo. 

Se e.stremece el abismo en lo profundo; 

Y en medio del horror de tierra y cielo, 
Brota la sangre que redime al mundo. 



Juan Díaz Covarrubias. 

Nació en Jalapa el 27 de Diciembre de 1837. Sirviendo como 
practicante de medicina en el campamento liberal de Tacu- 
cubaya, fué fusilado por Márquez, jefe conservador, el día 11 
de Abril de 1859, cuando apenas cumplía el joven poeta vein- 



6o POETAS MUERTOS. 



tidós años de edad. Sus obras se hallan compiladas en un vo- 
lumen titulado: Obras completas de Juan Díaz Covarrubias^ 
y contiene, en prosa: Impresiones y seniiniientos, La clase me- 
dia. El diablo en México, Gil Gómez el insurgente y la co- 
lección de sus poesías. 

Altamirano, en sus Revisteis literarias (México 1868), dice 
acerca del infortunado Díaz Covarrubias: «El carácter litera- 
rio del joven mártir de Tacubaya, es bien conocido para que 
nos detengamos á analizarle. Aquella vaga tristeza que no pa- 
recía sino el sentimiento agorero de su trágica y prematura 
muerte; aquella inquietud de una alma que no cabía en su es- 
trecho límite humano; aquella sublevación instintiva contra 
una sociedad viciosa que al fin había de acabar por sacrificarle ; 
aquella sibila de dolor que se agitaba en su espíritu, pronun- 
ciando quién sabe qué oráculos siniestros; aquella pasión ar- 
diente y vigorosa que se desbordaba como lava encendida de 
su corazón: hé aquí la poesía de Juan Díaz Covarrubias, hé 
aquí sus novelas. Hay en su estilo y en la expresión de sus 
dolores precoces, grande analogía entre este joven y Fernando 
Orozco. Hay en sus infortunios quiméricos como un presenti- 
miento de su horrible martirio, y por eso, lo que entonces pa- 
recía exagerado, lo que entonces parecía producción de una 
escuela enfermiza y loca, hoy nos parece justificado comple- 
tamente.» 

La conciencia y la humanidad protestaron contra la ejecu- 
ción de los mártires del 11 de Abril, muertos cruelmente en 
la sombra; porque aquellos jóvenes, por más que los movie- 
sen sentimientos de simpatía hacia el partido liberal, no lle- 
vaban al campo de batalla otro fin que el de ejercer la noble 
profesión de la medicina. Mientras México exista, durará el 
sentimiento de compasión hacia esas víctimas. 



POETAS MUERTOS. 6 1 



A UNA NINA. 

Crece, pequeña flor! crece lozana 
En blandas risas de amoroso afán, 
Que aun no te agita en tu primer mañana 
El soplo abrasador del huracán. 

Cándido cisne de argentadas alas, 
Cruzas del mundo el agitado mar, 
Aun no marchita tus brillantes galas 
El mortífero aliento del pesar. 

¡Crece! y en tanto en lánguido beleño 
Te brinda con sus risas el placer. 
Mira correr la vida como un sueño 
Sin pensar en mañana ni en ayer. 

i Oh! dichosa mil veces; no has sentido 
Las tristezas del alma lo que son, 
Ni jamás el dolor has conocido, 
Ni la hiél de un cansado corazón. 

¡Oh! dichosa mil veces; en el suelo 
Gozas ufana de placer sin fin, 

Y cuando duermes te transporta al cielo 
En sus alas de luz, un querubín. 

Jamás conozcas, niña venturosa 
Otros placeres que el materno amor, 
O prender á la blanca mariposa 
Al posarse en el cáliz de una flor. 

Tiempo vendrá que en desolado llanto 
Mires trocando tu risueño Edén, 

Y el pesar, la tristeza, el desencanto 
Desgarrarán tu corazón también. 



62 POfíTAS MUERTOS. 



Nunca venga inaTiayia á tu memoria 
Ese feliz ayer que ya pasó. 
Que un recuerdo es de lágrimas historia, 
¡No recuerdes jamás! querida. . . . no. 

Sigue en tanto esa senda tan florida 
Que aun no borda de abrojos el dolor, 
¡No recuerdes jamás! y olvida. . . . olvida 
Lo que te dijo un pobre trovador. 



Juan Valle. 



Nació en Guanajuato el 8 de Julio de 1838; murió en Gua- 
dalaj ara (Jalisco) eji 1864. Admira, en verdad, cómo este poeta, 
•ciego á los cinco años de edad, pudo describir en sus versos 
tan fielmente las bellezas de la naturaleza ocultas á sus ojos. 



EL CREPÚSCULO EN LA PRESA. 

A Lucinda. 

Silencio, soledad, melancolía 
Reinan doquier: tan sólo la campana 
La oración dando en la ciudad lejana, 
Anuncia de la tarde la agonía. 

Se extienden en redor fajas de montes 
Que se van elevando allá á lo lejos, 
Y del día espirante á los reflejos. 
Limitan los distantes horizontes. 



POETAS MUKRTOS. 63 



Rústicas chozas en su falda humean, 

Y sube el humo en blancas espirales, 

Y á través de sus ondas desiguales, 
Los fuegos de la luz entreclarean. 

Abajo el ancha Presa está tendida, 

Y el azul de los cielos reproduce 
Inmensa concha que se ostenta y luce 
En su marco de peñas embutida. 

Con nubes qne lo cercan sonrosadas 
Parte su última luz el sol poniente, 
Cual padre que, al morir, lánguidamente 
Entre sus hijas parte sus miradas. 

La luna, en tanto, tras la opuesta loma 
Melancólica y dulce va saliendo, 
Como cuando el placer se va escondiendo, 
Por lado opuesto la esperanza asoma. 

Y de la Presa en el espejo blando, 
Sus rayos luna y sol al par retratan, 

Y en el agua se mezclan y dilatan. 
Su reflejo en cada ola transformando. 

De mil luceros el zenit se puebla,. 
Chispas de plata sobre azul alfombra: 
Ya el sol se ve de ocaso entre la sombra 
De polvo de oro como leve niebla. 

Vencedora la luna al contemplarse. 
Tendiendo en el paisaje su mirada. 
Hermosa, negligente y descuidada, 
Del lago en el cristal viene á mirarse. 



64 POETAS MUERTOS. 



Las luciérnagas pasan á millares, 
Como estrellas errantes y viajeras, 

Y se esparcen en notas pasajeras 
De la noche los ruidos familiares. 

El céfiro nocturno, suspirando, 
Forma en el agua músicos acordes, 

Y las pequeñas olas en los bordes 

Se vienen á estrellar de cuando en cuando. 

¡Qué muelle laxitud! ¡qué dulce calma 1 
A fuerza de quedar muda y tranquila, 
Lánguida la existencia se aniquila 
En una sensación toda del alma. 

¡ Qué plácido es estar pensando á solas> 
De noche, en este sitio retirado, 
Y, viviendo en recuerdos del pasado. 
Llorar y suspirar con estas olas! 

¡Qué triste y bella está naturaleza 
Con esa agua, esa luna, ese vacío! . . . 
La tristeza que reina en torno mío, 
Se armoniza muy bien con mi tristeza. 

i Albergue melancólico, tú existes 
De los amantes para edén dichoso! 
Que siempre, por instinto misterioso. 
Va buscando el amor los sitios tristes. 

Para grabar en tí nombres y fechas, 
Tienes peñascos, árboles y losas, 

Y románticas grutas silenciosas. 
Para el amor por los amores hechas. 



POETAS MUERTOS. 65 



Tienes flores de senos reservados, 
Para dejar entre tus hojas presos 
Hondos, suspiros y secretos besos 
Por el amor tan sólo adivinados. 

Mas fiera á mí me condenó la suerte 
A vagar sin amor y sin ventura, 

Y el ósculo primero de ternura 

Me lo darán los labios de la muerte. 

Y, si la fecha de mis días bellos 
En tus troncos dejar quiero grabada, 
Suspira y gime el alma contristada, 
¡Ay! yo no tengo que grabar en ellos. 

Y por esto tan sólo yo querría 
Morir aquí por única fortuna; 

Y que la luz querida de esa luna. 
Fuera la aurora de mi eterno día^ 



José Rosas Moreno. 

Nació en Lagos (Jalisco) el 14 de Agosto de 1838; murió en 
la misma población el 13 de Julio de 1883. 

Rosas ha escrito mucho, y sus obras principales son : Hojas 
de rosa, poesías (México, 1864).^ Fábulas. Tienen prólogo de 
D. Ignacio M Altamirano ; merecieron una mención encomiás- 
tica de la Academia mexicana de ciencias y literatura, y han 
sido tan bien aceptadas, que se han hecho de ellas tres edicio- 
nes. Algunas de esas fábulas han sido traducidas al inglés, 
una de ellas por William Cullen Bryant. — Nuevo Libro 2? , 16 
ediciones. —Za ciencia de la dicha, 3 ediciones. — Libro de oro 



66 POETAS MUERTOS. 

de las niñas.— Ortología, 3 ediciones. — Tí/a» «a/ de urbanU 
dad. — Un viajero de diez años.— Excursiones por el délo y 
por la tierra. — Recreaciones infantiles, 2 ediciones. — Nuevo 
amigo de los niños. — Compendio de la historia de México.— 
Libro de la infancias 2 ediciones. 

Ha escrito bastantes obras dramáticas, y de ellas conocemos 
las siguientes: Flores y espinas , drama en 3 actos y en verso. 
— Una mentira inocente, comedia en 2 actos. — Nadie se mue- 
re de amor, comedia en 3 actos.— Un proyecto de divorcio^ co- 
media en un acto. — Los parientes, comedia en 3 actos. — El pan 
de cada dia. comedia en 3 actos. — Sor Juana Inés de la Cruz, 
drama en 3 actos. 

Entre sus comedias infantiles son muy notables el Año 
nuevo, el Premio de la virtud, Amor filial y Una lección de 
geografía. 

Dejó inéditas dos comedias: /.a mujer de César y Al rededor 
de la cuna, y un drama histórico: El bardo de Acolhuacán. 

D. Juan de Dios Peza dice que Rosas Moreno, como poeta, 
«es de extraordinaria dulzura, y su estilo es tan correcto que, 
sin temor de equivocarse, se puede asegurar que si tenemos 
»en México clásicos, él es uno de ellos. 

Tiene razón el Sr. Peza. No hay naturalidad, sencillez, so- 
t>riedad y buen gusto, como la de los versos de ese inolvida- 
ble cantor de la primavera. 

EL ZENTZONTLE. 

¡Cuan dulce es la harmonía 
De tus cantos de amor! ¡Cuánta ternura, 
Cuánta melancolía, 
Qué extraño sentimiento 
Hay en tu triste acento. 
Bardo alado de Anáhuac, bardo errante, 
Morador de sus bosques silenciosos, 
Trovador de sus lagos rumorosos! 



POETAS MUERTOS. 67 



Cuando su luz brillante 
Vierte la primavera en los jardines, 
Tiendes al viento tú las pardas alas, 
Cruzas el valle umbrío, 

Y alegres himnos amoroso exhalas. 
Entre los sauces del tranquilo río. 

En el ardiente estío, 
Cuando el sol en el cielo apenas arde, 
El himno de la tarde 
Cantas en las praderas, 
Al rumor de las brisas lisonjeras. 

Y en la noche callada, 
Cuando la luna pálida fulgura, 
Como virgen que vela enamorada, 

Y la naturaleza desmayada 

En grata, inmóvil languidez reposa, 

Y la nocturna diosa 

Vierte doquier su plácido beleño 

En el sereno ambiente, 

Suspiras tiernamente 

La tímida canción de un dulce sueño. 

En esas tristes horas 
Tu candenciosa voz llega al oído, 
El silencio turbando, 
Como el eco fugaz de un bien perdido; 
Como el vago gemido 

De un alma ardiente <j[ue en ardiente anhelo 
La tierra va cruzando. 
Solitaria y doliente suspirando. 
Sin cesar suspirando por el cielo. 

Al levantarse un día 

Entre las olas de la mar hirvientes 



68 POETAS MUERTOS. 



La adorada y hermosa patria mía, 
Quiso amoroso Dios que independientes 
Los sinsontes su atmósfera cruzaran 
A la luz de sus astros refulgentes; 
Que allí su dulce amor tiernos buscaran, 

Y orgullosos volando en las alturas, 
Su juventud espléndida cantaran 

En la selva, en el monte, en las llanuras. 

Tus hermanos de entonce en raudo vuelo 
Cruzan su hermoso suelo, 
Sus soberbias montañas, sus verjeles, 
Sus floridos y extensos limonares, 
Sus magníficos bosques de laureles; 

Y suspiran dulcísimos cantares 
Impregnados de amor y sentimiento, 

Y el ambiente respiran de sus mares, 

Y orgullosos se mecen en el viento 
Que sacude sus anchos platanares. 

Cuando altiva otro tiempo y vencedora 
La reina de Occidente, 
Ornada en jaspes de vistosas plumas 
Alzaba al cielo la serena frente, 

Y Axayacatl valiente. 
Humillando á sus pies á las naciones 
Sus gloriosas conquistas extendía, 

Y doquier la victoria sonreía 

A la sombra feliz de sus pendones. 
En la risueña margen de los lagos. 
Los sinsontes, con notas celestiales. 
Del guerrero imitaban la querella. 
El discorde vibrar de los timbales. 
La enamorada voz de la doncella, 

Y el clamor de los himnos nacionales. 
Otras veces, volando en la espesura. 



POETAS MUERTOS. 69 



De la fuente imitaban los rumores, 
El lamento del mirlo entre las flores, 
La querellosa voz de la paloma, 
De hondos suspiros llena, 
Del tardo buey el trémulo bramido, 

Y el hórrido silbido 

Del reptil que se arrastra entre la arena. 

Así cual del Anáhuac contemplando 
La majestad divina 

Que un sol de fuego espléndido ilumina, 
Mustia y triste la Europa nos parece, 

Y su antigua hermosura palidece; 
Así cuando el sinsonte enamorado, 
Feliz se oculta en el risueño prado 

Y canta entre las palmas y las flores, 
Deben enmudecer los ruiseñores. 

Tú, inimitable artista. 
En mil revueltos giros 

Volando caprichoso, y 

Imitas cadencioso t^ 

Ecos, cantos, murmullos y suspiros. 
Siempre hallas una voz y una harmonía 
Para expresar tu duelo, 

Y traduces en tierna melodía 
Del amor el dulcísimo consuelo 

Y el ardiente placer de la alegría. 
Tienes siempre al mecerte por el viento, 
Para todos los goces un acento; 

A todo prestas inefable encanto, 

Y ora el dolor te agite, ora el contento, 

No hay dicha, no hay afán, no hay sentimiento 
Que tú no expreses con tu tierno canto. 
¡Cuál conmueve tu voz el alma mía! 
¡Bendita la harmonía 



70 POETAS MURKTOS. 

De tu suspiro amante, 

Bardo alado de Anáhuac, bardo errante, 

Morador de sus bosques silenciosos, 

Trovador de sus lagos rumorosos. 

¡ Plegué al piadoso cielo 

Que en estrecha presión nunca suspires 

Triste canción de duelo, 

Que en orgulloso vuelo 

Cruzando las inmensas cordilleras, 

A nuestra patria mires 

Bendita por la historia; 

Y que repitas siempre en tus cantares 
El himno de su gloria, 

Al gemir de sus anchos platanares 

Y al rumor de las olas de sus mares. 



Manuel Flores. 

Nació en San Andrés Chalchicomula ( Estado de Puebla) 
en 1840; murió ciego en México el 20 de Mayo de 1885. Salvo 
ciertos defectos prosódicos, fué un poeta de gran mérito. En 
la poesía amorosa, en la cual no ha tenido en nuestro país quien 
lo iguale todavía, supo reunir la castidad con el ardor, y la dul- 
zura con la pasión. No fué menor su éxito en la poesía épica. 
He aquí lo que acerca de la Oda á la Patria, que incluímos 
en esta colección, escribió el juicioso literato D. José María 
Roa Barcena, haciendo una comparación entre el Canto á la 
batalla de Junin, de Olmedo, y la composición citada: «Tal 
poesía, consagrada á la victoria obtenida sobre el ejército fran- 
cés el 5 de Mayo de 1862 en el cerro de Guadalupe, inmediato 
á Puebla, es la mejor de Manuel María Flores, y acaso de cuan- 
tas poesías patrióticas se han escrito en México; y me atrevo 
á someter al juicio de los inteligentes la humilde opinión mía 



POETAS MUERTOS. 7 1 

de que, á pesar de su intercadente desaliño, de algunos defec- 
tos de elocución, de la debilidad relativa de su final y del atre- 
vimiento y rareza de metáforas y frases que con más ó menos 
justicia se reprocha á los escritores de esta última época; por 
su entonación vigorosa, la sonoridad y rotundidad de muchos 
de sus versos, lo enérgico y feliz de no pocas de sus imágenes 
y la espontaneidad y la vida que en ella campean, si bien no 
podrá aparecer en la misma línea, no figurará en muy hu- 
milde lugar cuando la comparemos con la célebre composi- 
ción de Olmedo.» 

ODA A LA PATRIA. 

5 de Mayo de 1862. 

¡Alcemos nuestro lábaro en la cumbre 
Esplendorosa de granito y nieve 
Del excelso volcán, á donde raudo 
Entre el fulgor de la celeste lumbre 
Tan sólo el cóndor á llegar se atreve; 
Donde la nube se desgarra el seno 
Para vibrar el rayo 

Y hacer rodar en el abismo el trueno. 
Alcemos, sí, bajo la arcada inmensa 
Del cielo tropical y vSobre el ara 
Diamantina del Ande 

El augusto pendón de la victoria, 

Que aun mereciera pedestal más grande 

La enseña de la Patria y de la Gloria ! 

¡Oh santo nombre de la Patria! . . . Escuda 
Con tu prestigio inmenso 
Esta mi audaz palabra, tan desnuda 
De elocuencia y vigor; haz que vibrante 
Al pie de tus altares se levante, 

Y sea la nube del incienso 



72 POETAS MUERTOS. 



Ante el ara de Dios; haz que resuene 

Potente, y en su vuelo 

Con tu renombre los espacios llene 

Y cubra el mundo y se levante el cielo! 

Ayer — fugaz minuto que á la Historia 
Acaba de pasar en las serenas 

Y deslumbrantes alas de la gloria — 
Aj^er en la ignorada 

Cumbre de una colina que ceñía 
Una cinta de frágiles almenas 

Y pobre artillería. 

El mexicano pabellón flotaba 

Bajo un cielo de brumas, 

Como en la frente del guerrero azteca 

Rico penacho de vistosas plumas. 

Mas no flotaba al beso voluptuoso 

De las brisas del trópico. . . . crujía 

Al soplo tempestuoso 

De un huracán de muerte, y se tendía 

Su lona tricolor, como del iris 

Sobre la frente negra de los cielos 

La diadema se ostenta 

Cuando huyendo flamígera sacude 

Su melena de rayos la tormenta! 

Y era también un iris de esperanza 
Aquel sagrado pabellón erguido 
Ante el genio feroz de la matanza. 
Aquella enseña del derecho herido 
Alzándose terrible á la venganza, 
Allí del Mundo de Colón los ojos 
Se fijaban severos, centellando 
De impaciencia, de cólera y enojos. 

Y ¡quién sabe! si airadas 
Allá desde los picos solitarios 



POETAS MUERTOS. 73 



De la alta cordillera, silenciosas. 
Envueltas en sus pálidos sudarios, 
De nuestros héroes muertos, asomaban 
Las sombras espectrales 

Y el Guadalupe atónitas miraban. 

¡El Guadalupe! . . . Ostenta en sus laderas 
De la patria las bélicas legiones; 
Brillan las armas, flotan las banderas, 

Y se mezcla al rodar de los cañones 
El toque del clarín, la voz de mando 

Y el relincho marcial de los bridones. 

Y más allá, cruzando la llanura, 
Henchidas de arrogancia. 
Tendiendo al sol las alas voladoras, 
Las imperiales águilas de Francia 
Conduciendo las huestes invasoras. 

i Las huestes sin rival ! En sus pendones 
Cien y cien veces derramó laureles 
Propicia la victoria; 
Soldados favoritos de la gloria, 
En los campos de Europa sus corceles 
Han dejado una huella ensangrentada, 

Y cien veces sus páginas la Historia 
Abrió á la punta de su atroz espada. 

Ellas son y ya avanzan. . . . ¡Dios Supremo! 
¡ Ah ! ¿ qué va á ser de nuestra pobre tierra 
Ante esos semidioses de la guerra? 
¿ Qué va á ser del soldado mexicano. 
Soldado humilde sin laurel ni pompa, 
De esos titanes al tremendo empuje? . . . 

¿ Qué va á ser?. . .Vedloya. . . .Suénala trompa, 
Silba la bala, la metralla ruge, 



74 POETAS MÜRRTOS. 

Se avanzan con furor los batallones, 
Se chocan los guerreros, 
Se desgarran flotando los pendones, 
Crujen tintos en sangre los aceros. 
Tiembla la cumbre, tiembla la llanura 
Al estruendo mortal de la pelea, 

Y de humo y polvo en la tiniebla obscura, 
El cañón formidable centellea! 

¡Terrible batallar! Potente rabia 
De insensato furor ebrio de sangre; 
Festín de la venganza 
En que sólo resuena pavoroso 
El salvaje rugir de la matanza; 
En que fiera la vida 
Se escapa palpitante por la herida 
Del corazón indómito que aun late 
Encendido en las iras del combate. 
Instante de terror y de grandeza 
Én que el débil en bravo se convierte 

Y se hace león el corazón del fuerte, 

Y convulsa la vida se desgarra 

Y se goza el horror y ríe la muerte! 

¡Terrible batallar! Golpe por golpe, 
Furor sobre furor, vida por vida 

Y sangre nada más. . . , Allí el renombre 
Del francés vencedor y su pericia 

Contra el derecho transformado en hombre 

Y armado de justicia. 
Terribles las legiones, 

Cual de la mar las olas turbulentas 
Que flagela el furor de las tormentas. 
Se encuentran y se chocan y se rompen 
Feroces y sangrientas! . . . 

Y ¿es verdad? . . .es verdad? . . . Los invencibles 



POETAS MUERTOS. 75 

Los que cejar no pueden. 

Los tigres de Inkerraann y Solferino, 

Aquí, blanca la faz, perdido el tino 

Y con miedo en el alma. . . . retroceden ? . . . 

¿En dónde está su incontrastable arrojo? 
¿En dónde su furor armipotente? 
¿ Dó el llegar y vencer que suyo liaría 
Inmóvil de terror el continente? 
¿Las águilas francesas 
No midieron, cruzando el Océano, 
Cuánto eres, Libertad, grande y potente 
Bajo el inmenso cielo americano? . . . 

Soberbias te arrojaron sus legiones; 

Y viéndolas llegar, en tu mirada 
Las iras del ultraje centellaron! 
¡Relámpagos los golpes de tu espada 
El rayo de la muerte fulminaron; 
Sangrienta charca abrióse tu pisada, 
Nada su rabia de leones pudo, 

Y ante tu fuerte escudo, 

Ellas. . . . las invencibles. ... se estrellaron! 

i Y tres veces así! . . . del Guadalupe 
Quedaron las laderas 
De pálidos cadáveres regadas, 

Y de francesa sangre 

Y sangre mexicana ¡ay! empapadas. 

Y cuando el sol de Anáhuac esplendente 
Bajaba al occidente, 

El ángel tutelar de la victoria 
Voló á arrancarle su postrero rayo. 
Bañó con él, de México la frente 
Sellándola de gloria; 



76 PORTAS MUERTOS. 



Y con letras de sol «Cinco de Mayo» 
Para los siglos escribió en la Historia! 

Entonces. ... tú lo sabes, Puebla mía. 
¡Oh Puebla» cuyo nombre bendecido 
Ensalzar como quiero nunca supe! . . . 
Tu nombre sepultado esclarecido 
La Francia lo aprendió en el estampido 
Del cañón que tronaba en Guadalupe! 
i Gayó ese nombre en la soberbia Europa 
Con el ruido triunfal de una victoria; 
Cayó vestido con el ampo de oro 
Del sor de Mayo que alumbró tu gloría! 

Desde entonces, allá, bajo el sereno 
Dosel de auroras que desplega oriente, 
Envuelta en olas de oro por la lumbre 
De aquese sol triunfal, y coronada 
Con el lauro que el tiempo no destroza, 
Del Guadalupe yérguese en la cumbre 
La figura inmortal de Zaragoza. 

Las águilas francesas que algún día 
Tendieron sobre el mundo 
Ebrias de triunfo las potentes alas, 
Llevando entre sus garras las banderas 
Vencidas y hechas trizas 
De naciones altivas y guerreras; 
Las águilas que guiaron la fortuna 
Sangrienta de los fieros Bonaparte, 
No posaron su vuelo victorioso 
Después, del Guadalupe en el baluarte. 

Y queda allí, soberbio monumento 
De patriotismo y gloria, 
Vistiendo con la sangre no lavada 
La purpura triunfal de su victoria. 



POKTAS MUERTOS. 77 



Allí queda á su planta la esforzada 
Guerra del Atoyac, Puebla la bella; 
La tierra de mi hogar, que guarda altiva 
Cual cicatrices que la gloria sella, 
Sus calles destrozadas, 
Sus rotos muros, sus deshechos lares, 

Y en pié las ruinas de sus grandes templos 
Por la bala francesa acribilladas, 
Elocuente padrón del heroísmo 

Y del patrio denuedo, 
Página de la Historia 

Del mexicano corazón sin miedo! 

Allí queda la invicta 
Amazona mostrando, cual trofeo. 
La palpitante herida del combate. 
Por la cual, ante el sol, como en el roto 
Pecho de los guerreros de Tirteo 
Se ve el valiente corazón que late. 

¡ Allí queda ese fuerte de los libres 
Ante cuyo granito la soberbia 
De los nunca vencidos se destroza; 
Allí queda ese campo de pelea 
Donde hollaron las cruces de Crimea 
Los cascos del corcel de Zaragoza! 
¡Allí quedas, mi Puebla! Y si algún día 
Arroja el extranjero 
El grito de la guerra á tu muralla, 
i Renueva tu osadía. 
Vibra de nuevo el matador acero, 
Desata el huracán de la metralla; 
Fulmina fiera de la muerte el rayo, 

Y la sangre del campo de batalla 

La saque aun otra vez la esplendarosa 
Lumbre de gloria de tu Sol de Mayo! 



78 POETAS MUERTOS. 



Manuel Acuña. 



Nacido en Saltillo (Coahuila) el 27 de Agosto de 1849; 
muerto en México el 6 de Diciembre de 1873. Escribió un 
drama: El Pasado. Acuña, como Rodríguez Galván y Gutié- 
rrez Nájera, fué una estrella que se apagó cuando apenas des- 
puntaba en el cielo de las glorias patrias: puede medirse, con 
tristeza, la magnitud que ambos hubieran llegado á adquirir, 
á haber vivido mayor tiempo, por lo mucho que hicieron en 
los pocos años de vida que alcanzaron. Acuña pensaba alto y 
sentía hondo. El Nocturno á Rosario^ los tercetos Ante un 
cadáver, y la poesía joco-seria La vida del campo ^ bastan para 
formar una envidiable reputación literaria. 

A LA LUNA. 

Al Sr. D. Manuel J. Domínguez. 

¡Oh luna, blanca luna, 
Que desde el cielo viertes tus fulgores 
A despecho de todos los vapores 
Con que la negra noche te importuna; 
Yo sé que al permitirme la confianza 
De que á abusar cantándote me atrevo, 
Antes que hablarte de otra cosa debo 
Darte una explicación de mi tardanza; 
Pero sabiendo, porque así lo he visto, 
No recuerdo en qué parte, 
Que tú eres noble, generosa y buena 
Con todos los prosélitos del arte, 
Entre los que me inscribo al protestarte 
Que nada hay que sin tí valga la pena, 
Dejo los cumplimientos 
Y las excusas fútiles y vanas 
A fin de aprovechar estos momentos; 



POETAS MUERTOS. 79 



Que tú al ver que en mis labios 
Se agita el estro y mi silencio trunca, 
Recordarás que el vulgo y aun los sabios 
Dicen que vale más tarde que nunca^ 

No, mira tú: desde hace mucho tiempo 
Pensaba yo en venir á saludarte, 

Y hasta recuerdo que salí una noche 
Sin más objeto que ese; 

Pero aunque el muy ilustre Ayuntamiento 
Me hizo creer que en el cielo te hallaría, 
Tú, que probablemente estabas mala. 
Te ocultaste y me diste una antesala 
Que me pesa en el cuerpo todavía. 

Esto no te lo digo 
Por lanzarte una pulla ni un reproche; 
Pero este negro bosque me es testigo 
De que no más que por hablar contigo 
Me anduve por aquí toda la noche. 
Lo mismo que otra vez, ya no recuerdo 
Si fué en Abril ó en Mayo. . . . suspirando 
Por verte frente á frente 

Y á tu lado pasar la noche entera. 
De modo y de manera 

De estar solos y lejos de la gente. 
Vengo, y tú, que sin duda me creíste 
Algún gemidor de esos 
Que porque está desesperado y triste 
Ya quiere que le des un par de besos, 
No bien tras de estos álamos me viste, 
Que escondiéndote en medio de las nubes 
Cerraste tu balcón y te metiste. 

Y la verdad que si esa fué tu idea 
Ante mi aparición inoportuna, 



8ü POETAS MUERTOS. 



Por mi vida te juro y te respondo 
Que te llevaste el chasco más redondo 
Que te has llevado desde que eres luna; 
Pues aunque ya á mis años 
Se usa entre los humanos corazones 
Contar los sufrimientos á montones, 

Y á montones también los desengaños; 
Yo que si algo he sufrido 

De mi existencia en la carrera corta, 

Tengo la convicción íntima y grande 

De que á nadie le importa, 

Porque si sufro, no hay quien me lo mande; 

Si al pisar de la vida los abrojos 

A verter una lágrima me atrevo, 

La dejo que se escape de mis ojos 

Y al llegar á mis labios me la bebo. 

Conque ya verás tú, si yo sería 
Quien fuera á molestarte á tales horas. 
Para llamarte solitaria ó fría, 

Y cometer así una grosería 

De esas que no perdonan las señoras. 
Aparte de que á tí, si no me engaño, 
Te debe de importar muy poca cosa 
Que en la vida enojosa 
Camine el goce junto con eldaño. 
Así como que al tiempo de las flores 
Siga el invierno nebuloso y frío, 
O que en las tibias noches del estío 
Disminuyan de fuerza los calores, 
Cosa que á muchos saca de su casa 
Por tener de decírtelo el orgullo. 
Cuando todo eso en realidad no pasa 
De ser una verdad de Pero Grullo, 

Y sin mentar personas. 

Por allí anda la ilustre Avellaneda, 



POETAS MUERTOS. 8 1 

Que en paz duerma en su lecho de coronas. 
Que sin mirar que tú, rueda que rueda, 
Maldito el caso que del tiempo hacías, 
Ella al son de sus mágicos bordones 
Te delataba á ese ladrón nefando 
Que tantos goces con pesar nos roba, 
Sin oír que su esposo despertando 
La llamaba en un tono no muy blando 
Después de registrar toda la alcoba. 

Y el sin igual Zorrilla, 

El que nos regaló aquel mamarracho 

Que yo admiraba tanto de muchacho 

Creyéndolo la octava maravilla; 

El que con una calma 

Cuyo molde es difícil que se encuentre, 

Hizo aquí entre otros dramas el del vientre, 

Y hiista allá fué á acordarse del del alma. 

Y Carpió, el que de turco disfrazada 
Sufrió tan honda pena 

Que por poco se arroja al mar salado; 
Pero que al fin se fué por otro lado 
Arrastrando el alfanje por la arena, 

Y Tagle, el que te hablaba allá en los tiempos 
De discordias civiles, 

En que Rocha no andaba por el mundo 

Y en que aún eran de chispa los fusiles, 
Pues éstos y otros más, si no tan buenos 
Sí tan desocupados, 

Han emprendido de entusiasmo llenos 
La imitación de sus antepasados. 
Por el placer de repetirte alguna 
De esas necias é insulsas tonterías, 
O porque hechos los tomos de poesías 



82 POETAS MUERTOS. 

No faltara en el índice: «A la luna.» 

Y si á lo menos fueran pasaderas 

Las tantas que en tu elogio se han escrito 

Y cuyas firmas por prudencia callo, 
Pues señor, con trescientos de á caballo. 
Muy puesto en su lugar y muy bonito; 
Pero nada. . . . que entre esas que no cito 
Porque no se me diga impertinente 

Hay muchas (no agraviando la presente) 

Que son un verdadero gregorito. 

Lo digo y lo repito. 

Sí, señor, que esta no es una indirecta. 

Pues aunque salte alguno 

Que deseando escapar á este reproche, 

Reclame la palabra y manifieste 

Cargado de razones y veneno, 

Que no se pueda hacer nada de bueno 

Sobre un terreno tan vulgar como éste. 

No habiendo obligación chica ni grande 

De escribir sobre tal ó cual materia, 

Se comprende y se vé muy á las claras 

Aunque hable de ésta con tan poco aprecio, 

Que el culpable no es ella, sino el necio 

Que se mete en camisa de once varas. 

¿Quién obliga á ninguna 
De las vivientes almas á que escriba. 
Ni menos á que suba tan arriba 
Que tenga que escribir sobre la luna. . . .? 

Yo mismo, si mañana 
A algún crítico ocioso y exigente 
Se le diera la gana 
De zurrar á esta silba la pavana 

Y de hacerlo delante de la gente. 

Pues yo mismo, aunque fuera á mi despecho 



POETAS MUERTOS. 83 

(No pudiendo olvidarme de que es mía) 

Mirando la justicia no tendría 

Mas que decir á todo: muy bien hecho* 

Y tan es cierto que lo encuentro justo 

Y que me temo mucho una descarga 
Por haberme salido con mi gusto, 
Que con objeto de que el sabio adusto 
No halle esta silba demasiado larga, 
Una vez que tú, luna, 

No me has de conceder, si tal sucede, 

Lo cual (aquí en confianza) muy bien puede 

Por un capricho cruel de la fortuna, 

Bien convencido de que en todo caso 

Francos y leales seguiremos siendo 

Tan amigos como antes. 

Te dejo preparándole á la aurora 

El dulce néctar de los nuevos broches, 

Y sin más que decirte por ahora, 
Con el alma, tu humilde servidora. 
Me alegraré que pases buenas noches. 



Santiago Sierra. 



Nació en Campeche el 3 de Febrero de 1850; murió en Mé- 
xico el 27 de Abril de 1880. A no haber muerto en la flor de 
su edad, habría sido, como lo es hoy su hermano Justo, una 
de nuestras más puras y legítimas glorias nacionales. 

Fragmentos de un canto á México. 

Tú, México adorada, casta diosa. 
Del porvenir brillante desposada. 
Asciende al solio de la paz, que en ella 



84 POEtAS MUERTOS. 

Espejo encuentre tu mirar de estrella, 
Madre amorosa, tu alma contristada; 
Florezca bajo el trono de tu altura 
La labor que en dorada mies se espiga 

Y agave nectarífero procura; 
Formen á su esplendor regia corona ^ 
Cuantas del campo pródigo ornamento 
Riquezas da tu predilecta zona; 
Tienda el penacho al viento 

El enhiesto maíz; no se encarcelen 
lyOS varios tintes que tu brisa orea, 

Y en púrpura y azul, la luz febea 
Recogida en sus témpanos revelen; 
Pueble el desierto el cactus, que se erige 
En duras pencas que al Agosto libra, 

Y ni amor ni vigilia al maya exige, 
Ni rinde parco la flexible fibra; 
Blanqueen como sábanas de nieve 
Tus bosques de algodón; los cafetales 
Tiemblen del sol al beso; audaz se eleve 
Del lago entre los diáfanos cristales 

El prolífico arroz: y de tu manto 

Que en sombra de cariño al suelo dure, 

Crezca al amparo santo 

La oliva bienhechora 

Que el laurel á tus plantas transfigure. 

Barrera no halle quien tu seno explora 

Del metal que entre rocas se guarece 

Por hallar el filón que avaro adora: 

Del Océano que tu linde crece 

Y en su caricia mórbida te estrecha 
Sin miedo al turbión, eco del caos, 
Corten la espuma en resonante brecha 
Tus alígeras naos; 

Abra sus templos la fabril industria 

Y torne al ocio el incansable obrero, 



POETAS MUERTOS. 85 



La atmósfera se empañe 

Al soplo del vapor que rug^e fiero, 

Convierte al rayo en fácil mensajero, 

Y el alma tierna bañe 

Tu juventud de ciencia en el venero; 
Sobre del ancho foro 
Yérgase altivo el Parthenón ; el arte 
Con pincel y buril te inmortalice, 
Brille el sol en tu mágico estandarte 

Y la gloria en tu cielo se eternice. 



Agustín F. Cuenca. 

Nació en México el 16 de Noviembre de 1850; murió en la 
misma ciudad el 30 de Junio de 1884. Escribió un drama: La 
cadena de hierro. Sus primeros versos, llenos de imágenes 
confusas plagados de faltas de respeto á la retórica — ese có- 
digo del buen gusto — fueron pasto de la crítica literaria. Al 
acercarse el poeta á la noche de la vida, su estilo se abrillantó 
y pulimentó de tal suerte, que el bardo incorrecto en sus mo- 
cedades, dejó, al morir, una colección de versos que puede 
con.siderarse como el estuche de la elegancia, del primor y de 
la gaya ciencia. 



LUCES DEL PRISMA. 

A mi esposa. 

Sepulta en horizontes de escarlata 
Su carro de oro el fulgurante día, 
Y en el tocado de la noche umbría 
Prendes ¡oh Venus! tu florón de plata. 



86 POETAvS MUERTOS. 



¡Rica joya del cielo! en tí retrata. 
Ya su amarga aflicción, ya su alegría, 
Quien duelos llora de la suerte impía, 
Quien dichas debe á la fortuna ingrata. 

Te ve radiante la inocencia pura, 
Melancólica y triste el desconsuelo, 
Gloriosamente bella la hermosura. 

Voluptuosa el amor, fúnebre el duelo; 
Que, doliente ó feliz, cada criatura 
Tiene un cristal para mirar el cielo. 



Manuel Gutiérrez Nájera. 

Nació en México el 22 de Diciembre de 1859; murió en la 
misma ciudad el 3 de Febrero de 1895. Acerca de este mara- 
villoso escritor é inimitable poeta, ha escrito nuestro Justo 
Sierra el juicio que á continuación reproducimos; porque no 
podríamos decir nada que trazara con tanto acierto la silueta 
literaria del eminente literato é inmejorable amigo que ha de- 
jado en la prensa mexicana un vacío imposible de llenar: 

«¿Y qué había en el fondo de esa alma selecta, cuál era su 
facultad ingénita, la que sirve de clave á su elegancia, á su ter- 
nura, á su amorosa y melancólica inspiración? Una muy di- 
fícil de explicar, imposible de definir y concretar, j>ero que 
todos comprendemos al nombrarla: la gracia; especie de son- 
risa del alma que comunica á toda producción no sé qué rit- 
mo ligero y alado, que penetrando en ondulación impalpable, 
como la luz, por todas las ramificaciones nerviosas del estilo, 
les presta cierta suerte de magia singular que produce en el 
espíritu una impresión parecida á la de la dificultad vencida 
sin esfuerzo, lo que se torna deleitación y encanto. Este don 



POETAS MUERTOS. 87 

de la Gracia en nuestro poeta, se transparenta á través de to- 
dos los temas de sus admirables composiciones, en prosa ó ett 
verso; ó lúgubre ó serio, ó humorístico ó clásico, ó satírico 6 
tierno, todo trabajo suyo es. por efecto de la gracia, diáfano, 
aéreo, imponderable; su risa, sus lágrimas, sus acentos patrió- 
ticos, su crítica de arte, .sus cuentos regocijados ó tristes, hasta 
sus artículos políticos, todo, desde la crónica de un salón 
hasta un estudio sobre Hamlet; desde los versos de espuma 
de Champagne á la Duguesiia, hasta los trinos de infinita 
suavidad del Non omnis inoriar, todo deja ver esa irradiación 
particular de la personalidad del poeta; son como los Rayos X 
de Roentgen que á través de un muro hacen fluorescer la placa 
fotográfica. 

« La distinción, el primor, la elegancia del estilo, no son más 
que manifestaciones de la gracia nativa del hombre, que es la 
cualidad que mejor prepara á la educación del gusto, esa otra 
facultad indefinible, compuesta de equilibrio, de proporción y 
de armonía. El buen gusto del Duque era supremo; sus OddS 
breveSy verdaderas ánforas del Cerámico, lo demuestran bien; 
cuantos conocimos á Manuel, sabemos bien que podía produ- 
cir indefinidamente esos ejemplares de arte inmaculado; esas 
joyas, dignas algunas de la Anthologia, eran juegos para él. 

«Y la facultad soberana, que da toda su variedad y movi- 
miento á la obra artística de Gutiérrez Nájera. constituye tam- 
bién su unidad; la imaginación ponderada como la de un ate- 
niense, la delicadeza del .sentimiento, la ternura del corazón, 
son, sin duda, las condiciones psicológicas y morales que per- 
miten emplear de un modo fecundo este don de los dioses 
Esos eran los signos distintivos del carácter de Manuel.» 

NON OMNIS MORIAR. 

¡No moriré del todo, amiga mía 
De mi ondulante espirita disperso. 
Algo en la urna diáfana del verso» 
Piadosa guardará la poesía. 



88 POETAS MUERTOS. 

¡No moriré del todo! Cuando herido 
Caiga á los golpes del dolor humano, 
Ligera tú, del campo entenebrido 
Levantarás al moribundo hermano. 

Tal vez entonces por la boca inerme 
Que muda aspira la infinita calma, 
Oigas la voz de todo lo que duerme, 
¡Con los ojos abiertos de mi alma! 

Hondos recuerdos de fugaces días, 
Ternezas tristes que suspiran solas; 
Pálidas, enfermizas alegrías 
Sollozando al compás de las violas. . . . 



Todo lo que medroso oculta el hombre 
Se escapará, vibrante, del poeta, 
En áureo ritmo de oración secreta 
Que invoque en cada cláusula tu nombre. 

Y acaso adviertas que de modo extraño 
Suenan mis versos en tu oído atento, 

Y en el cristal, que con mi soplo empaño, 
Mires aparecer mi pensamiento. 

Al ver entonces lo que yo soñaba, 
Dirás de mi errabunda poesía: 
Era triste, vulgar lo que cantaba. . . . 
¡Mas, qué canción tan bella la que oía! 

Y porque alzo en tu recuerdo notas 
Del coro universal, vivido y almo; 

Y porque brillan lágrimas ignotas 
En el amargo cáliz de mi salmo; 



POETAS MUERTOS. 89 

Porque existe la santa Poesía 
Y en ella irradias tú, mientras disperso 
Átomo de mi ser esconda el verso, 
¡No moriré del todo, amiga mía! 



José M. Bustillos. 



Nació en México el 4 de Septiembre de 1866; murió en To- 
luca en Junio de 1899. Las poesías de Bustillos. como las de 
DíazCovarrubias y Acuña, parecían inspiradas por el numen 
de la muerte. Se dijera que esos bardos de la melancolía pre- 
sintieron que se hallaban aludidos en la triste sentencia: «el 
que los dioses aman, muere joven.» 



ALTA MAR. 

Océano del amor, tú no me engañas; 
Bien sé que escondes, pérfido y artero. 
Bajo las niveas flores de tu espuma 
El ataúd gigante de tu seno! . . . 

Se acabaron las perlas, pescadores; 
Sin esperanza, abandonad los remos. . . . 
Ya viene el temporal. ... y las gaviotas. 
Las ilUvSiones tenderán el vuelo! . . . 

¡ A.y! yo también navego á vuestro lado, 
Y sufro mucho y ambiciono un puerto. . . . 
¡Siento terror cuando me lanza al rostro 
La tempestad su látigo de fuego! 



90 



POETAS MUERTOS. 



¡Oh, vela blanca que adorné con mirtos! 
¿Por qué sin mi permiso, te hinchó el viento? 
Océano del amor, cofre de perlas, 
¿Siempre hallaré naufragios en tu seno? 



'^^(ÍT 






POETAS VIVOS 



José María Esteva. 

Nació en Veracruz el i8 de Septiembre 1818. Decano de los 
poetas nacionales que viven. Cantor de las costumbres nacio- 
nales, ha creado en sus festivos versos el tipo áeX jarocho ve- 
racruzano. 

ÑOR MELITON Y ÑA CLETA. 

Procedentes de la Antigua 

Y ya cercanos á Puebla, 
Cabalgan ñor Melitón 

Y su comadre ña Cleta. 
Dícela ella: — «Por aquí 

Del guachinango^*^ ej la tierra 

Y como son tan robones 
Temo, Melitón, nos vean.» 
— «Y que noj pueden hacer? 
No seajté mala pareja 

Ni medren tosa: si vienen 
Tengo una lata/^^ ña Cleta, 
Que rute sola». ... Y en esto 

Y como si algo temieran, 
Ña Cleta y ñor Melitón 

( 1 ) l^s Jarochos dan este nombre á los habitantes del interior del país. 

(2) Llaman así al machete. 



92 POETAS VIVOS. 

Miran para una eminencia 
En la que estaban sentados 
Dos charros con escopetas. 

Y ñor Melitón le dice: 

— Oigajté, en lejanaj tierras 
Vale maj meter talón 
Que sacar la sardineta/*^ 

Y al punto los dos caballos 
Partieron á la carrera, 
Cual relámpagos pasando 
Ñor Melitón y ña Cleta. 



José María Roa Barcena. 

Nació el 3 de Septiembre de 1827 en Jalapa ( Veracruz). Ha 
publicado tres tomos de poesías y algunas obras importantes 
de Geografía é Historia, entre las que merece especial men- 
ción la que denominó: Recuerdos de la Invasión Norteame- 
ricana. Miembro correspondiente de la Real Academia Es- 
pañola. 

U RESURRECCIÓN Y U VIDA. 

Junto al sepulcro al fin la planta helada, 
Mis ojos, turbios ya, le ven por dentro; 
Pero ¡bendito Dios! no en él encuentro 
Las sombras y el vacío de la nada. 

Ve el alma, de sus culpas aterrada, 
Su fe brillar en el obscuro centro, 
Y yo asistido, en su espacioso centro. 
Con la promesa de Jesús sagrada. 

(3) Dan ese nombre y el de moruna á su machete especial. 



POETAS VIVOS. 93 

Ruda mi vida fué, varia mi suerte, 
Graves mis culpas ¡ay! y el alma herida 
De cristiano temor lágrimas vierte, 

Y se conturba y tiembla; mas no olvida 
Que el Redentor, para endulzar la muerte, 
Dijo: «Yo soy resurrección y vida.» 



Ignacio Mariscal. 



Nació en Oaxaca el 5 de Julio de 1820. Desde la temprana 
edad de veinte años, en que este hombre ilustre penetró al ves- 
tíbulo de la vida social con el título de abogado, no ha dejado 
de bregar por las ideas liberales. Ha sido diputado al Con- 
greso de la Unión— fué miembro del Congreso Constituyen- 
te—Magistrado del Tribunal Superior del Distrito y de la 
Suprema Corte de Justicia, Ministro Plenipotenciario de Mé- 
xico en los Estados Unidos é Inglaterra, y Secretario de Estado 
y del Despacho de Relaciones Exteriores, cargo que desem- 
peña en la actualidad Recientemente representó al Jefe de la 
Nación en las fiestas de Chicago celebradas en Octubre de 1 899. 

U TUMBA DE JUÁREZ. 

En bronce ó duro mármol esculpido 
No admires, no, su refulgente nombre, 
Ni con su pompa funeral te asombre 
La rica tumba en que le ves dormido. 

Sepulcro más espléndido erigido 
A Juárez tiene, de inmortal renombre, 
En el santuario de su pecho el hombre 
Que le ama con un pueblo agradecido. 



94 POETAS VIVOS. 

¿Buscas el epitafio? En esas leyes 
Contémplalo en que altivo el mexicano 
Su gloria encuentra y su robusta egida. 

Por monumento igual, decidme, ¡oh reyes! 
¿ La púrpura y el cetro soberano 
No dierais. ... y también la inútil vida ? 



Joaquín Blengio. 



Nació en Campeche el i6 de Noviembre de 1834. Médico 
de la facultad de París. Ha escrito más de doscientos sonetos 
que, coleccionados, forman la historia de nuestras dos" guerras 
de Independencia. Desde Hidalgo hasta Juárez, ha cantado á 
todos los principales héroes mexicanos. 

A PORFIRIO DÍAZ. 

Con la sangre del pueblo de Quiriuo 
En libro eterno consignó Viriato 
Su nombre, y de sus hechos el relato 
Que canta Iberia en plectro diamantino. 

Escrito está en el monte Palatino 
El denuedo inmortal de Cincinato, 
Y aun el verde laurel de Pisistrato 
Descuella en el Eurotas cristalino. 

Ven, tú también, invicto oaxaqueñcí, 
Que libras á tu patria de opresores, 
A recoger las flores de sus valles: 

Guárdalas bien con religioso empeño, 
Que sólo tienen tan hermosas flores 
Busaco, San Quintín y Roncesvalles. 



POETAS VIVOS. 95 



Joaquín Arcadio Pagaza. 

Nació en la ciudad del Valle de Bravo, Estado de México, 
el 9 de Enero de 1839 Actual Obispo de Veracruz y Miembro 
correspondiente de la Real Academia Española. Pocos pue- 
den rivalizar en el género clásico con este árcade poeta, cuyo 
estilo es la naturalidad misma, cuyo gusto es de una pureza 
intachable y cuya versificación, fácil y fluida, tiene una armo- 
nía correspondiente al asunto en extremo delicada. Al Obispo 
de Veracruz sólo se le puede, en justicia, formular un cargo: 
el de excederse un poco en la elección de voces y de frases, 
en el escogimiento de exquisiteces de lenguaje; pero hay que 
decir en su abono que tal esmero y semejante artificio, no le 
hacen perder la dulzura y gracia virgilianas de su estilo, ni 
la naturalidad de ideas y propiedad de expresión que traen á 
la memoria las elegías de Ovidio, ni su ingenio y gusto hora- 
cianos, ni la música de los sonidos espondaicos y dóricas me- 
lodías que se escuchan en el curso majestuoso de sus endeca- 
sílabos. 

Pagaza es el poeta castizo de lo pasado, que ha logrado, en 
estos tiempos de poesía decadente y simbólica, hacer volver 
á la literatura mexicana á las claras fuentes del clasicismo; 
pues su ejemplo ha sido seguido por Othón, por Sierra y por 
otros. El Obispo de Veracruz es una de las más nobles y de 
.las más puras figuras de la Iglesia mexicana. 



CREPÚSCULO. 

Lento desciende el sol y se reclina 
'En nubes de ámbar, rosa y escarlata; 
Y resuélvese en lluvia de oro y plata 
.De los montes lejanos la neblina; 



96 POETAS VIVOS. 

Entre nimbos la estrella vespertina 
Brilla y treme; en el lago se retrata 
El nublado que grácil se dilata 
Donde rompe la bóveda azulina; 

El horizonte aclárase, y remeda 
Voraz incendio, tinte de amaranto 
El cielo cobra, el llano, la arboleda, 

Y junto al nido el postrimero canto 
Entona embebecida el ave leda 
Del sol poniente en el divino encanto. 



EN LA NOCHE. 

Parece medio día. ¡Tanto alumbra 
Húmedo el bosque salpicando Febe! 
Suave el cefirillo apenas mueve 
Aquella encina, que entre mil se encumbra. 

Sobre el Zempoala el Véspero relumbra 
Tendido encima de la blanca nieve; 
Y en la planada, el arroyuelo leve 
Como cinta de plata se columbra. 

Rutila el cielo; y se oye en la montaña 
De la abubilla el grito lastimero 
Que el eco reproduce en la camparía. 

Flérida, ven y sigúeme, pues quiero 
Gozar de aquesta noche. La cabana 
Cierra, amiga; te aguardo en el otero. 



POETAS VIVOS. 97 



AL AMANECER. 

Asoma, Filis, soñoliento el día 
Y llueve sin cesar; en los cercanos 
Valladares, al pie de los bananos, 
Mi grey se escuda de la niebla fría. 

Las vacas á sus hijos con porfía 
Llaman de los corrales, en pantanos 
Convertidos, y ruedan en los llanos 
Pardas las nubes y en la selva umbría. 

Oye. ... se arrastran sobre el techo herboso 
Los tiernos sauces con extraño brío 
Al mecerlos el viento vagoroso. 

Que, trayendo oleadas de rocío 
Por las rendijas entra querelloso: 
Prende el fogón, amiga, tengo frío^ 



Manuel E. Rincón. 

Nació en Oaxaca en el mes de Enero de 1841. Diputado al 
Congreso de la Unión. Son dignas de encomio sus poemas des- 
criptivas y jocosas. 

AUSENTE DE MI HIJA. 

No me habléis de la muerte. . . . Tengo miedo! 
Enferma la dejé, y estaba triste, 
Y desque verla por mi mal no puedo, 
Nadie viene á decirme si aun existe! 



98 POETAS VIVOS. 



Ella, el consuelo de mis tristes días, 
Lloraba presintiendo nuestra ausencia, 

Y al separar sus manos de las mías, 
Sentí que me arrancaban la existencia. 

Próxima estaba á declinar la tarde. 
— ¡Adiós! — me dijo con acento blando, 

Y al quererla abrazar, temblé cobarde, 

Y de su lado me alejé llorando. 

Brisas de Abril que acariciáis mi frente, 
Volad, volad hasta mi hogar, y en calma, 
Decid al ángel de mi amor ardiente 
Que tengo llena de dolor el alma. 



Alfredo Chavero. 



Nació en México el i? de Febrero de 1841. Obtuvo el título 
de abogado el 8 de Noviembre de 1861. Diputado al tercer Con- 
greso de la Unión en Septiembre de 1862, ha continuado des- 
empeñando el mismo cargo casi sin interrupción. Ha sido Go- 
bernador del Distrito Federal. Poeta dramático de mérito, y 
orador que se ha hecho oír siempre con gusto, á causa de su 
espontánea y fácil elocuencia, de sus efectos retóricos y de sus 
elegantes imágenes. Ha escrito para el teatro, y con tal pre- 
mura de tiempo, tantos dramas, que de él, como de Peón Con- 
treras, puede decirse que tuvo la fecundidad de I^ope de Vega. 
¡Calcúlese lo que habrían llegado á ser esos dos poetas dramá- 
ticos, si la indiferencia con que en México se ven las letras 
patrias, no los hubiera impulsado á abandonar la brega lite- 
raria por la lucha por la vida! 

El Sr. Chavero escribió las siguientes obras dramáticas: 



POETAS VIVOS. 99 



Xóchitl^ drama en 3 actos y en verso. — Bienaventurados los 
que esperan^ comedia en 3 actos y en prosa.— Za herfnanita 
de Santa Fe^ en unión de Peón Contreras, leyenda dramática 
en 3 actos y en verso. — El valle de lágrimas, drama en 3 ac- 
tos y en prosa. — Quetzalcoaily ensayo trágico en 3 actos y en 
verso. — Quien más grita puede más, sainete en un acto, en pro- 
sa y en verso. — Sin esperanza, drama en 3 actos y en verso. 
— En dos gabinetes, comedia en un acto y en verso. — El autor 
de su desdicha, comedia en tres actos y en verso. — El m^undo 
de ahoray comedia en 5 actos y en prosa. — La hertnana de los 
Avilas, drama en 3 actos y en verso (único que no se ha re- 
presentado). — Los amores de Alar con, poema dramático en 
3 actos y en prosa.— Una dama del gran mundo, comedia en 3 
actos y en verso. — Mi sombrero, comedia en un acto y en prosa. 
— El aviso en el puñal, drama en un acto y en verso. — El hu- 
racán de un beso, drama en 3 actos y en prosa (representado 
en España por D. Pedro Delgado).— J^z retrato, comedia en 
3 actos y en prosa (arreglo de una pieza francesa). — Elfiacre 
núm., ij, drama en 6 actos y en prosa, sacado de una novela 
de Montepin. — El paje de la virreina, zarzuela en 2 actos y en 
verso (música de Austri.) 

Arreglos: La reina índigo,— El duquesito. ^Francisco el 
de las m>edias azules. — El corazón y la mano, — La hija del 
tambor mayor, ^La gitana.— Carmen.— OH veta, 

k ALARCON. 

Perdona, ilustre poeta, 
Si turbo con mis cantares 
La paz que de tus pesares 
Hallaste en la tumba quieta. 

Tan desgraciado en la muerte 
Como lo fuiste en la vida, 
¿Por qué tu nombre se olvida? 
¿Por qué no muda tu suerte? 



loo POETAS VIVOS. 



Si fortuna en tu humildad 
Con un soplo te ayudara, 
I Quién mas que tú se elevara 
Grande en la posteridad? 

Pero todos se ocuparon 
De otros hombres y otra gloria. - 
Solo queda de tu historia 
Lo mucho que te burlaron. 

A Comeille diste modelos, 

Y al gran Moliere enseñaste, 

Y tu fama no miraste 
Levantada hasta los cielos! 

En tu vida, ¿cuándo afán 
Inspirabas, ni deseo. 
Si eras Xx'vsX^, pobre y feo, 

Y de mal talle. Donjuán f 

Que ni amistad ni respeto 
Te tuvieron, claro está; 

Y recordarlo será 
Justo, cuando no discreto. 

En donde esperaste hermanos. 
Sarcasmo sólo encontrabas; 

Y tal vez allí extrañabas 
Tus palmeros mexicanos. 

Acaso cuando anhelante 
Buscabas lejos del suelo. 
Un hombre, un amor, un cielo. 
Te heló la mofa punzante. 



POETAS VIVOS. lOI 



Y de Tirso la inclemencia 
Te mostró que puede hacer 
La prudencia en la mujer 
Un teólogo sin prudencia 

Si á Lope risa causaste, 
Pobre vate concorvado, 
Si quedaste apesarado 
Y por el pesar callaste, 

Bien pudiste contestar, 
Que hablar mal, por Dios, no toca 
A aquel que puso en su boca 
El premio del bien hablar. 

Tus obras otros también 
Acogieron con desprecios; 
Mas paguen, pues fueron necios. 
El desdén con el desdén. 

¿Qué justicia se ha inventado 
En el mundo, que consiente 
Castigarte duramente 
Sólo por ser jorobado? 

¿No miraron un momento 
En tu frente como estrella. 
La viva luz que destella 
En su esplendor el talento? 

¿ De tus jorobas no vieron 
Salir como perla pura 
De su concha, la hermosura 
Del ingenio que zahirieron ? 



POETAS VIVOS. 



¿ Para deslumhrar al mundo, 
No les dijo tu fiereza: 
No necesito belleza, 
En mi alma mi gloria fundo? 

A la caterva envidiosa 
Con grandeza contestaste, 

Y sus injurias pagaste 
Con La verdad sospechosa. 

Los cielos fueron testigos 
Que cuando te murmuraban, 
Tus labios les recitaban 
Tu pieza Ganar amigos. 

Volviste el bien por el mal, 

Y por curar su malicia, 
Inventaste la delicia 
De la comedia moral. 

Mas con tu ejemplo aprendimos, 

Y nos enseñó tu duelo, 
Que sólo nos cubre el cielo 
De la patria en que nacimos. 

Grande fuiste en la poesía, 
Pero más grande en el alma: 
Ay! ese recuerdo calma 
El llanto á la patria mía. 

Ella tiene un corazón 
Que vive de amor y gloria, 

Y ella ha grabado en su historia 
«A Don Juan Ruiz de Alarcón.» 



POETAS VIVOS. 103 



Ovidio Zorrilla. 



Nació en Mérida (Yucatán) el 29 de Abril de 1842. Ha es- 
crito elegías de mérito. 

Á DELFINA. 

Oprime diestra el mórbido teclado 
Tu blanca mano, angelical Delfina; 

Y yo me siento á la mansión divina 
En vehemente delirio arrebatado. 

¿Qué magia hay en la voz de ese acordado 
Dulce instrumento que al vibrar fascina? 
¿Por qué bajo tu influencia me domina, 

Y siento palpitar mi pecho helado? 

¡Oh mujer celestial, gloria del arte, 
Que así rindes el alma á tus antojos. 
Feliz quien puede oirte y admirarte! 

Yo lo soy junto á tí, libre de enojos 
Si por cada harmonía puedo darte 
Una lágrima triste de mis ojos! 



José Peón Contreras. 

Nació en Mérida (Yucatán) el 12 de Enero de 1843. Sena- 
dor de la Union. Recibióse de médico á los diez y nueve años. 
Ha publicado entre otros tomos de poesías: Ecos^ Romances 
históricos mexicanos^ Poesías líricas y Trovas colombinas. 



I04 POETAS VIVOS. 



Peón Contreras es el primer poeta dramático de México. Ha 
escrito las siguientes piezas: María la loca^ El castigo de Dios ^ 
El Conde de Santiesteban, Un idilio á la niñez, /Hasta el 
cielo! El sacrificio de la vida^ Gil González de Avilay La hija 
del rey. Un amor de Hernán Cortés, Luchas de honra y amor^ 
Juan de Villalpando, Impulsos del corazón, Esperanza, An- 
tón de Alaminos, El Conde de Peñalva, Entre tu tío y tu tía. 
Por el joyel del sombrero, El capitán Pedreñales, Soledad^ 
Gabriela y El padre José. 

Cuando Peón Contreras dio á la escena sus dramas, en una 
época de renacimiento literario en México, tuvo un éxito in- 
menso. 

En el apoteosis del sabio químico mexicano 

Dr. D. LEOPOLDO RIO DE LA LOZA. 

I No basta, patria mía, 
Que en pavorosa lucha 
Truene el cañón de la discordia impía, 
Que aun en los aires resonar se escucha ? 
¿No basta que .sangriento 
Marte descubra la altanera frente, 
Del Norte al Sur, del Este al Occidente, 

Y fatigado el viento, 
Del funeral lamento 
El eco gemebundo 

Lleve en sus alas por el ancho mundo? 
No basta. ... ¡no! ... La guerra 
Huye y el arma fratricida oculta, 
E insaciable á sus víctimas la tierra 
En sus entrañas lóbregas sepulta. . . . 
¡ Más devorar aun quiere ! 
Hambrienta gira su tenaz mirada 
La adusta Parca airada, 

Y asesta el golpe, y hiere. . . . 



POETAS VIVOS. 105 



¡Y en el hogar tranquilo, 

De su feroz guadaña el corvo filo 

Brilla implacable con tremendo encono. . . 

Allí donde Minerva alzó su trono! 

¡Allí donde al estudio doblegado 

Vimos el hombre al hombre consagrado! 

jEn donde su carrera, 

Perdida para el bien pasó ligera, 

Tal como suele, en el verano ardiente, 

De la dorada mies en la simiente 

La benéfica lluvia pasajera! 

¡Y él era orgullo del Anáhuac; era 

Rayo de sol que el bosque fecundiza, 

Arroyo cristalino 

Que lento se desliza 

Regando las malezas del camino! 

¡Árbol frondoso cuyas verdes ramas 

Al delicado arbusto 

Defienden del injusto 

Y ardiente azote de estivales llamas! 
¡ Montaña gigantea. 

Que el virginal tesoro 

Descubre al cabo, de la luz febea. 

En oculto filón, al rayo de oro! . . . 

Mas ¡oh traidora suerte! 

Nada contuvo de la horrible muerte 

La irresistible saña. . . . 

Se allanó la montaña; 

Velóse el rayo de la luz divina; 

Perdió su cauce el agua cristalina; 

Y de la tempestad al eco ronco, 

A tierra vino el formidable tronco. 
Así al cielo le plugo. 
¡Era mortal! ... Y al poderoso yugo, 
Mísera humanidad, estás sujeta! 
Como el débil infante, el fuerte atleta 



ip6 POETAS VIVOS. 



Al rudo golpe sucumbir debía. 

Y por eso lloráis. ... los que algún día 
Pendientes de su labio, 
Escuchasteis su acento; 

Los que en torno del sabio, 
Cultivabais las flores del talento. 
Todos juntos aquí. ... si el pecho late, 
Late por él, acongojado y triste; 
Que es triste ver al sol cuando desmaya. 
Cuando crespones funerales viste, 

Y hunde la frente en la remota playa. 
Breves horas no más. ... De noche augusta 
El carro rueda en la tiniebla fría. . . . 
Pronto la densa obscuridad sombría 

Se rompe, se deshace, se colora. . . . 

Plácida luz los horizontes dora. . . . 

Se enciende en refulgente llamarada 

La atmósfera apagada. 

Asoma en el Oriente 

Del astro rey la majestuosa frente; 

Tiembla al vivo fulgor la Parca herida, 

Y huye del templo de la eterna vida; 
Girando se revuelve, 

Deja al pasar su funeraria huella, 

Y en ese bronce helado 

¡Sus negras alas para siempre estrella! 
¡Yérguete altiva, de las ciencias diosa! 
Ora venimos á rasgar el velo 
Que ayer cubrió tu frente victoriosa: 
Ayer cruzando la encumbrada ruta, 
Que de ciprés marchito 

Y funeral crespón la patria enluta. . . . 
Florezca el lauro que tu sien corona. 
Emprenda altiva el prodigioso vuelo, 

Y el eslabón que al mundo te aprisiona,. 
Caiga en pedazos destrozado al suelo. 



POETAS VIVOS. 107 



Caiga. ... y tus alas remontando al cielo, 

Coronada de luz, el claro nombre 

Del varón inmortal. Minerva aclama; 

¡Tu voz el hielo de los tiempos rompa! 

¡Y eternice la fama 

El eco augusto en la sonora trompa! 



Justo Sierra. 



Nació en Campeche el 26 de Enero de 1848. En 1871, á los 
veintitrés años, sustentaba su examen profesional de abogado. 
Ha sido diputado al Congreso de la Unión, y actualmente es 
Magistrado de la Suprema Corte de Justicia Miembro corres- 
pondiente de la Real Academia Española. Sus producciones 
más notables son las novelas El ángel del porvenir y Las con- 
fesiones de un pianista y el Compendio ae Historia de la an-^ 
li^üedad. Orador de palabra fácil y desenvuelta, de frase lim- 
pia y castiza, de arrogante y soberbia actitud, de voz sonora 
y agradable, de ademanes imponentes y sobrios, de elocuen- 
cia llena de color y de vida, comparte con Francisco Bulnes 
el cetro de la oratoria; poeta el más conceptuoso acaso de los 
que han cantado en lengua castellana, de imágenes atrevidas 
y sublimes, de forma impecable y pura, primorosa y bella, se 
ha colocado en la poesía nacional á la cabeza de ese brillante 
grupo formado por Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, 
Juan de Dios Peza, Antonio Zaragoza, Luis G. Urbina y Jo- 
sé Juan Tablada. 

Justo Sierra pertenece á esa pléyade de f>oetas que, enca- 
bezados por el maestro Altamirano, produjo en nuestro país 
el vigoroso renacimiento literario que se produjo en el ocaso 
del Imperio y en la aurora de la República. 

PLAYERAS. 

Baje á la playa la dulce niña, 
Perlas hermosas le buscaré; 
Deje que el agua durmiendo ciña 
Con sus cristales su blanco pié. 



I08 POETAS VIVOS. 



Venga la niña risueña y pura, 
El mar su encanto reflejará, 

Y mientras llega la noche obscura, 
Cosas de amores le contará. 

Cuando en Levante despunte el día 
Verá las nubes de blanco tul, 
Como los cisnes de la bahía, 
Rizar serenas el cielo azul. 

Enlazaremos á las palmeras 
La suave hamaca, y en su vaivén 
Las horas tristes irán ligeras, 

Y sueños de oro vendrán también. 

Y si la luna sobre las olas 
Tiende de plata bello cendal, 
Oirá la niña mis barcarolas 
Al son del remo que hiende el mar. 

Mientras la noche prende en sus velos 
Broches de perlas y de rubí, 

Y exhalaciones cruzan los cielos, 
¡Lágrimas de oro sobre el zafir! 

El mar velado con tenue bruma 
Te dará su hálito arrullador, 
Que bien merece besos de espuma 
La concha nácar, nido de amor. 

Ya la marea, niña, comienza. 
Ven, que ya sopla tibio terral; 
Ven y careyes tendrá tu trenza 

Y tu albo cuello rojo coral. 



POETAS VIVOS. 109 



La dulce niña bajó temblando, 
Bañó en el agua su blanco pié; 
Después, cuando ella se fué llorando. 
Dentro las olas perlas hallé. 



En la inauguración de los cursos orales 
Del Colegio de Abogados. 

¿A qué dios levantáis estos altares? 
¿Y por qué con fragmentos seculares 
Hacéis un nuevo templo entre ruinas? 
¿El derecho? Es un nombre del pasado; 
Esqueleto grandioso sepultado 
En el polvo imperial de las colinas. 

¿ Por acaso, vosotros 
Vivís de espaldas á la luz? ¿Ignora 
La nueva ciencia vuestra antigua calma? 
¿ No visteis disiparse en una hora 
Esas sombras que huyeron de la aurora, 
Dios, el deber, la libertad y el alma? 

No nos habléis ya más del triste día 
En que por esas voces sin sentido 
El hombre en el patíbulo moría; 
No evoquéis esas épocas distantes 
En que sobre los siglos descollaban 
Las cabezas de algunos delirantes. 
El sabio ha sorprendido, 
Recordando aquel tiempo funerario, 
El nervio que vibrando ha producido 
Los momentos supremos del Calvario. 
Y también encontró la ciencia austera 



POETAS VIVOS. 



La enfermedad que iluminó la historia 
De Juana D' Are, con la inmortal hoguera, 
Hoy brilla el día de la humana gloria; 
Los espectros pasaron para siempre; 
Los sueños de Platón, los que por coro 
Del mar tuvieron el perenne grito, 
Son un celaje de oro 
Perdido en el azul del infinito. 

¿Por qué habláis de derecho? Alzad la frente: 
^ Veis esa espuma blanca en el espacio ? 
Cada átomo es un sol incandescente, 
Un mundo es cada chispa de topacio. . . . 
Bajad la vista. ... A vuestros pies reposa 
En las húmedas yerbas palpitantes 
La flor que al cielo muestra ruborosa 
Su tocado de trémulos diamantes. 

Ese sol y esa gota de rocío 
Dos moléculas son del universo, 
Sujetas ambas á la ley suprema 
Que el movimiento de los seres fragua, 
Y que engasta en su espléndida diadema 
Al sol de fuego y á la gota de agua. 
Esa ley es Iql fuerza. ¿Por qué el hombre, 
De la escala eternal grada mezquina, 
Una excepción sería? Fuerza eterna, 
Inmutable, inconsciente, di, ¿qué nombre 
Te ha dado el ser humano que adivina 
Tu acción en su cerebro? Te ha llamado 
Libertad. ¿Libertad? Mirad en torno. 

Del calor, de la luz que el sol derrama 
Nacen las fuerzas que la piedra encierra. 
Bebe en ellas la vida intensa llama. 
Una faz de la vida de la tierra 



POETAS VIVOS. II'I 



Es el hombre. La luz que del sol toma 
El planeta al cruzar el firmamento, 
En el lirio gentil se llama aroma, 
Y en el hombre se llama pensamiento. 

La luz, he ahí el creador, su fulgurante 
Movimiento produce el genio, nada 
Huye de su mirada centellante; 
Llora en el drama, ríe en el idilio; 
Ese destello lúgubre es el Dante, 
JEse rayo purísimo es Virgilio. 
"Todo es fatal y necesario. El templo 
Cerrad, pues; no hay un dios para estas aras. 
^Qué fé, qué fuerza interna aquí os retiene? 
^ Qué verdad superior su sello imprime 
En vuestra estéril ciencia? 
¿No veis que todo en la creación oprime? 

i No! Sentimos alzarse en lo profundo 
De nuestro ser un dios que no se nombra, 
Pero que eternamente alumbra al mundo 
Con la luz que jamás produce sombra. 
Es el testigo austero del misterio 
De nuestra vida, el que á la ciencia humana 
Arrancó de su inmenso cautiverio. 
El hizo del derecho una creencia; 
Sol del mundo moral de quien emana 
.Una protesta eterna: la conciencia. 

He ahí el divino origen de la idea 
A cuyo noble estudio hacéis propicio 
Este modesto templo. 
Do se llega á saber que el sacrificio 
Es algo más que un hecho, es un ejemplo. 
Por eso aquí se rinde 
,A la persona humana un culto santo. 



POETAS VIVOS. 



Al hombre, al ser que á su conciencia debe 
En la escala inmortal ir ascendiendo, 

Y haber tenido en su penosa vía 
La sonrisa de Sócrates muriendo, 

Y el sollozo de Cristo en la agonía. 

Al hombre que no sólo ha descubierto 
La vida entre los soles derramada, 

Y que en su corazón el eco siente 
De la creación entera que palpita 

Al par del ritmo de su sangre ardiente; 
Sino que supo con supremo aliento 
Acallar los embates furibundos 
De la pasión, y hallar, con noble calma, 
A Dios en la conciencia de los mundos, 

Y en su conciencia el alma. 

Comenzad vuestra obra; 
El libro del derecho abrid serenos, 
En sus páginas puras, fuente inmensa 
De razón y verdad tendrán los buenos. 
Comenzad vuestra obra; en ella impere 
Esta fórmula augusta que condensa 
El trabajo inmortal que el mundo inicia, 
¡Oh, libertad! bajo tu santo nombre: 
— Ni hay otra religión que la justicia. 
Ni hay otro rey que el hombre. 



Francisco Sosa. 



Nació en Campeche el 2 de Abril de 1848. Periodista y es- 
critor sesudo. Ha publicado las sijguientes obras: £¿ Episco- 
pado mexicano. Biografía de mexicanos distinguidos. Efem^é- 
rides históricas y biográficas. Los contemporáneos y Manual 
de biografía yucateca. Sosa es Miembro correspondiente de la 
Real Academia Española. 



POETAS VIVOS. 113 



A LELIA. 

Cuando marchite tus galanas flores 
El que es de la beldad fiero enemigo, 

Y en vano pidas protección y abrigo 
A los que fueron, Lelia, tus amores; 

Cuando todos te olviden; cuando llores 
En triste soledad, sin un amigo 
Que de tu pena ruda al ser testigo 
Anhele disipar tus sinsabores; 

Entonces ven á mí; conserva el pecho 
Puro el recuerdo de su afecto santo 

Y olvida tu pasado desvarío. 

Entonces, Lelia, ven; mi hogar estrecho 
Contigo partiré, que no lo es tanto 
Que en él no quepan tu dolor y el mío. 



Rafael de Zayas Enríquez 

Nació en Veracruz el 24 de Julio de 1848. Abogado, perio- 
dista y poeta lírico y dramático. Diputado al Congreso de la 
Unión. Uno de los escritores más inteligentes y de los libe- 
rales más sinceros del país. 

estío. 

La tierra yace en funeral sosiego 
Como vapor de oro difundido, 
Caliginoso aliento suspendido 
Vibrar se vé en la atmósfera de fuego. 



114 POETAS VIVOS. 



Tibia sombra la ceiba da al labriego; 
El ave muda ocúltase en el nido; 
Por el tábano el toro perseguido 
Busca el pantano, jadeante y ciego. 

Desfallecen las hojas de la planta; 
En el remanso, el cocodrilo aleve 
Acecha el gamo y la graciosa anta; 

Y en el aire se vé cual nube leve 
Serpentear el polvo que levanta 
La recia muía con el casco breve. 



Néstor Rubio Alpuche. 

Nació en Mérida (Yucatán) el 26 de Febrero de 1850. Ha 
«scrito delicadas composiciones poéticas, entre las cuales des- 
cuella el bellísimo soneto que á continuación insertamos. 



EL BESO EN SUEÑOS. 

Soñé una noche que á la luz primera 
Del astro del dolor, junto á una losa 
Contemplaba el lugar en que reposa 
La que amparó mi infancia pasajera; 

Cuando del aire, pálida viajera 
Vi bajar una sombra misteriosa, 
Suave como la niebla y vaporosa, 
Que detuvo á mi lado su carrera. 



POHTAS VIVOS. 115 



Acercóse y me vio con dulce anhelo: 
Yo estaba absorto y ella sonreía, 
Besó mi frente y recobró su vuelo. . . . 

¡Bienhechora visión! Desde ese día 
Allí está, digo siempre viendo al cielo. . 
¿Cuándo vuelves á verme, madre mía? 



Francisco G. .Cosmes. 

Nació en Hannover (Alemania) de padres mexicanos, el 
18 de Marzo de 1850. Periodista intencionado y hábil en las 
polémicas. 

En el cuarto centenario de Miguel Ángel. 

Vastago de esa raza de inmortales 
Que el cielo osaron escalar un día, 
Hacinando en sus odios colosales 
Ossa y Pelion para la lucha impía; 
En la existencia humana apareciste 
Cuando el mundo cristiano agonizaba: 
La antorcha de la fe se iba apagando; 
El peso abrumador del fanatismo, 
Cual campana neumática la ahogaba; 
La conciencia dormía, 
En las siniestras llamas del abismo 
La Iglesia sus hogueras encendía, 
Y el hombre presintiendo un cataclismo 
No pensaba, no más se estremecía. 

Llegaste, mas ¿de dónde? ¿Pudo acaso 
Algún mortal, decir en qué otro mundo 
Imprimiste la huella de tu paso? 



Il6 PORTAS VIVOS. 

No era el país donde su altiva frente 
Alza en un cielo de turquí el Parnaso; 
El tibio rayo de la luz de Oriente 
Que el verde acanto de Corinto dora, 
Jamás en su fulgoi resplandeciente 
Alumbró tu cabeza pensadora: 
Ni el mar de Jonia que gentil murmura 

Y con nombres poéticos resuena, 
Te vio pasar sobre su linfa pura 

A extasiarte sediento de hermosura 
En la belleza plástica de Elena. 

Si de un mundo viniste. 
Fué de un mundo poblado por titanes, 
Allí, donde frenéticos excitan 
Siniestros odios, vengativos manes, 
Donde el suplicio y el terror habitan, 

Y entre ruinas, maldición y estrago, 
De Dios las iras sin piedad se agitan^. 
Tú eres de esa pléyade sublime 

Que de improviso apareció en un cielo 
Cubierto de tinieblas y de muerte, 
A arrebatar en su gigante vuelo 
La humanidad inerte: 
Inmigración de genios soberanos, 
Que, á fin de merecer desde su altura 
Subir á darte el título de hermanos, 
Tuvieron que anunciarse á la existencia: 
Colón, de un mundo descorriendo el velo, 
Lutero, abriendo un cielo á la conciencia. 

Al mundo ya venías 
Doblegado del genio bajo el peso; 
El recuerdo de inmensas agonías 
Aun quedaba en tu semblante impreso; 
Tú mismo en tu poder te estremecías. 



POETAS VIVOS. 117 



Cuando al cumplir las órdenes fatales. 

Consultando tu fuerza, te sentías 

Nuncio de las venganzas celestiales. 

Nunca á tu vuelo conoció barrera 

Tu inspiración gigante: 

Tus alas de cóndor iban unidas 

A la fuerza de Atlante. 

Nuestro pequeño y miserable suelo 

Parecer ha debido muy mezquino 

A tu aliento fecundo; 

¡Necesitabas para lienzo un cielo, 

Y por materia que. esculpir, un mundo! 

¿ Dónde sacaste fuerzas, dónde aliento? 
¿ Cómo parar el ímpetu violento 
Conseguiste del tiempo, que en un día 
Sin ayuda acabaste creaciones 
Que el trabajo de tres generaciones 
Para iniciar, apenas bastaría? 
De los siglos la cuna y el sepulcro 
Abarcó tu pincel. ¿Quién no se siente 
Henchido el pecho de terror, mirando 
La suerte, en la Sixtina, de esta raza 
Que el campo de la vida va cruzando, 
¡Ay! gigantesca al paso que impotente? 
La vil materia con tus manos tocas, 
Y, en el fuego encendidas de tu idea, 
Sublime Anfión, haces hablar las rocas; 
Todo el mundo abarcaste con tus brazos; 
En obras en que el genio centellea 
Al mármol tu calor comunicaste. . . . 
¡Y al mismo tiempo, con pujante brío, 
De San Pedro la cúpula lanzaste, 
Cual globo de granito en el vacío! 



Il8 POETAS VIVOS. 



Llevabas en tu pecho el anatema 
Del nostálgico mal del infinito; 
Tus obras eran la expresión suprema 
Del angustioso grito 
Del genio en la prisión. Necesitabas 
Otro idioma, otras formas, otros hombres, 
Otro dios que tu mente interpretara. 
Como Moisés, en medio del desierto. 
¡Hablarle y contemplarle cara á cara! 
Tu alma estaba sedienta de lo inmenso: 
Te importaba muy poco 
Que el mundo adorador ó indiferente 
Palmas te diera ó te llamara loco; 
Para el mundo tenías 
El arma del desprecio omnipotente. 

Y admirado, temido, incomprensible, 
Sin inclinarte nunca bajo el yugo. 
Ibas, como el poeta del Infierno 
¡Grande como lo eterno! 

¡Solo como el verdugo! 

Y así cumpliste tu misión sombría, 
Pobre, sin amistad y sin amores. . . . 
¿Sin amores? Oh, no! Dos deshojaron 
Sobre tu mustia frente algunas flores; 
Puros y grandes como tú brotaron. . . . 
Mas ¡ah! la dulce Libertad moría 
Por más que entre la niebla del combate 
Tu mano á protegerla se extendía: 

Y cuando de tu lecho se alejaba, 
Llanto vertiendo el ángel de la gloria. 
Huérfano de tu altivo pensamiento 
¡Ay! te faltaba en tu postrer aliento 
El beso del amor de tu Victoria I^^'^ 

(i) victoria Colon na. 



POETAS VIVOS. 119 



Cuatro siglos pasaron 
Desde el día glorioso 
En que marcaste el mundo con tu huella, 

Y del arte en el cielo, todavía 

Tu nombre augusto sin rival destella. 
El hombre todavía se estremece 
Delante de tus obras inmortales, 
A medida que el tiempo raudo vuela, 
Tu titánica forma, crece, crece. . . . ! 

Nosotros tus sectarios, los que vimos 
El infinito abrirse ante lo excelso 
De tus apocalípticas creaciones; 
Los que tu nombre al escuchar, sentimos 
De entusiasmo latir los corazones; 
Reunidos hoy á tributar venimos 
En el templo del arte, el santo culto 
De admiración y de respeto al genio. 

Benigno acoge nuestra ofrenda humilde 
Desde el cielo inmortal de tu grandeza. 
]Sostennos en la lucha! Errantes vamos 
En un mundo de odio y de impureza. 
En esta vida, como tú, miramos 
Sumergirse nuestra alma en la amargura, 

Y desmayar nuestro tenaz empeño. . . . 
¡A nosotros también es grato el sueño 
Mie7itras el mal y la vergüenza dura! 



Juan de Dios Peza. 

Nació en México el 29 de Juuio de 1852. Ha dado á la es- 
cena tres obras en verso: La ciencia del hogar, Un epílogo de 
amor y Los últimos instantes de Cristóbal Colón, y á la es- 



POETAS VIVOS. 



tampa los siguientes libros de poesías: Horas de pasión, Can- 
ios del corazón , Cantos del ho^ar y La lira de la patria; y en 
colatx)ración con el (ieneral Vicente Riva Palacio, una obra 
cotí el nonit)re de Traducciones y leyendas mexicanas- Sus 
versos, traducidos al portugués, al italiano, al alemán y al ruso, 
han volado, como águilas triunfantes, por todas las regiones 
de los cielos. Y semejante éxito es merecido; porque las estro- 
fas de Peza son bellas, sentimentales, armoniosas, magníficas. 
Refiriéndose á Fusiles y muñecas^ poesía de Peza, tradu- 
cida al ruso, dijo en frase feliz el Duque Job: «que los fusiles 
del autor de los Cantos del hogar^ más venturosos que los de 
Napoleón I. habían logrado penetrar en San Petersburgo.» 
Peza es diputado al Congreso de la Unión. 

MI MEJOR LAURO. 

Con sus seis primaveras muy ufana, 
Quebrando con sus pies las hojas secas. 
Me recitó en el campo una mañana 
Mi hija mayor «Fusiles y Muñecas.» 

Repitiendo mis versos, no sabía 
Que colmaba el mayor de mis antojos: 
No me culpéis, si oyéndola sentía 
Lágrimas en el alma y en los ojos. 

¡Bien! exclamé; mi niña me interpreta 
Mejor que todas, aunque á nadie cuadre. 
Yo juzgarla creí como poeta, 

Y la estaba juzgando como padre. 

Llegó á la estrofa aquella en que la nombro. 

Y bajando hacia el suelo la mirada. 
Vi de pronto ponente, cou asombro. 
Su faz, más que una fresa, colorada. 



POETAS VIVOS. 



¿Qué tienes? pregunté; ¿por qué haces eso? 
¿Por qué ya nada de tu labio escucho? 

Y ella me respondió dándome un beso: 
— Me callo aquí, porque te quiero mucho. 

Nada valdrá tan candida respuesta 
Para el que en altas concepciones fijo, 
Medir no pueda, en ocasión cual ésta, 
Adonde alcanza el corazón de un hijo. 

Puedo deciros la verdad desnuda: 
Como en mis versos comprendió mi duelo, 
Por no hacerme sufrir quedóse muda; 
Por no verme llorar miraba al suelo. 

Yo alabando el poder de su memoria. 
Comprendí, perdonadme lo indiscreto, 
Que los mejores lauros de la gloria 
Son los que se cosechan en secreto. 

Vale más á mis ojos, siempre fijos 
En la eterna verdad, no en falsos nombres, 
La lágrima arrancada por mis hijos 
Que todos los aplausos de los hombres. 

Negó á mi numen su fulgor el genio: 
En el drama veraz de mis dolores. 
El fondo de mi hogar es el proscenio, 

Y mi padre y mis hijos los actores. 

No busco un lauro que mi frente ciña 
Ni pide aplausos mi laúd ingrato. . . . 
Pero. . . . ¿por qué me olvido de la niña 
Que suspendió turbada su relató? 



172 POETAS VIVOS. 



Pronto volvió su faz á estar serena, 

Y á brillar en sus labios la sonrisa, 
Porque el placer, lo mismo que la pena, 
Parta Hobrc los niños muy de prisa. 

— Tus versos voy á continuar diciendo — 

Y con más firme voz, soltóse hablando: 
¡Inocente! los dijo sonriendo, 

Y entonces yo los escuché llorando. 

Al terminar, sintiendo hecho pedazos 
Por el dolor mi corazón ardiente, 
Me interrogó, cruzándose de brazos 

Y mirándome el rostro, frente á frente: 

I Ay! dime, padre, cuando tú escribiste 
l^os mivsmos vervsos que de oírme acabas, 
i Por qué estabas mirándonos tan triste? 
Al mira nux^ jugar, ¿en qué pensabas? 

Y <iH>r qué-revSpondí — tan preguntona 
ludadas Kxs misterios de mi lira? 
- ■ Porque soy» tú lo has dicho, « una persona 
Que charla, que ct>menla y que suspira.» 

;Biuva r«/óul ¡Confórmame con eso! 
í No eiiís la que» si el duelo me avasalla, 
* Se me cuelga del cuello, me dá un beso. 
Se le sallan las ligrimas y calla?» 

; Yo sv^Y ' ; y v^ sv^y ! rae contestó orgnllosa^ 

Y hacíéudome vvviviar penas y agravios. 
Se me cv'^Igo viel vníello caríív>c>a. 

CVttv^ sus v^^.>s Y Nrsv^ tuts labren 



POETAS VIVOS. 123. 



Corrió alegre después tras otros niños 
Quebrando con sus pies las hojas secas, 
Y dejándome besos y cariños 
En premio de «Fusiles y Muñecas.» 



EL PRIMER PASO. 

Ya libre por los anchos corredores 
Das los primeros pasos, hija mía, 

Y al verte abandonar los andadores 
Quedo mudo y llorando de alegría. 

Sin que tu planta al caminar vacile 
Al levantar audaz el primer vuelo, 
No quieres que amoroso te vigile, 

Y sola vas acariciando el suelo. 

Muy pronto olvidarás que con mi mana 
Te daba apoyo con amor profundo 
Antes que á tu mandato soberano 
Pudieras andar sola por el mundo. 

Fe de mi hogar y flor de mis amores. 
Anhelo en el amor que el alma encierra 
Llenar de luz, de aromas y de flores 
Las sendas que atraviesas en la tierra. 

Ya diste con valor el primer paso 

Y con gozo y tristeza quedo al verte. . . . 
Tú vas hacia el cénit y yo al ocaso, 
¡Tal es la ley terrible de la suerte! 



124 POETAS VIVOS. 

Se humedecen mis ojos cuando miro 
Que puedes sola caminar ufana, 
Y exhala el corazón triste suspiro 
Meditando en tus pasos de mañana. 

Mas Dios te velará. . . .luce tus galas. . . . 
Avanza un paso más. . . .¡qué hermoso día! 
j Hoy abre el ángel de mi hogar sus alas. . . ! 
jHoy dio su primer paso mi María! 



MI PADRE. 

Yo tengo en el hogar un soberano, 
Único á quien venera el alma mía; 
Es su corona de cabello cano, 
LfSL honra su ley, y la virtud su guía. 

En lentas horas de miseria y duelo. 
Lleno de firme y varonil constancia, 
Guarda la fe con que me habló del cielo 
En las horas primeras de mi infancia. 

La amarga proscripción y la tristeza 
En su alma abrieron incurable herida; 
Es un anciano, y lleva en su cabeza 
El polvo del camino de la vida. 

Vé del mundo las fieras tempestades, 
De la suerte las horas desgraciadas, 
Y pasa, como Cristo el Tiberiades, 
De pie sobre las ondas encrespadas. 



POETAS VIVOS. 125 

Seca su llanto, calla sus dolores, 

Y sólo en el deber sus ojos fijos, 
Recoge espinas y derrama flores 
Sobre la senda que trazó á sus hijos. 

Me ha dicho: «i quien es bueno, la amargura 
Jamás en llanto sus mejillas moja, 
En el mundo la flor de la ventura 
Al más ligero soplo se deshoja. 

(í Haz el bien sin temer el sacrificio. 
El hombre ha de luchar sereno y fuerte, 

Y halla, quien odia la maldad y el vicio, 
Un tálamo de rosas en la muerte. 

«Si eres pobre, confórmate y se bueno, 
Si eres rico, protege al desgraciado, 

Y lo mismo en tu hogar que en el ajeno 
Guarda tu honor para vivir honrado. 

«Ama la libertad, libre es el hombre 

Y su juez más severo es la conciencia; 
Tanto como tu honor guarda tu nombre. 

Pues mi nombre y mi honor forman tu herencia.» 

Este código augusto, en mi alma pudo, 
Desde que lo escuché, quedar grabado; 
En todas las tormentas fué mi escudo, 
De todas las borrascas me ha salvado. 

Mi padre tiene en su mirar sereno 
Reflejo fiel de su conciencia honrada; 
¡Cuánto consejo cariñoso y bueno 
Sorprendo en el fulgor de su mirada! 



126 POETAS VIVOS. 



La nobleza del alma es su nobleza; 
La gloria del deber forma su gloria; 
Es pobre, pero encierra su pobreza 
La página más grande de su historia. 

Siendo el culto de mi alma su cariño, 
La suerte quiso que al honrar su nombre 
Fuera el amor que me inspiró de niño 
La más sagrada inspiración del hombre. 

Quiera el cielo que el canto que me inspira 
Siempre sus ojos con amor lo vean, 
Y de todos los versos de mi lira 
Estos los dignos de su nombre sean. 



BEBE. 

Cuenta Bebé dos meses no cumplidos, 
Pero burlando al tiempo y sus reveses. 
Como todos los niños bien nacidos 
Parece un señorón de veinte meses. 

Rubio y con ojos como dos luceros. 
Lo vi con traje de color de grana. 
En un escaparate de Plateros 
Un domingo de Pascua en la mañana. 

Iban conmigo Concha y Margarita, 
Y, al mirarlo las dos, ambas gritaron: 
«Mira, padre, qué cara t^n bonita,» 
Y, trémulas de gozo me miraron. 



POETAS VIVOS. 127 



¿Quién, al ver que en sus hijas se subleva 
La ambición de adueñarse de un muñeco, 
No se siente vencido, cuando lleva 
Dos duros en la bolsa del chaleco ? 

Ya vencido, pensé: si está comprado, 

Y como es natural, tiene otros dueños. 
Mis hijas perderán el encantado 
Palacio de sus mágicos ensueños; 

Pero movido el paternal cariño. 
Entré á la tienda á realizar su antojo, 

Y dije al vendedor: quiero ese niño 
De crenchas blondas y vestido rojo. 

Abrió entonces la alcoba de cristales, 
Tomó á Bebé, lo puso entre mis manos, 

Y convirtió á mis hijas en rivales, 
Porque el amor divide á los hermanos. 

«Para mí» — Concha me gritó importuna, 
-«Para mí» — me gritaba Margarita, 

Y yo les grité al fin, «para ninguna» 
Con la seca aridez de un cenobita. 

Reinó un silencio entre las dos, profundo, 

Y yo recordé entonces conturbado. 
Este axioma tristísimo del mundo, 
«Ser rival es odiar y ser odiado.» 

Y así pensé: no debo en corazones 
Que de la vida llaman á la puerta. 
Encender con el celo esas pasiones 
Que el odio atiza y el rencor despierta. 



128 POETAS VIVOS. 



La historia del amor con dos premisas 
Iguala á la mujer, y no os asombre; 
¡ Un muñeco en la edad de las sonrisas, 
Y en la edad de las lágrimas un hombre! 



Laura Méndez de Cuenca. 

Nació en la Hacienda de Tamariz, en las cercanías de Ame- 
cameca (Estado de México) el i8 de Agosto de 1853. Bllay 
Sor Juana Inés de la Cruz, son las mejores poetisas del país. 



¡OH CORAZÓN! 



i Oh corazón ! ¿ qué vales ni qué puedes 
De este vivir en el artero abismo, 
Si presa tú de las mundanas redes 
Eres siervo y señor á un tiempo mismo? 

<i Quién á tu ley su vanidad no humilla ? 
¿A quién, si ruegas, tu humildad no mueve? 
¿Eres luz y verdad? ¿Eres arcilla? 
¿Guardas lo eterno, ó lo mudable y breve? 

¿ Qué vínculo, qué lazo hay en tu esencia 
Entre el yo pensador y el sentimiento I 
¿ Al pensamiento guardas obediencia, 
O dominas audaz al pensamiento? 

¿Por qué formas de amor volcán hirviente 
Si tu latir á otro latir responde? 
¿ Dónde guardas del odio la serpiente. 
La torpe envidia y la ambición en dónde? 



POETAS VIVOS. 129 

Yo no lo sé; mas la virtud y el vicio 
Juntos te inspiran por extraño modo: 
Si abnegado, capaz del sacrificio; 
Reprobo y criminal, capaz de todo. 

Invisible poder tu curso enfrena; 
Múltiple forma á tu capricho mudas: 
Tétrico en Hamlet, triste en Magdalena, 
Sublime en Jesucristo, real en Judas. 

Amas al mundo y sueñas con el cielo, 
Tremenda lucha en que tu ser exhalas; 
Así el ave nacida para el vuelo 
Calienta el nido en que plegó las alas. 

Ruedas á veces á la cripta muda, 
De beatífica fe sublime ejemplo, 

Y otras roído por sangrienta duda 
Mártir expiras al umbral del templo. 

Ya eres ternura y místico idealismo; 
Ya deleite sensual de amante pena; 
Ora fe y religión, ora ateísmo. 
Dogma que salva y duda que condena. 

Penumbra 6 claridad, verdad ó mito. 
Vives, palpitas, gozas y padeces; 
Por el amor confiesas lo infinito, 

Y aceptas el infierno si aborreces. 

jQué batallar con la pasión á solas! 
i Qué fiera lid á solas con la idea! 
i Qué dejar en el ara en que te inmolas 
Carne que abrasa y sangre que caldea! 



I30 POETAS VIVOS. 

¡Qué vida tan inquieta la del mundo! 
¡Qué promesa tan dulce la del cielo! 
La Muerte. . . . ¡qué misterio tan profundo! 
La Nada. . . . ¡qué terrible desconsuelo! 

Cese ya, corazón, tu lucha fiera 

Y que la luz al pensamiento acuda; 

Si eres fango no más, ¿por qué se espera? 
Si eres obra de Dios, ¿por qué se duda? 

¡ . . . Misterio nada más! ... y quien osado 
Pretenda conocerte. . . . ¡pobre loco! 
Vives para ser barro demasiado, 

Y para ser verdad vives muy poco. 



Rafael Delgado. 



Nació en Córdoba (Estado de Veracruz) el 20 de Agosto 
de 1853. Ha escrito dos novelas que le han dado justa reputa- 
ción literaria: La calandria y Angelina. Miembro correspon- 
diente de la Academia Mexicana. 

EN US MONTAÑAS. 

Todo lo enerva la pesada siesta: 
En el maizal el céfiro reposa 
Y busca la cerúlea mariposa 
El húmedo frescor de la floresta. 

Al acabar la campesina fiesta 
Que en regocijo popular rebosa. 
Toda la gente, en procesión piadosa, 
Sube y transpone la empinada cuesta. 



POETAS VIVOS. 131 

Cesa el petardo de atronar el viento, 
Acalla el campanario su alegría 
En el fondo del valle soñoliento, 

Y repitiendo va la serranía 
El son del tamboril, pausado y lento, 
Y el llorar de la triste chirimía 



Salvador Díaz Mirón. 

Nació en Veracruz el 14 de Diciembre de 1853. Diputado 
al Congreso de la Unión. Poeta de vuelo y orador de brío. 
Ik)s versos de este orfebre de la rima, elegantes, puros, sin 
mancha, de una suprema impecabilidad de forma, son invio- 
lables á la crítica, sin carecer por eso del exotismo de imá- 
genes y del atrevimiento de estilo de Justo Sierra. Díaz Mirón 
prefiere, acertadamente, al lujo oriental la pureza helénica. 

A GLORIA. 

( Fragmentos de un libro. ) 

No intentes convencerme de torpeza 
Con los delirios de tu mente loca! 
Mi razón es al par luz y firmeza, ' 
Firmeza y luz como el cristal de roca! 

Semejante al nocturno peregrino. 
Mi esperanza inmortal no mira el suelo: 
No viendo más que sombra en el camino, 
Sólo contempla el esplendor del cielo! 



132 POETAS VIVOS. 



Vanas son las imágenes que entraña 
Tu espíritu infantil, santuario obscuro! 
Tu numen, como el oro en la montaña, 
Es virginal, y por lo mismo, impuro! 

A través de este vórtice que crivSpa, 
Y ávido de brillar, vuelo ó me arrastro, 
Oruga enamorada de una chispa, 
O águila seducida por un astro! 

Inútil es que con tenaz murmullo 
Exageres el lance en que me enredo: 
Yo soy altivo, y el que alienta orgullo 
Lleva un broquel impenetrable al miedo! 

Fiado en el instinto que me empuja, 
Desprecio los peligros que señalas. 
«El ave canta aunque la rama cruja: 
Como que sabe lo que son sus alas!» 

Erguido bajo el golpe en la porfía. 
Me siento superior á la victoria. 
Tengo fe en mí: la adversidad podría 
Quitarme el triunfo, pero no la gloria! 

¡Deja que me persigan los abyectos! 
i Quiero atraer la envidia, aunque me abrume! 
La ñor en que se posan los insectos 
Es rica de matiz y de perfume ! 

El mal es el teatro en cuyo foro 
La virtud, esa trágica, descuella; 
Es la sibila de palabra de oro; 
La sombra que hace resaltar la estrella! 



POETAS VIVOS. 133 



¡Alumbrar es arder!— ¡Estro encendido 
Será el fuego voraz que me consuma! 
La perla brota del molusco herido 

Y Venus nace de la amarga espuma! 

Los claros timbres de que estoy ufano 
Han de salir de la calumnia ilesos. 
Hay plumajes que cruzan el pantano 

Y no se manchan. . . ¡ Mi plumaje es de esos! 

¡Fuerza es que sufra mi pasión ! —La palma 
Crece en la orilla que el olaje azota. 
El mérito es el náufrago del alma: 
Vivo, se hunde; pero muerto, flota! 

Depon el ceño y que tu voz me arrulle! 
Consuela el corazón del que te ama! 
Dios dijo al agua del torrente: bulle! 

Y al lirio de la margen: embalsama! 

Confórmate, mujer!— Hemos venido 
A este valle de lágrimas que abate, 
Tú, como la paloma, para el nido, 

Y yo, como el león, para el combate! 



S U R S U M . 

Áj. s. 

¡Cuan grata es la ilusión á cuyos lampos 
tienen perenne vida los amores, 
inmarcesible juventud los campos 
y embriagadora eternidad las flores! 
¡Cuan vivido es el iris que colora. 



134 POETAS VIVOS. 

magia oriental, la suspirada orilla, 

y á cuyo hermoso resplandor de aurora 

radia hasta el fango que después mancilla! 

La verdad, si engrandece la conciencia, 

devora el corazón, nunca sumiso: 

es el fruto del árbol de la ciencia, 

y siempre hace perder el paraíso. 

Mas aunque el bardo mate la quimera, 

y desvíe y aparte de sus ojos 

el prisma encantador, y por doquiera 

mire sombras y vórtices y abrojos, 

ha de cantar la redentora utopia, 

como otra estatua de Memnón que suena, 

y ser, perdida la esperanza propia, 

el paladión de la esperanza ajena! 

Cuando el mundo, ese Tántalo que aspira 
en vano al ideal, se dobla al peso 
de la roca de Sísifo, y expira 
quemado por la túnica de Neso; 
cuando al par tenebroso y centellante 
imita á Barrabás y adora al Justo, 
y pigmeo con ansia de gigante 
se retuerce en el lecho de Procusto; 
cuando gime entre horribles convulsiones, 
para expiar sus criminales yerros, 
mordido por sus ávidas pasiones, 
como Acteón por sus voraces perros; 
cuando sujeto á su fatal cadena 
arrastra sus desdichas por los lodos, 
y cada cual, en su egoísta pena, 
vuelve la espalda á la aflicción de todos; 
el vate, con palabras de consuelo 
debe elevar su acento soberano, 
y consagrar, con la canción del cielo, 
no su dolor, sino el dolor humano! 



POETAS VIVOS. 135 

Sacro blandón que en la capilla austera 
arde sin tregua, como ofrenda clara, 
y consume su pábilo y su cera 
por disipar la lobreguez del ara; 
vaso glorioso en donde Dios resume 
cuanto es amor, y que para alto ejemplo 
gasta y pierde su llama y su perfume 
por incensar en derredor el templo; 
sublime Don Quijote que ambiciona 
caer al fin entre el fragor del rayo, 
torcida y despuntada la tizona 
y abierto y rojo por delante el sayo; 
ave fénix que en fúlgidas empresas 
aviva el fuego de su hoguera dura, 
y muere convirtiéndose en pavesas 
de que renace victoriosa y pura. . . . 
¡Eso es el bardo en su fatal destierro! 
Cantar á Filis por su dulce nombre, 
cuando grita el clarín: ¡despierta, hierro! 
¡Eso no es ser poeta ni ser hombre! 

Mientras la musa de oropel y armiño 
execra el polvo por amar la nube, 
y hace sus plumas con la fe de un niño 
y hacia un azul imaginario sube; 
mientras Ofelia, con el pecho herido 
por Hamlet y sus trágicos empeños, 
marcha á las ondas del eterno olvido, 
cogiendo flores y cantando sueños; 
el numen varonil entra en la arena, 
prefiriendo al delirio y al celaje 
la ciudad con sus ruidos de colmena 
y el pueblo con sus furias de oleaje; 
y contempla la tierra purpurada, 
y toma y alza, con piedad sencilla, 
un montón de esa arcilla ensangrentada. . . . 



136 POETAS VIVOS. 

y ese montón de ensangrentada arcilla 
adquiere vida entre su mano estoica, 
vida inmortal y fulgurantes alas, 
y en él respira una belleza heroica, 
como en la estatua de la antigua Palas! 

Guardar silencio y poseer la trompa, 
la recia trompa á cuya voz no exigua 
vendría á tierra, con su estéril pompa, 
el muro hostil de la ciudad antigua; 
ser un Aquiles que á la lid prefiera 
recordar á Briseida en el retiro 
aunque Patroclo batallando muera. . . . 
¡Eso es mentir á Dios! Pero qué miro! 
Cual la crin de un raudal que de alto arranca 
tus cabellos se agitan. . . . ¡Oh maestro! 
¿ Por qué sacudes la cabeza blanca, 
cual si quisieras arrojar el estro? 
¿Por qué no te alzas á la faz de Harmodio, 
y no repeles, cuando Atenas grita, 
esa montaña de calumnia y odio 
que sobre tu hombro de titán gravita? 
Tu Etna será para tu fuerza flojo; 
confía en tí y á tu misión no faltes, 
que al hado cruel que lapidó tu arrojo 
irá el volcán cuando debajo saltes! 
¡Rompe en un himno que parezca un trueno! 
El mal impera de la choza al solio; 
todo es dolor ó iniquidad ó cieno, 
pueblo, tropa, senado y capitolio. 
¡Canta la historia al porvenir que asoma, 
como Suetonio y Tácito la escriben! 
¡Cántala así, mientras en esta Roma 
Tiberios reinen y Seyanos priven! 
¡Abre la puerta al entusiasmo ausente; 
mueve de un grito el desusado gonce; 



POETAS VIVOS. 137 



y como á chorros xie fusión ardiente, 
vierte en los mimbres el vigor del bronce! 
¡Derrama el verbo cuyos soplos crean 
la fe que anima y el valor que salva, 
y que á tu acento nuestras almas sean 
como tinieblas que atraviesa el alba! 
Para el poeta de divina lengua 
nada es estéril, ni la misma escoria. 
Si cuanto bulle en derredor es mengua, 
sobre la mengua esparcirás la gloria! 



Javier Santa María. 

Nació en México el 3 de Diciembre de 1853. Bn 1870 era 
ya redactor del Siglo XIX, y desde entonces no ha dejado de 
trabajar en el periodismo nacional y extranjero. Publicó en 
1881 una pequeña colección de versos editada en Mérida, y 
más tarde dio á la estampa un libro titulado Mis poemas cor* 
tos, editado en Barcelona en i88s. Ha escrito las siguientes 
obras dramáticas: Cotno hay muchos^ De novia. Dramas rea- 
listas, La solución del problema y Dónde está Dios. 
Tal es la labor literaria de este sesudo periodista y hábil 
poeta. 

EL BUHO. 

Escucho á veces tu graznido lúgubre 

Vibrar cerca de mí, 
Y entre la sombra densa miro fúlgidos 

Tus ojos relucir. . . . 



138 POETAS VIVOS. 

¿ Para qué me persigues recatándote 

Si no huyo de tí, 
Ni pretendo luchar y espero impávido 

Que me vengas á herir? 

Ya sé que llegas del obscuro piélago 
Donde todo halla fin, 

Y sé también lo que impaciente y ávido 
Me vienes á exigir. 

Penetra sin tardar en lo recóndito 

De mi pecho infeliz; 
No te engañó tu instinto. Ven y tómalo, 

Aquí está el muerto, aquí! 



Porfirio Parra. 

Nació en Chihuahua, capital del Estado del mismo nombre, 
el 26 de Febrero de 1854. Médico y filósofo distinguidísimo 
que es visto como el jefe de la escuela positivista, fundada en 
México por el finado Dr. Gabino Barreda. 

ARISTÓTELES. 

¡ Después de tantos siglos aún se admira 
Lo que esculpió su laboriosa mano! 
Al griego doctrinó, como al cristiano, 
El filósofo egregio de E^tagira. 

La inteligencia á comprender aspira 
Lo que dictó aquel genio soberano, 
Que á la humana razón rigió tirano, 
Y al que ella, al renacer, severa mira. 



POETAS VIVOS. 139 



Del cetro del saber audaz despoja 
Al titán Aristóteles la duda, 
Y escorias acres á la faz le arroja. 

Hoy que en la ciencia la razón se escuda, 
Ni teme al de Estagira, ni la enoja, 
Antes bien con respeto le saluda. 



Antonio Zaragoza. 

Nació en Guadalajara, capital de Jalisco, el 28 de Febrero 
de 1855. Abogado, periodista y Secretario de Gobierno del Te- 
rritorio de Tepic. Sus versos son notables por la dulzura y la 
armonía que los caracteriza. Zaragoza es, sin duda, uno de los 
primeros poetas de la República. 

ANTE EL MAR. 

El cielo está purísimo y risueño. 
Mueven las palmas sus esbeltas frondas, 
Y al canto sollozante de las ondas. 
Entro al mundo infinito del ensueño. 

Anhelo mis tristezas referirte, 
Inmenso mar, y tu amistad reclamo; 
Quiero dormir en tu profunda sirte, 
Inmenso mar. Yo te amo! 

Cuando te irritas, tu furor asusta; 
Te calmas, y produce tu alegría 
No júbilo ruiseño, sino augusta, 
Honda melancolía. 



I40 POETAS VIVOS. 



Hoy que estamos á solas 
Apagarás mi sed de poesía; 
Amargas cual mi llanto son tus olas, 

Y tu tristeza hermana de la mía. 

Sublime y honda majestad ostenta 
El sol que moribundo se derrumba, 
Como César herido en la sangrienta 
Púrpura de Occidente, inmensa tumba! 

Esas ondas que lanzan 
Centelleos rojizos, me parecen 
Corazones que están ensangrentados 
Por las zarzas del mundo, y resplandecen 
Con los destellos del dolor sagrado. 

Allá en el horizonte, allá muy lejos, 
Despide el sol poniente 
Los últimos purísimos reflejos. 

Para llegar al disco incandescente 
Preciso es recorrer la mar sañuda, 
Domar al viento y al turbión rugiente, 
¡Inmenso batallar, victoria ruda! 

La verdad es un sol que lejos brilla; 
Para llegar á su fulgor fecundo 
Es preciso cruzar en frágil quilla, 
Con deshecha borrasca, el mar del mundo. 

El escollo destroza 

Y devora el abismo. Los villanos 
Sucumben con mortal abatimiento. 
Libres se alzan los seres soberanos; 
¿Qué importan á las águilas del viento 
Abismos y pantanos? 



POETAS VIVOS. 141 



Al infinito alcanza 

Y del vórtice horrendo triunfar sabe 
Con sus alas el ave; 

El hombre con la fe, con la esperanza. 

Padecer es triunfar. El que se abate 
No alcanza lauros de suprema gloria. 
Si dice el fiero mar: (csoy el combate,» 
Contesta el cielo azul: «yo la victoria!» 

Cruza el hombre la tierra gemebundo, 
Al ver el mal como el dolor inmenso, 
Que el Señor le ha formado á veces pienso, 
Con los ríos de lágrimas del mundo. 

Cuando la furia de los vientos crece. 
El mar con la tormenta se agiganta. 
Sufrir es ascender: la lucha es santa. 
La calma es dulce, pero no enaltece, 

Y rudo es el pesar, pero levanta. 

Cada altura es un gólgota. Reviste 
El humano dolor formas divinas, 
Lo grande es siempre triste. 
La corona mejor es la de espinas. 

Las olas y las almas se destrozan 
En los escollos del pesar impío. 
Hay seres tristes que en su pena gozan, 
La fe ilumina su dolor sombrío. 
Esas olas no saben y sollozan, 

Y yo, que sé, sonrío! 



142 POETAS VIVOS. 



Manuel José Othón. 

Nació en San Luis Potosí el 14 de Junio de 1858. Ha escrito 
los siguientes dramas: Herida en el corazón^ La sombra del 
hogar y La cadena de flores. Después de la muerte y Lo que 
hay detrás de la dicha. Miembro correspondiente de la Aca- 
demia Mexicana. Tiene la musa virgiliana de este poeta el 
encanto y la frescura de una inspiración espontánea, juvenil 
y vigorosa. En las estrofas de Othón se refleja la clara y triun- 
fante luz del cielo del Septentrión americano. Dulce como Pa- 
gaza y Pesado en sus sonetos bucólicos, y majestuoso como 
Sierra en su Himno de los bosques, el bardo potosino se ha 
conquistado legítimamente uno de los primeros puestos de la 
literatura nacional. 



NOCHE RUSTICA DE WALPÜRGIS. 

(Sinfonía Dramática.) 

A José Peón y Contreras. 

I 

INVITACIÓN AI. POETA. 

Coge la lira de oro y abandona 
el tabardo; descálzate la espuela, 
deja las armas, que para esta vela 
no has menester ni daga ni tizona. 

Si tu voz melancólica no entona 
ya sus himnos de amor, conmigo vuela 
á esta región que asombra y que consuela, 
pero antes ciñe la triunfal corona. 



POETAS VIVOS. 143 

Tú, que de Pan comprendes el lenguaje, 
ven de un drama admirable á ser testigo. 
Ya el campo eleva su canción salvaje; 

Venus se prende el luminoso broche. . . . 
Sube el agrio peñón, y oirás conmigo 
lo que dicen las cosas en la noche. 

II 

INTEMPESTA NOX. 

Media noche. — Se inundan las montañas 
en la luz de la luna transparente 
<[ue vaga por los valles tri.stemente 
y cobija, á lo lejos, las cabanas. 

Lanzas de plata en el maizal las cañas 
parecen al temblar, nieve el torrente, 
y se cuaja el pavor trágicamente 
del barranco en las lóbregas entrañas. . . . 

Noche profunda, noche de la selva, 
de quimeras poblada y de rumores, 
sumérgenos en tí; que nos envuelva 

el rey de tus fantásticos imperios 
en la clámide azul de sus vapores 
y en el sagrado horror de tus misterios. 

III 

EL HARPA. 

Hay en medio del rústico boscaje 
un tronco retorcido y corpulento: 
enorme roca sírvele de asiento 
y frondas opulentas de ropaje. 



144 POETAS VIVOS. 



Cuando, como á través de fino encaje, 
el rayo de la luna tremulento 
pasa, desde el azul del firmamento, 
la verde filigrana del follaje, 

desbarátase en haz de vibradores 
hilos de luz que tiemblan cual tañidos 
por un plectro que el céfiro menea. 

¡Harpa inmensa del campo! no hay cantores 
que á tus himnos respondan, no hay oídos 
que comprendan tu estrofa gigantea. 



IV 

EL BOSQUE. 

Bajo las frondas trémulas é inquietas 
que forman mi basílica sagrada, 
ha de escucharse la oración alada, 
no el canto celestial de los poetas. 

Albergue fui de druidas. Los ascetas 
en mis troncos de crústula rugada 
infligieron su frente macerada 
y colgaron sus arpas los profetas. 

Y en tremenda ocasión el errabundo 
viento espantado suspendió su vuelo, 
al escuchar de mi interior profundo 

brotar, con infinito desconsuelo, 
la más grande oración que desde el mundo 
se ha alzado hasta la cúpula del cielo. 



POETAS VIVOS. 145 



V 
EL RUISEÑOR. 

Oid la campanita, cómo suena ; 
el toque del clarín, cómo arrebata ; 
las quejas en que el viento se desata 
y del agua el correr sobre la arena. 

Escuchad la amorosa cantilena 
de Favonio rendido á Flora ingrata, 
y la inmensa y divina serenata 
que Pan modula en la silvestre avena. 

Todo eso hay en mis cantos. Me enamora 
la noche; de los hombres soy delicia 
y paz: y entre los árboles cubierto, 

sólo yo alcé mi voz consoladora, 
como una blanda y celestial caricia, 
cuando mi Dios agonizó en el huerto. 



VI 
EL RIO. 

Triscad, ¡oh linfas! con la grácil onda; 
gorgoritas, alzad vuestras cauciones; 
y vosotros, parleros borbollones, 
dialogad con el viento y con la fronda. 

Chorro garrulador, sobre la honda 
cóncava quiebra rómpete en girones 
y estrella contra riscos y peñones 
tus diamantes y perlas de Golconda. 



146 POETAS VIVOS. 



Soy vuestro padre el río. Mis cabellos 
son de la luna pálidos destellos, 
cristal mis ojos del cerúleo manto. 

Es de musgo mi barba transparente, 
ópalos desleídos son mi frente 
y risas de las náyades mi canto. 

Vil 

LAS ESTRELLAS. 

¿Quién dice que los hombres nos parecen, 
desde el profundo mar del firmamento, 
átomos agitados por el viento, 
gusanos que se arrastran y perecen? 

¡No! Sus cráneos que heroicos se estremecen 
son el más grande asombrador portento: 
j fraguas donde se forja el pensamiento 
y que más que nosotras resplendecen ! 

Bajo la estrecha cavidad caliza, 
las ideas, en ígnea llamarada 
contemplamos arder, y es, ante ellas, 

toda la creación polvo y ceniza. . . . 
¡Los astros son materia inanimada 
y las humanas frentes son estrellas! 

VIII 

KL GRILLO. 

¿ Dónde hallar, oh mortal, las alegrías 
que con mi canto acompañé en tu infancia? 
¿Quién mide la enormísima distancia 
que éstos separa de tan castos días? . . . 



POETAS VIVOS. 147 



Luces, flores, perfumes, harmonías, 
sueños de poderosa exuberancia 
que llenaron de albura y de fragancia 
la vida ardiente con que tú vivías, 

ya nunca volverán; pero cantando, 
cabe la triste moribunda hoguera, 
de tu destiuída tienda bajo el toldo, 

hasta morir te seguiré mostrando 
la ilusión en la llama postrimera, 
el recuerdo en el último rescoldo. 



IX 

LAS AVES NOCTURNAS. 

¡A infundir con el vuelo y los chirridos 
más horror en la noche, más negrura 
en los antros del monte, y más pavura 
en las ruinas de sótanos hendidos! 

¡A seguir á los pájaros perdidos 
de la arboleda entre la sombra obscura, 
y con la garra ensangrentada y dura 
á darles muerte y á asolar sus nidos! 

¡Desde la cruz del viejo campanario, 
á lanzar tan horrísonos acentos 
que el valor más indómito se quiebre! 

¡De dientes estridor, crujir de osario 
á remedar, y trágicos lamentos, 
y espasmódicos gritos de la fiebre! . . . 



148 POETAS VIVOS. 



X 

LOS MUERTOS. 

¡Piedad! ¡misericordia! . . . Fueron vanos 
tanto soberbio afán y lucha tanta. 
¡Ay! por nosotros vuestra queja santa 
levantad al Señor. ¡Orad, hermanos! 

Si oyerais el roer de los gusanos 
en el hondo silencio, cómo espanta, 
sintierais oprimida la garganta 
por invisibles y asquerosas manos. 

Mas no podéis imaginar los otros 
tormentos que hay bajo la losa fría: 
¡la falta, la carencia de vosotros; 

la soledad, la soledad impía! . . . 
¡Ay, que llegue, oh Señor, para nosotros, 
de la resurrección el claro día! 

XI 

EL POETA. 

Vamos al aquelarre. — En la sombría 
cuenca de la montaña, las inertes 
osamentas se animan á los fuertes 
gritos que arroja la caterva impía. 

Van llegando sin Dios y sin María, 
présagos de catástrofes y muertes. . . . 
Pienso que el cielo llora. ... ¿no lo adviertes? 
La luna es una lágrima muy fría. — 

Tras nahuales y brujas, el coyote 
aulla feroz, y lúgubre corea 
tan monstruoso concierto el tecolote; 



POETAS VIVOS. 149 



la lechuza con silbo horripilante 
se junta á la fatídica ralea, 
¡y el Vaquero Marcial^^^ llega triunfante. 



XII 

LAS BRUJAS. 

— Todas las noches me convierto en cabra, 
Para servir á mi señor el chivo, 
pues, vieja ya, del hombre no recibo 
ni una muestra de amor, ni una palabra. 

— Mientras mi esposo está labra que labra 
el terrón, otras artes yo cultivo. 

¿Ves? traigo un niño ensangrentado y vivo 
Para la cena trágica y macabra. 

— Sin ojos, pues así se ve en lo obscuro 
como ven los murciélagos, yo vuelo 
hasta escalar del camposanto el muro. 

— Trae un cadáver frío como el hielo. 
Yo á los hombres daré del vino impuro 
que arranca la esperanza y el consuelo. 

XIII 

LOS NAHUALES. 

¡Sus, Vaquero Marcial! De nuestra boca 
los conjuros oirás: aunque en la brega 
quedaste vencedor, siempre á tí llega 
de los hombres la voz que te provoca. 

(i) Nombre con que generalmente es designado el demonio por la 
gente pobre del campo. 



I50 POKTAS VIVOS. 

Por donde quiera el mal! Tu mano toca 
las campiñas también.— Ya en ronda ciega, 
el coro de las brujas se despliega 
de tí en redor, sobre la abrupta roca. 

Hijas sois de la víbora y el sapo: 
de vuestro hediondo seno sacad presto 
las efigies ridiculas de trapo. 

¡Oh, representación de los mortales! 
mostrad aquí vuestro asombrado gesto 
en la danza infernal de los nahuales. 



XIV 

EL GALLO. 

Hombre, descansa. De tu hogar ahuyento 
el nocturno terror y estoy en vela. 
Sombras de muerte cuyo soplo hiela, 
con mi agudo clarín os amedrento. 

Huya la luz y te descuide el viento 
por preludiar su dulce pastorela. 
Contra el mal, poderoso centinela, 
á su paso espectral estoy atento. 

No te inquiete el horrísono alarido 
que escuches en tu sueno, por la vana 
pesadilla maléfica oprimido. 

Yn pondrá fin á su croar la rana, 
y yo con alegrísimo sonido 
entonaré la vencedora diana. 



POETAS VIVOS. 151 



XV 

LA CAMPANA. 

¿Qué te dice mi voz á la primera 
luz auroral? «La muerte está vencida, 
ya en todo se oye palpitar la vida, 
ya el surco abierto la simiente espera.» 

Y de la tarde en la hora postrimera: 
«Descansa ya. La lumbre está encendida 
en el hogar». ... Y siempre te convida 
mi acento, y te persigue donde quiera. 

Convoco á la oración á los vivientes, 
plaño á los muertos con el triste y hondo 
son de sollozo en que mi duelo explayo. 

Y al tremendo tronar de los torrentes 
en pavorosa tempestad, respondo 

con férrea voz que despedaza el rayo. 



XVI 

UN TIRO. 

Duda mortal del alma se apodera 
al oír en la noche la lejana 
detonación, que turba y que profana 
el silencio del bosque y la pradera. 

¿Será la bala rápida y certera 
que pone fin á la existencia humana, 
ó el golpe salvador que en lucha insana 
asesta el montañés sobre la fiera? . . . 



152 POETAS VIVOS. 



Ese ruido mortífero y sonante 
hace temblar el alma sorprendida, 
cuando está de lo incógnito delante. 

Para arrancar ó defender la vida, 
lo producen lo mismo el caminante 
y el guarda, el asesino y el suicida. 

XVII 

EL PERRO. 

No temas, mi señor: estoy alerta 
mientras tú de la tierra te desligas 
y con el sueño tu dolor mitigas, 
dejando el alma á la esperanza abierta. 

Vendrá la aurora y te diré: «despierta: 
huyeron ya las sombras enemigas.» 
Soy compañero fiel en tus fatigas 
y celoso guardián junto á tu puerta. 

Te avisaré del rondador nocturno, 
del amigo traidor, del lobo fiero, 
que siempre anhelan encontrarte inerme; 

Y si llega con paso taciturno 
la muerte, con mi aullido lastimero 
también te avisaré. . . . ¡Descansa y duerme! 

XVIII 

LA SEMENTERA. 

Escucha el ruido místico y profundo 
con que acompaña el alma Primavera 
esta labor enorme que se opera 
en mi seno fructífero y fecundo. 



POETAS VIVOS. 153 



Oye cuál se hincha el grano rubicundo 
que el sol ardiente calentó en la era. 
Vendrá Otoño que en mieses exúbera 
y en él me mostraré gala del mundo. 

La madre tierra soy: vives conmigo, 
á tu paso doblego mis abrojos, 
te doy el alimento y el abrigo; 

Y cuando estén en mi regazo opresos 
de tu vencida carne los despojos, 
¡con cuánto amor abrigaré tus huesos! 



XIX 

¡lumen! 

Las sombras palidecen. Es la hora 
en que fresca y gentil la madrugada 
va á empaparse en el agua sonrosada 
que ya muy pronto verterá la aurora. 

El cielo débilmente se colora 
de virginal blancura inmaculada, 
y hace del firmamento su morada 
la luz, de las tinieblas vencedora. 

Sobre las niveas cumbres del oriente 
en ópalos y perlas se deslíe, 
que desbarata en su cristal la fuente. 

Del vaho matinal se extiende el velo, 
y todo juguetea y todo ríe, 
en la tierra lo mismo que en el cielo. 



154 POETAS VIVOS. 



XX 

AD os AL POETA. 

¡Santa naturaleza, madre mía! 
me has cobijado en tu regazo inmenso 
y disipaste con tu soplo intenso 
la nube del dolor que me envolvía. 

Mas ¡ay! vuelve la vida ingrata y fría; 
mi sueño celestial quedó suspenso . . . 
Ya alza la tierra su divino incienso 
y en su carro triunfal asoma el día. 

Poeta: es fuerza abandonar el monte. 
Bajemos, pues ya al ras del horizonte 
Venus agonizante parpadea; 

tú al teatro, á la clínica, al Senado, 
yo á vegetar tranquilo y olvidado 
en el rincón obscuro de mi aldea. 



Ignacio M. Luchichí. 

Nació en Tlacotálpam ( Estado de Veracruz) el 8 de Mayo 
de 1859. Atildado poeta y diputado al Congreso de la Unión. 



VERSOS. 

(F*orti xxrx alt>uni.) 

TÚ hermosa y yo bohemio, 
los dos hemos nacido 
en la región ardiente de un cielo tropical; 



POETAS VIVOS. 155 



tú eres una bella calandria de aquel nido, 
en que las ondas cantan al sauce entristecido 

y baten rudamente 

la ceiba y el manglar. 

Tú eres de la tierra 

que arde y centellea 
al beso enamorado del fecundante Abril; 
tú has visto cómo el ave la rama balancea, 
cuando la rubia espiga con ansia picotea 

y arroja en el sendero 

los granos del maíz. 

Tú has visto el Papaloápam 

brillar entre las flores, 
como una blanca cinta de raso puesta al sol; 
tú sabes cómo vuelven del mar los pescadores, 
cuando la tarde pliega sus redes de colores 

y suena en la capilla 

el toque de oración. 

Tú evocas el recuerdo 

de los serenos días 
en que voló cantando mi alegre juventud; 
tú surges en la noche de las memorias mías, 
y, como el esplendente arcángel de Tobías, 

sacudes en el viento 

la ráfaga de luz. 

¡Bien hayas tú. la virgen 

nacida en los hogares, 
adonde los naranjos semejan un dosel; 
bien haya tu corona de blancos azahares, 
bien hayan mis estrofas, si rompen en cantares, 

y dejan este libro 

para besar tus pies. 



156 POETAS VIVOS. 



Manuel Puga y Acal. 

Nació en Guadalajara (Jalisco) el 8 de Octubre de 1860. 
Periodista, crítico y poeta. Ha sobresalido en la crítica lite- 
raria en que aparece siempre intencionado, punzante, un poco 
rudo acaso; pero lógico é ilustrado siempre. 

Despierta! Ya amanece: en tintas de arrebol 
Se visten los celajes que cruzan el azul; 

Y ya el primer destello del sonriente sol 
De niebla de oro tiende su transparente tul. 

Empiezan las palomas su nido á abandonar, 

Y cual nevados copos ya van por el zafir; 
En el naranjo umbroso cargado de azahar, 
El perezoso mirlo ya se oye rebullir. 

Se fué llorando perlas sobre la fresca flor 
La noche cuando vióse la luz aparecer; 
Las últimas estrellas extinguen su fulgor, 
— ¡Pupilas que la aurora ya vino á adormecer! 

Espera la Natura al tibio mes de Abril 
Que de anunciar acaba la luz primaveral; 
Le borda verde manto el prado, y el pensil 
Le teje ya afanoso corona nupcial. 

i Qué alegre está la tierra ! ¡ Qué dulce la estación ! 
Colúmpianse las flores en plácido vaivén, 

Y como se abren ellas, el joven corazón 

De amor al dulce beso entreábrese también. 



POETAS VIVOS. 157 



Mas ¡ay! mientras el cielo la luz engalanó 

Y se envolvió el Oriente en mágico tisú, 
Un alma vela triste, sin esperanza: yo; 

Y duerme otra insensible y descuidada: tú! 



Francisco A. de Icaza. 

Nació en México el 2 de Febrero de 1863. Secretario de la 
Legación de México en Madrid. Lo mejor de sus versos son 
la corrección y la pureza. 

PAISAJE. 

Esfúmase en el pálido horizonte 
Entre la niebla gris el caserío, 

Y el torrente desbórdase bravio 
Por el declive del lejano monte. 

No hay en el soto quien la lluvia afronte, 

Y el brumoso paisaje es tan sombrío. 
Que un tronco seco que arrebata el río 
Me parece la barca de Aqueronte. 

El panorama á meditar convida; 
Tristeza en el hogar, borrasca afuera: 
¿En dónde está la calma. apetecida? 

Enfermo y solo, mi alma desespera. . . . 
¡Y á esto se llama juventud y vida! 
¡Y á esto se llama Abril y Primavera! 



158 POETAS VIVOS. 



Adalberto A. Esteva. 

Nació en Jalapa (Veracruz) el 17 de Agosto de 1863. 
Diputado al Congreso de la Unión. 

A NAPOLEÓN. 

Salve, genio inmortal ! Tu nombre solo 
es <:omo toque de clarín de guerra; 
aun suele enmudecer, de polo á polo, 
á tu recuerdo la asombrada tierra; 
aun parece escucharse con pavura 
el rumor de tus bravos escuadrones, 
y se destacan en la sombra obscura 
las mechas de tus bélicos cañones! 

No has muerto, no! Cuando la noche llega, 
ceñido de laurel, dejas la tumba; 
es tu potente voz la que congrega 
la gran legión mientras el viento zumba; 
eres tú quien les habla de victoria 
y el néctar de los héroes les escancia, 
quien á la luz del nimbo de la gloria 
el cielo muestra á la afligida Francia! 

No has muerto, no! Tu nombre es como aquellos 
nombres que á Homero, eternizar le plugo; 
con él llenó sus cánticos más bellos 
el Homero del siglo, Víctor Hugo. 

Cuando amenaza coligada Europa 
á la patria vencida, en Santa Elena 
ve tu fantasma la francesa tropa 
soñando á un tiempo en Austerlitz y en Jena! 



POETAS VIVOS. 159 



En el silencio de la noche triste 
se oye el trotar de tu corcel bravio; 
todo, un aspecto funeral reviste, 
de extraña luna al resplandor sombrío; 
y trémulo el soldado de Sadowa, 
vengador de su patria y abolengo, 
mira en sueños al héioe de Moscowa 
cruzar con los infantes de Marengo! 

Nadie tan alto como tú! Ni el mismo 
que escalara los Alpes elevados, 
para quien Cápua fué mortal abismo 
donde se hundió el valor de sus soldados; 
ni el que en el Ganges místico y distante 
hizo beber á su corcel de guerra; 
rayo del mismo Dios, genio gigante, 
á cuyo paso se extendió la tierra! 

Fué tu nombre inmortal de luz cubierto 
lo mismo en las llanuras de la Prusia 
que en la arena candente del Desierto 
y en las estepas áridas de Rusia: 
esos Alpes que á Anibal contemplaron 
avanzar precedido de la gloria; 
sintiéndote pasar, te saludaron 
como al hijo feliz de la victoria! 

Ellos te vieron descender airado 
al frente de tu tropa silenciosa, 
con el sublime rostro iluminado 
por la luz de los genios misteriosa. 
En tanto la ciudad en la llanura 
de sorpresa y terror se estremecía, 
como las hojas en la selva obscura 
al comenzar la tempestad bravia ! 



l6o POETAS VIVOS. 



Y luego las pirámides! Al grito 
que lanzaran tus labios de inspirado, 
frente á aquellas montañas de granito, 
centinelas de piedra del pasado, 
luchaba la oriental caballería 
con tu ejército firme como el roble, 
mientras enviar el cielo parecía 
todos sus rayos á tu frente noble! 

La noche de Austerlitz, imperturbables 
frieron los astros nimbo de tu frente; 
dos coronas mellaba con sus sables 
vencedores, tu ejército valiente: 
te alzaste en el bridón sobre el estribo 
por ver los muertos de contrarias filas, 
y de la luna el resplandor más vivo 
brilló con menos luz que tus pupilas! 

Oh! si vivieras tú, ¡cuan diferente 
friera el destino de tu patria amada! 
¡ Cuál se agitara con tu voz potente 
el alma del ejército inflamada! 
¡ Como las playas que el Mosela besa 
resonaran con gritos de victoria! 
¡Cuál se cerniera el águila francesa 
en el cielo brillante de la Historia! 

Alzando grave la soberbia frente 
que solo el genio con su peso inclina, 
mandaras comenzar la lid ardiente 
desde la cima azul de una colina, 
é irguiéndote otra vez, siempre radiante, 
entre el rudo fragor de la metralla, 
proyectaras tu sombra de gigante 
sobre el campo encendido de batalla ! 



POETAS VIVOS. l6l 



Pero no! Fué preciso que cayeras! 
Rasgabas ya del porvenir los velos, 
tus águilas volaban altaneras 
en todas las regiones de los cielos: 
dejando por la tienda de campaña, 
del trono de los Césares la pompa, 
gobernabas á Italia, á Suecia, á España, 
al ronco son de tu guerrera trompa ! 

Evocados los tétricos vestiglos 
que llenaron de sombras la Edad Media; 
interrumjf)ido el curso de los siglos 
por un titán que hasta el Olimpo asedia; 
trocado el Universo en incensario 
de un hombre acariciado por la suerte; 
desconocido Dios. . . . fué necesario 
restablecerlo todo con tu muerte! 

No fuiste menos grande en la caída : 
sólo Dios ó el acaso te vencieron ! 
El sublime holocausto de su vida 
los héroes de tu Guardia te ofrecieron, 
y al darte con su carga formidable 
el laurel más hermoso de tu gloria, ^ 
á pesar del destino inexorable 
fué su hecatombe tu inmortal victoria! 

Tu obscureciste el brillo de los reyes 
con el claro fulgor de tu talento: 
á todo el orbe le impusiste leyes 
haciéndole el esclavo de tu acento. 
Si no llevó hasta Roma sus legiones 
Pirro, guerrero de saber profundo, 
tú sometiste al yugo diez naciones 
en tu marcha de triunfo por el mundo! 



102 POETAS VIVOS. 



Nada opaca las grandes claridades 
que de tu genio despediste un día, 
y pasas á través de las edades 
como los astros en la noche umbría: 
si del Norte los bárbaros huíanos 
tu sepulcro de mármol derribaran, 
de entre el escombro, como siempre ufanos, 
tus fulgores purísimos brotaran ! 

Venerando tu dicha y tus dolores, 
se te admira triunfante y derrotado; 
tu nombre augusto lleno de esplendores . 
es como un estandarte mutilado; 
se miran los girones con tristeza, 
pero es honor del batallón su herida; 
y la tropa, al mirarlo á su cabeza, 
le presenta las armas conmovida! 



HOJA DE ÁLBUM. 

En torno tuyo avanzan formando alegre coro 
Los dioses que presiden la hermosa juventud: 
¿Qué mucho que te sigan, pulsando su arpa de ora^ 
Los príncipes del arte, los reyes del laúd? 

¿Qué mucho si eres pura cual nieve inmaailada. 
Qué mucho si eres bella cual pétalo de flor, 
Si hay en tus negros ojos fulgores de alborada 

Y hay en tu acento notas de dulce ruiseñor? 

Si el éxtasis sublime absorbe tu alma blanca 

Y tienes el encanto divino de la fe, 

¿ Qué mucho que del lauro que de su lira arranca 
El bardo forme un césped para posar tu pie? 



POKTAS VIVOS. 163 



Estrella que apareces surgiendo de los cielos, 
¿De qué mundos regresas y á qué universo vas? 
¿Adonde tiendes, ángel, tus apacibles vuelos? 
¿En qué vergel ¡oh rosa! tus hojas abrirás? 

Lo ignoro; pero lleva tu mano encantadora 
Un invisible lirio: tu virginal candor, 

Y dice á los poetas tu faz deslumliradora 
Que vas á las celestes regiones del amor. 

Mas hoy que no enguirnalda voluble la fortuna 
Con mirtos y heliotropos tu alabastrina sien, 

Y son tus pensamientos los rayos de la luna 

Y tu niñez tranquila el misterioso Edén; 

Mientras se anuncia el alba en su clarín de plata 

Y al cielo te remontas, alondra matinal, 
¡Que tienda el ala de oro la dulce serenata 

Y esparza sus aromas la flor del madrigal! 

Que canten los poetas tu gracia y tu inocencia 
Hoy que tus alas cruzan un cielo rosicler; 
Mañana que atravieses el mar de la existencia, 
¡Que arrullen nuestros cantos tus sueños de mujer! 



Felipe T. Contreras. 

Nació en Ixtacomitán ( Chiapas) el 8 de Enero de 1864. Abo- 
gado, Director de la Escuela Normal para profesores de Pue- 
bla y Magistrado supernumerario del Tribunal Superior del 
mismo Estado. 



104 POETAS VIVOS. 



EDAD MEDIA. 

Vuelve ya, vencido y solo. 
De regiones apartadas 
El sombrío caballero 
Luchador en Tierra Santa. 
Suena el puente levadizo 
De la feudal morada, 
Que ya vuelve el caballero 

Y el castillo está de gala. 
No ya con los labios rojos, 
Con la llorosa mirada, 

Le besa desde una torre 
La rendida castellana. 
Del vencido caballero 
Que vuelve de Tierra Santa, 
El indomable heroísmo 
Todo demuestra y proclama: 
El ceño plegado, el haz 
De rayos de su mirada, 

Y las que ostenta profundas 
Cicatrices de lanzadas. . . . 
Suena el puente levadizo 
Que lentamente se alza. . . . 
¡ Ha llegado el caballero 

De regiones apartadas! 

Sella sus labios un hondo 
Silencio que parte el alma; 
¡Cuan sombrío el caballero 
Que vino de Tierra Santa! 

Y son vanas las protestas 
De adhesión de su mesnada, 

Y son vanas las caricias 
De la hermosa castellana, 



POETAS VIVOS. 165 



Para deshacer el nudo 
Que le ahoga la palabra: 
Que al volver, vencido y solo, 
De los campos de batalla, 
De infieles dejó en poder 
La sepultura sagrada. . . . 

Desde entonces está triste 
Cual la tumba sacrosanta 
El sombrío caballero 
Que volvió de las batallas; 
Está triste desde entonces 
La señorial morada, 

Y desde entonces callaron 
Músicas y serenatas. 

Y has de callar para siempre, 
Alma mía, pobre alma, 

Sin desterrar tus recuerdos. 
Sin adormecer tus ansias, 
Sin rescatar el sepulcro 
De tus sueños y esperanzas. 



Balvino Dávalos. 

Nació en Colima el 31 de Marzo de 1866, 

LA ANTIGUA FE, 

Cruzaste al fin, amiga, los desiertos 
Umbrales misteriosos de lo arcano, 
Y puedes evocar bajo tu mano 
Las almas invisibles de los muertos. 



1 66 PORTAS VIVOS. 



La tierra y el espacio, antes desiertos 
Para tu corazón ya no cristiano, 
Pobláronse de seres, mas en vano; 
Tu pensamiento y tu alma siguen yertos. 

¿A qué buscar lo que la vida esconde 
Si lo ignorado siempre te responde 
Con ambiguas palabras de sibila? 

Sacude ya la duda que te asalta 
Y torna hacia la Cruz tu fe tranquila; 
Que si te falta Dios, todo te falta! 



Enrique Fernández Granados. 

Nació en México el 4 de Junio de 1866. Ha escrito tres to- 
mos de poesías: Mirlos y Margaritas y Antología. Una bri- 
llante adquisición para la poesía clásica mexicana. 

MADRE mía 

( Fragmentos. ) 

Venite et videte si est 
dolor stcut dolor meus. 

. Cuando dejó de quejarse 
Yo me incliné sobre el lecho, 

Y sobre su frente húmeda 

I^e di un beso. . . . 

Todos de allí se ausentaron, 
Porque el contagio temieron: 

Y al verla sola. . . . tan sola, 

Sentí miedo. . . , 



POETAS VIVOS. 167 



Y por la angustia vencido, 

Y sollozando y gimiendo, 

4 Madre! . . . grité, ¡madre mía! . 
jQué silencio! 

Abrid la caja: mirándome 
Se quedó por tanto tiempo. 
Que temo que todavía 
Tenga los ojos abiertos. . . . 

Envuelta en blanco sudario 
Parece que está durmiendo. . . . 
Encended los cuatro cirios 

Y venid todos: recemos. 

¡Oh Madre de los Dolores 
Que al ver á tu Hijo muerto, 
Exclamas entre sollozos, 
Alzando la vista al cielo : 
/ Ved si dolor como el mío 
Cabe en el humano pecho/ . . . 
i Oh Madre de los Dolores! 
Ve si hay dolor como el nuestro. 

Las florecitas de Mayo 
Que puse sobre su féretro, 
Mirad, ¿lo veis? ... ya de pena 
Se murieron. . . . 

Cuando la aurora, del monte, 
Bajó al campo sonriendo, 
Lloró al mirarme llevando 
Camino del cementerio. , , . 



l68 POETAS VIVOS. 



Al pie del sauce, cavando, 
Cantaba el sepulturero: 
Abra su seno la tierra. 
Abra sus puertas el cielo. . . 



José Peón del Valle. 

Nació en Orizaba (Estado de Veracruz) el 24 de Octubre 
de 1866. Hijo del inspirado poeta José Peón Contreras, quien 
le ha transmitido la clara inteligencia, el vigoroso numen y 
la maravillosa facilidad. El padre es un gran recuerdo y el 
hijo una gran esperanza. 

DEL LIBRO DE LOS SALMOS. 

¡Señor! ¡Señor! ¿Por qué los que me dañan 
Como el acridio en mi redor pululan, 

Y en mí tenaces sin piedad se ensañan 

Y mi espíritu débil atribulan ? 

Oye mi alma un acento que le grita: 
«Para tí todo es mal, todo es miseria. . . . 
Ni en Dios encontrarás la paz bendita 
Que Dios quiso negar á la materia!» 
— ¡Es mentira Señor! Tú eres mi amparo, 
Alivias Tú mi corazón herido, 

Y guardo mi fe en tí, como el avaro 
Guarda el oro en sus arcas escondido. 
En más de una ocasión, aislado y triste. 
Te hablé, enturbiada mi pupila en llanto 

Y amoroso, Señor, á mí veniste 
Desde la cumbre de tu Monte Santo. 

Y me dormí tranquilo y sin angustias, 



POETAS VIVOS. 169 



Y olvidé mi congoja y mis temores. 

Y al despertar hallé mis flores mustias 
Trocadas todas en fragantes flores. 
Eres Tú la salud; eres la roca 

Que se opone tenaz al mar bravio; 
{Ayúdame en la lid, y de mi boca 
Aparta el cáliz del dolor, Dios mío! 



Jesús E. Valenzuela. 

Nació el 24 de Diciembre de 1867. Sabe sentir el mundo 
objetivo y convertirlo en imágenes y rimas de incomparable 
belleza artística. 

BALADA DE US MANOS. 

( Inédita. ) 

Manos — capullos en flor — 
De niños buscando el seno 
En el piélago sereno 
De una mirada de amor. 
En inefable fulgor 
Manecitas de Jesús 
Bañadas en lecbe y luz. . . . 
Manos — capullos en flor. — 

Manos teñidas de rosa 
Por la sangre de los besos 
En los tremantes excesos 
De una vibración nerviosa. 
Manos en que no reposa 
El ave de la pasión, 
Manos sobre el corazón. 
Manos teñidas de rosa. 



170 POETAS VIVOS. 



Manos ágiles de hada 
Que pasan por el piano 
Como un ensueño lejano 
De la vida ó de la nada; 
Manos expresión alada 
De un suspiro 6 de algún grito 
Que flotaba en lo infinito. . . . 
Manos ágiles de hada. 

Manos de ebúrnea blancura 
Que en la sombra del mantón 
Iluminan la oración 
Con luz sideral y pura, 
Manos entre cuya albura 
La camándula desgrana 
Toda la desdicha humana. . . . 
Manos de ebúrnea blancura 

Manos de la Caridad 
Que á la noche del hambriento 
Llevan consuelo y sustento — 
Pan de esperanza y verdad — 
Manos de eterna bondad, 
Nobles y místicas manos — 
Ah! Todos somos hermanos. . . 
Manos de la Caridad. 

Manos pálidas, difuntas 
En el amor ó el martirio, 
Pétalos del mismo lirio, 
Manos abiertas ó juntas; 
Manos llenas de preguntas, 
De aspiraciones y anhelo. 
Manos tendidas al cielo. 
Manos pálidas, difuntas. 



POETAS VIVOS. 171 



Manos de la bendición. 
Manos del trémulo anciano 
Que emergen del Océano 
En inútil oblación ; 
Manos del Papa León 
En que la hostia divina 
Se deshace en la neblina. . . . 
Manos de la bendición. 

Manos que empuñan espada 

Y un cetro han hecho en la guerra, 

Y que llenaron la tierra 
Con la sangre derramada; 
Manos de la plebe armada 
En la riña ó el combate, 
Rojas manos de magnate, 
Manos que empuñan espada. 

Manos duras y sangrientas 
Que abren el surco en el suelo 
Árido y triste; que el vuelo 
No sienten de horas cruentas. 
Las que mueven las imprentas, 
Las que el taller estremecen, 
Las que en las minas perecen. 
Manos duras y sangrientas. 

Manos hechas al trabajo, 
Fuertes manos de hombre libre, 
Cuando en el espacio vibre. 
Lo mismo arriba que abajo. 
Moviendo al mundo de cuajo. 
De la justicia la ira. . . . 
Vosotras tendréis la lira, 
Manos hechas al trabajo! 



1 72 POETAS VIVOS. 



José Y. Novelo. 



Nació eu Valladolid (Yucatán) el año de 1867. Joven poeta 
yucateco de profundo ingenio y pulida forma. 

A UN POETA. 

A qué gemir? La nota plañidera 
del canto calle en tu dorada lira. 
Es plena primavera; 
fulgor de aurora en los espacios gira; 
un nectario pomposo es la pradera; 
el sol alegre, gigantesca pira, 
y en el vasto y risueño panorama 
todo alienta, se agita, bulle y ama. 

Era un capullo hermoso que encerraba 
la esencia virginal de los amores. ... 
Y el cielo la tronchó. . . . ¡cuando aun no daba 
la flor de su beldad miel á las flores! 

La vida! Qué es la vida? Nave rota 
que por vientos contrarios combatida 
sobre un océano sin riberas flota. . . . 
Sin tregua sacudida, * 
en miserable escarnio se convierte 
de las revueltas olas, 
y al fin zozobra en brazos de la muerte. 

Mas qué importa? Son nubes fugitivas 
los humanos dolores. 
Presto la luz en explosiones vivas 
disipará los lúgubres negrores. 
La flor lozana que rodó en el suelo 



POETAS VIVOS. 173 



marchita, su perfume 

purísimo dio al cielo. . . 

Tu faz radiosa al cielo se levante, 

y tu estrofa de mármol 

el perfume inmortal celebre y cante. 



Luis G. Urbina. 



Nació en México el 8 de Febrero de 1868. De él ha dicho 
Justo Sierra: «Tiene el don de retener las sensaciones y de es- 
coger entre ellas las mejores, y de convertirlas en imágenes 
pensadas que no ponen al lector frente afrente del objeto, sino 
que posee el verso, que es aquí el instrumento de arte, lo do- 
mina y le hace expresar lo que quiere en un lenguaje rítmico 
frecuentemente admirable. Ese instrumento es fino y delicado 
en Urbina, más propio para traducir melodías íntimas y sua- 
ves, que esas vastas y fascinadoras sonoridades de la expre- 
sión y el sentin>iento. Pero siempre está en tono, siempre aca- 
ricia al oído, es como la voz un poco femenil, pero exquisita, 
de un tenor adolescente; voz destinada á cantar 

Cual cantaban antiguos trovadores 
En dulce mandolín sus cantilenas.» 

SIEBEL. 

A Manuel Gutiérrez Nájera. 

Siebel coloca su haz de flores 
Que el aire fresco del alba agita. 
Mientras irradian los resplandores 
En los cristales de mil colores 
De la ventana de Margarita. 



174 POETAS VIVOS. 



Sobre las tapias la enredadera 
Cruje y ondula cual verde falda, 

Y asida al muro corre ligera 
Hasta que en torno de la vidriera 
Prende festones como esmeralda. 

Ya en los jardines que se embellecen 
Bajo las frondas las aves trinan, 

Y un misterioso contraste ofrecen 
Con las estrellas que palidecen 
Los horizontes que se iluminan. 

Cae el rocío sobre la grama, 
Sobre los pájaros que aletean, 
Sobre las hojas de la retama, 

Y va cayendo, de rama en rama. 
Entre los pinos que cabecean. 

Y mientras Fausto, con sus dolores. 
Vela, suspira, llora y medita. 
Se inunda el cielo de resplandores, 

Y Siebel deja su haz de flores 
En la ventana de Margarita! 



Manuel Larrañaga Portugal. 

Nació en Guanajuato el 15 de Agosto de 1868. Cultiva con 
amoroso empeño el género descriptivo. 

ACERO. 

Atardece; de un cielo nebuloso 
Cae impalpable la llovizna lenta, 
Y el horizonte por doquier presenta 
Su ropaje monótono y tedioso. 



POETAS VIVOS. 175 



El sendero cubrió barro viscoso; 
En turbias aguas el canal revienta, 
Y el ánade salvaje el vuelo intenta 
Moviéndose tardío y perezoso. 

El arado en el surco detenido, 
No en los barbechos húmedos camina; 
El mazo junto al yunque no hace ruido, 

Y sólo en el sopor de la neblina, 
Charla, asomada desde el alto nido 
Pegado en el pretil, la golondrina. 



Amado Ñervo. 

Nació el 27 de Agosto de 1870 en Tepic, en época en que 
esta porción de la República era el 7? cantón de Jalisco. Ha 
publicado dos novelas: El bachiller y El domador de almas; 
un poema: El prisma roto y dos tomos de versos: Místicas y 
Perlas negras. Boeta de inspiración exuberante y una de las 
más insignes figuras de la joven escuela decadente. Ñervo 
es, además, un prosista de buen gusto, de arte, de inteligen- 
cia, de tonos y colores. 

U FLAUTA DE PAN. 

(Del Libró "Lápidas.") 

En las dóricas noches diamantinas 
Cuando boga Selene por el cielo 
Como un sol moribundo y en el suelo 
Duerme todo: memorias y ruinas, 
Puebla sotos, oteros y colinas 
Un rumor de infinito desconsuelo, 



176 POETAS VIVOS. 



Una música lánguida, en que el duelo 
Treme y llora con gamas cristalinas. 
Es la flauta de Pan, hecha de caña 
Inmortal, porque al Dios le plugo en ella 
Convertir á Siringa en la campaña; 
Y parece decir su arrullo triste: 
«Viandante, une tu voz á mi querella. . . . 
Si buscas la Beldad, Helos no existe!» 



José Juan Tablada. 

Nació en México el 3 de Abril de 187 1. Sus versos son pe- 
queños cuadros brillantes de ligereza, de gracia, de primor, de 
elegancia, que producen singular y extraño encanto. 

ODAS NOCTURNAS. 

Fuegos artificiales. 
(A José F»eón del Valle.) 

Poetas y rimadores! 
Vuestro arte la turba iguala 
A la explosión de colores, 
A los súbitos fulgores 
De las luces de Bengala. 

Ved: el castillo se inflama, 
Arde la pólvora y luego 
Mágica borda y derrama, 
Con arabescos de llama, 
Eflorescencias de fuego 



POETAS VIVOS. 177 



Forman sus varios fulgores 
En guirnaldas oscilantes 
Búcaros de ardientes flores 
Con pétalos de colores 

Y cálices llameantes. 

Después, en la noche obscura, 
En diamantes transformada, 
Tal parece que figura 
La oriental arquitectura 
De la Alhambra de Granada 

En estruendo fragoroso 
Rompe de pronto y estalla 

Y un espejismo radioso 
Ilumina el cielo, umbroso, 
Cuando el ruido se calla. 

Y se hunden los palacios 
De calados minaretes. 

De amatistas y topacios 
Cuando surcan los espacios 
Estallando los cohetes. 

Y al mirarlos se diría 
En prodigioso derroche. 
Ver caer la pedrería 
De una sultana judía 
Sobre el manto de la Noche. 

Las chispas cruzan los velos 
De la tiniebla, y cuan bellas 
Descienden en dulces vuelos, 
Como pálidas estrellas 
Desprendidas de los cielos. 



1 78 POETAS VIVOS. 

¡ Breve fantasmagoría ! 
¡Mágico y fugaz derroche! 
Tu esplendor murió en la umbría, 
En la pavorosa y fría 
Inmensidad de la noche. 

Con resplandores iguales 
Surgen, y con vida igual 
Esparcen breves raudales 
Los fuegos artificiales 
Del fósforo cerebral. 

¡Poetas y rimadores! 
Sin ver el fuego extinguido, 
Arrojad puños de flores, 
Rimas de luz y colores 
En la Noche del Olvido! 



Rubén M. Campos. 

Nació en Guanajuato en el mes de Abril de 1872. Forma 
con Valenzuela. DávaloS, Ñervo. Tablada y Olaguíbel (Fran- 
cisco), el brillante escuadrón que sostiene en el estadio de la 
prensa de México la causa de la poesía decadente. 

NOCTURNOS TROPICALES. 

iDlBSIR^l 

Vago rumor desciende de la sierra 
Al valle solitario, 

Y una nube gigante crece, crece 

Y cubre todo el sur con vuelo raudo. 



POETAS VIVOS. 179 



Un relámpago lívido serpea 

Y azota el negro espacio, 

Y en trueno inmenso su fragor difunde 
Por las cavernas de rugientes antros. 

De jaguares hambrientos la jauría 

Lanza aullido lejano: 
Por la terrible noche protegida, 
Baja cobarde al indefenso campo. 

En el aduar la escucha la vacada, 

Y mugiendo de espanto 
Sacude la cabeza formidable 
Irguiéndose y un círculo estrechando. 

Anchas gotas de lluvia se desprenden 
De los cúmulos bajos, 

Y despedazan su cristal vibrante 
Al chocar en los áridos peñascos 

Pronto desencadena todo el cielo 

Sus aguas, que silbando 
Barridas por los vientos, culebrean 

Y su oleaje aéreo causa espanto. 

Vuelan gemidos hondos, penetrantes, 

De clamor funerario: 
¡Es la danza macabra de las brujas! 
¡Es el coyotl que se lamenta aullando! 

Y en medio á la terrible sinfonía 

Se oye el lúgubre canto, 
En la barranca estrella y tenebrosa. 
Del órgano salvaje de los cactus. 



1 8o POETAS VIVOS. 



Francisco M. de Olaguíbel. 

Nació en México el 6 de Noviembre de 1874. De sorpren- 
dentes cualidades pictóricas. 

PROVENZAL. 

(A Carlos Díaz Dufoo.) 

El viento de la tarde trémulo agita 
del plateado olivo la fronda cana, 
y del mar rumoroso la voz lejana 
bajo el cielo de estío canta y palpita. 

Sólo turba el silencio de la infinita 
soledad de esa hora, la soberana 
canción que entre los tallos de mejorana, 
con escalas salvajes, el viento grita. 

Los himnos estridentes de las cigarras 
surgen entre las anchas y verdes parras, 
se oye el sordo murmullo que en los cantiles 
alza, cuando se estrella, la ruda ola 
y, guiada por pitos y tamboriles, 
pasa, rápida y leve, la farandola. 



INDICK 



POBTAS ]VlUBRTOS. 

Págs. 

Francisco de Terrazas i 

Sor Juana Inés de la Cruz 2 

Fray Manuel Navarrete 3 

José Joaquín Fernández de lyizardi 8 

Manuel Carpió 14 

José Joaquín Pesado . 20 

Wenceslao Alpuche 22 

Fernando Calderón , ^ 24 

Ignacio Rodríguez Galván 26 

Miguel Gerónimo Martínez . ^ 37 

José Sebastián Segura . » 38 

Guillermo Prieto 39 

Ignacio Ramírez 42 

Casimiro del Collado 44 

Alejandro Arango y Escandón 49 

Manuel Díaz Mirón * 50 

General Vicente Riva Palacio 54 

Isabel Prieto de I/andázuri. 55 



índice. 



Págs. 

Ignacio M. Altamirano 56 

LuisG Ortíz 59 

Juan Díaz Covarrubias 59 

Juan Valle 62 

ylo&é Rosas Moreno 65 



y; 



r Manuel Flores 70 

^Manuel Acuña . 78 

Santiago Sierra 83 

/Agustín F. Cuenca 85 

Manuel Gutiérrez Nájera 86 

José M. Bustillos 89 



POKTAS VIVOS. 

José María Esteva 91 

José María Roa Barcena 92 

Ignacio Mariscal 93 

Joaquín Blengio 94 

Joaquín Arcadio Pagaza 95 

Manuel E- Rincón 97 

Alfredo Chavero 98 

Ovidio Zorrilla 103 

José Peón Contreras 103 

Justo Sierra 107 

Francisco Sosa 112 

Rafael de Zayas Enríquez 113 

Néstor Rubio Alpuche 114 

Francisco G. Cosmes . , 115 



índice. 



Págs. 

Juan de Dios Peza .... 119 ^ 

Laura Méndez de Cuenca 128 

Rafael Delgado 130 1^ 

Salvador Díaz Mirón 131 "^ 

Javier Santa María . . 137 

Porfirio Parra 138 

Antonio Zaragoza 139 ^ 

Manuel José Othón . . 142 V^ 

Ignacio M. lyuchichí 154 

Manuel Puga y Acal 156 ^ 

Francisco A. de Icaza 157 

Adalberto A. Esteva 158 

Felipe T. Contreras 163 

Balvino Dávalos 165 

Enrique Fernández Granados 166 

José Peón del Valle 168 ^— 

Jesús E- Valenzuela 169 

José Y. Novelo 172 ^ 

Luis G. Urbina 173 t- — 

Manuel Larrañaga Portugal . 174 

Amado Ñervo 175 

José Juan Tablada 176 

Rubén M. Campos . 178 

Francisco M. de Olaguíbel 180 



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FE DE ERRATAS. 



Dice: Dbbb dbcir: 

Pág. 55, línea 12 . . . advirtió . . . advierte. 
,, 107, „ 27 . . . produjo . . . iniciaron. 



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